Arturo del Villar*. LQSomos. Enero 2017

Los sistemas totalitarios pervierten el uso del lenguaje. Así, los militares monárquicos que se rebelaron en 1936 contra el régimen constitucional español, fusilaban a los que se mantuvieron fieles a la República acusándolos cínicamente de “auxilio a la rebelión”, por no haberse rebelado como ellos. Del mismo modo, la monarquía del 18 de julio instaurada por el más traidor de esos militares, mediante su Ley 62/1969, de 22 de julio, por la que se provee lo concerniente a la sucesión en la Jefatura del Estado, en la persona de Juan Carlos de Borbón, asegura con igual desvergüenza que no tiene presos políticos.

¿Por qué delito están penando en sus mazmorras personas que no han matado ni robado ni puesto bombas, y ni siquiera han criticado o se han burlado de la familia irreal, que últimamente es el presunto delito preferido por los jueces para condenar a penas de multas y cárcel? Por el hecho de intentar ejercer la política de manera democrática en un régimen autoritario.

El Diccionario de la lengua española editado por la Real Academia Española define el delito político de esta manera: “Delito que establecen los regímenes autoritarios en defensa de su propio régimen.” No existe régimen más autoritario que una monarquía, en el que una sola persona rige a toda una nación sin haber sido elegida democráticamente para poder hacerlo. En el caso de la monarquía del 18 de julio reinante en España, hubo elección del rey, pero la hizo el ex general rebelde convertido en el mayor criminal de la historia de España, que logró ganar la guerra mediante la co-laboración de los genocidas Hitler y Mussolini, derrotados en una guerra mundial, pero los vencedores olvidaron a su compinche español.

Unos derechos teóricos

Esta monarquía se rige por una Constitución elaborada a su medida, que en el primer punto del artículo 20 declara reconocer y proteger los derechos “A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”, pero el punto 4 los limita al explicar que “Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”, límites que solamente pueden establecer los jueces, por lo cual nuestras libertades de opinión dependen de la opinión de un juez monárquico.

Es semejante a lo que declaraba el artículo 12 del Fuero de los Españoles proclamado por la dictadura fascista: “Todo español podrá expresar libremente sus ideas mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado”, y era un juez fascista el único autorizado a interpretarlo. La monarquía instaurada por la dictadura sigue el modelo fielmente.

El Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales, aprobado por el Consejo de Europa el 4 de noviembre de 1950, suscrito por la monarquía fascista de España el 24 de noviembre de 1977, declara en el primer punto del artículo 10: “Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o de comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber injerencia de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.”

Pese a haberlo suscrito, la monarquía del 18 de julio instaurada por el dictadorísimo incumple esa disposición, y encierra en sus mazmorras a los políticos que intentan ex-presar libremente sus ideas. Hay varias sentencias del Tribunal Internacional de Dere-chos Humanos contra el reino de España por no respetarlos en su territorio. El sistema autoritario español, que establece los delitos en defensa de su propio régimen, debiera ser expulsado de los organismos internacionales, hasta que se celebre un referéndum que nos permita a los españoles elegir la forma de Estado preferida, y no debamos someternos a la instaurada por el dictadorísimo para perpetuar su régimen genocida.

Ahora mismo en las mazmorras borbónicas hay presos acusados de ser comunistas, o de injuriar a la Corona, o de reclamar el derecho de elegir la forma de Estado de su país, o de promover elecciones democráticas en su país para que el pueblo soberano (es un decir) decida la forma de Estado preferida. A los presos políticos se los encierra lejos de su lugar de origen, para mantenerlos aislados de sus familiares y amigos.

Un preso permmnentemente preventivo

El pasado 10 de enero de 2018, el vicepresidente legítimo de la Generalitat de Catalunya, Oriol Junqueras, ha pedido al Tribunal Supremo del sistema autoritario español, que le traslade a una prisión catalana, con objeto de poder asistir a las reuniones del Parlament, del que fue nuevamente elegido diputado en los comicios convocados ilegalmente por el Gobierno de Madrid el pasado 21 de diciembre. No ha matado ni robado ni puesto bombas, y ni siquiera ha criticado a la familia irreal, que tantos motivos nos proporciona para que la critiquemos, pero está preso preventivamente desde el 2 de noviembre del año pasado, por desear que su país se independice del sistema autoritario español.

Y tiene suerte de que ahora no esté bien considerado por las naciones democráticas que en las autoritarias se fusile a quienes expresan públicamente, de palabra y por es-crito, su deseo de liberar a su patria del colonialismo. La desvergüenza de las autoridades españolas ha levantado un grandioso monumento en Madrid a José Rizal, fusilado por el ejército colonial español a las 7 de la mañana del 30 de diciembre de 1896, acusado del delito de sedición por defender la independencia de su patria, Filipinas, así llamada en homenaje a un siniestro rey Felipe de España. Han tenido la desfachatez de grabar allí el poema que escribió aquella noche mientras esperaba la hora del suplicio, “Mi último adiós”, en el que decía:

Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores,
Querida Filipinas, oye el postrer adiós.
Ahí te dejo todo, mis padres, mis amores.
Voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores,
donde la Fe no mata, donde el que reina es Dios.

Lo malo es que en los sistemas autoritarios de la Tierra reinan los reyes, que se creen dueños de las vidas y haciendas de sus vasallos, y por eso los multan, los encarcelan o los fusilan. Qué suerte tiene Oriol Junqueras de vivir en el año 2018, porque en otro momento ya estaría fusilado. Y el que le alzasen un grandioso monumento póstumo no le compensaría, como no le compensa a Rizal. Nunca aprende España la lección de la historia. Ha asesinado a muchos patriotas en Europa, América, África y Asia, en todos lo lugares en los que tuvo colonias. Como escribió Bernardo López García, aunque con otra intención, “¡no hay un puñado de tierra / sin una tumba española!…”, cavada por la intransigencia y la sinrazón de los reyes. Y todo inútilmente. Podrán aplastar 155 veces a un pueblo, pero otras 155 se levantará reclamando su libertad. Y al final la conseguirá.
Honor a Rizal, mártir de la independencia filipina. Honor a Junqueras, preso por la independencia de Catalunya.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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