Lilith Rojo*. LQS. Diciembre 2018

Estoy abochornada y asqueada de vivir en este reino de miseria política que es España. En menos de un año se ha pasado de Guatemala a guatepeor, si es que era posible, del fundido a negro al abismo del fascismo consentido. Como batracio en cocción lenta hemos llegado hasta aquí pensando que estábamos disfrutando en un jacuzzi y no hirviéndonos en la olla franquista en una ebullición sin retorno. No salgo de mi asombro contemplando como el barco del mercado político se escora sin vergüenza ninguna hacia la extrema derecha porque nadie quiere ser lo suficientemente valiente para salir a explicar a los votantes que con la unidad de la patria, como tanque arrollador de los derechos de los pueblos, los colectivos y las personas, no es que no se coma, es que es pan para la representación teatral de hoy y mucha hambre para la dictadura del mañana. Follow the Vox.

Ya hace un tiempo apagué la televisión, pero no puedo vivir en una burbuja y cuando contra mi voluntad los medios de desinformación de masas invaden mi espacio vital e intelectual, literalmente me pongo enferma. Esa corte de híbridos fascistas neoliberales o de progres de medio pelo con tertulianos, que lo mismo te opinan de Mali que de nouvelle cuisine o de Catalunya, como profetas de saldo con su autoadjudicada autoridad moral para juzgar y sentenciar, sin tener la mitad de las veces ni puta idea de lo que están hablando. Creo que todos respiraríamos mejor sin el formato tertulia hablodetodonosédenada mientras se crea opinión interesada a la sombra de los dictámenes empresariales compartidos o acatados, soldados o mercenarios informativos. Es vomitivo como contaminan la opinión pública, que como buena discípula de esos sacerdotes supremos creen estar en posesión de la verdad divina por tragarse todo lo que le echen, cultivándose un fanatismo de baja o alta intensidad, que es una bomba de relojería, que puede estallar en cualquier momento con consecuencias devastadoras. Vox es bueno y PP y Ciudadanos mejor.

Me da risa cuando desde los medios de esa España que no me interesa para nada, la del machismo nacionalcatólico a la del feminismo de salón pero machista en su casa y el trabajo. La de los que odian la diferencia a los que defienden la igualdad mientras se ríen de los mismos chistes que los que la odian. La de fachas orgullosos a la de los que se creen de izquierdas pero juegan al mismo juego que los que levantan el brazo mientras entonan el novio de la muerte. La de los que criminalizan la disidencia del discurso único a los que permiten la criminalización revistiéndola de única salida como garantía de la convivencia. Y la lista sigue. La de los que se cagan en nuestros muertos ridiculizando a quienes reivindican sus derechos y la de quienes dicen reivindicarlos pero sin que se molesten los que los tiraron a las cunetas. Esos medios al servicio del capital y del circo del enemigo útil como distracción de la podredumbre que nos asola, porque ¿qué hay más atractivo para la audiencia que un villano que quiere romper lo establecido?. Qué más da que lo que se ha puesto de moda venerar fuera impuesto por Franco o la sangrienta transición que bendijo reyes, príncipes y cardenales. No importa que los que pusieron los cimientos de este edificio decrépito y rojigualda en el que vivimos hoy, pagando una hipoteca a un interés que nos somete a la esclavitud, se esté cayendo a trozos. Siguen medrando los mismos mientras desmontan las pensiones, la sanidad y la educación pública, con hoy un discurso y mañana otro según se cotice el voto en los mentideros del reino. Al menos los fascistas escupen su odio sin esconderse y siempre en la misma dirección: contra las libertades, y no como otros según sople el viento. Esos medios de una España reaccionaria, de patria de pandereta, de corrupción y folklore casposo, de miedo inducido envuelto cínicamente en supuestos valores democráticos. Medios, poder tras los escaños, de los convencidos del mensaje bombardeado hasta la saciedad del enemigo violento a los hipócritas que lo bendicen a sabiendas de que en Dinamarca huele a flores comparado con el hedor que desprende el estado español. Medios, de los ultras a los tibios, escaparate de los políticos que no quieren ser expulsados de la liga de los necios destructivos, todos ellos caminando hacia el orden represivo y la coacción de palabra y obra para someter a los perplejos demócratas en extinción. Me atraganto con las lágrimas de la hilaridad cuando veo que ese enemigo a las puertas de la una, grande y libre es Catalunya, su Govern y su permisividad con la nueva kaleborroka, los violentos CDR, que están acabando ellos solitos con la convivencia y el estado de derecho por levantar unas barreras de la autopista, mientras los chalecos amarillos franceses han hecho recular a Macron por el uso de la fuerza sin que nadie se rasgue las vestiduras. Tendencia Vox.

Todo el mundo habla de los radicales independentistas y yo me pregunto dónde están, porque si son esos que en vez de movilizar a la gente para liberar a los presos la desmovilizan con acciones tan sangrientas como ayunos simbólicos me quedo perpleja. Ahora Torra es un genocida que invoca la guerra por decir que la vía a la independencia es la eslovena cuando no fue Eslovenia la que provocó los muertos. Sigamos victimizando a las víctimas porque llevaban sus pretensiones al aire provocando ira y represión. Quizá los peligrosos deben ser los de Esquerra que piden perdón hasta por respirar, que se ofenden pero siguen fieles el dictado de la vieja España. O puede que sea un frente independentista que perdido entre lo que quieren y lo que temen no se atreven más que a crear ruido mediático de confusión, no sé a estas alturas si fruto del vasallaje, de salvar sus posesiones y posiciones, o de la ineptitud más imperdonable. O de un Govern que permite que los mossos apaleen a diestro y siniestro a los antifascistas mientras protege a esa extrema derecha que quisiera barrernos a todos los rojos de la faz de la tierra, los mossos que un día son malhechores traidores y otros sufridos héroes que hay que salvar de la Catalunya perniciosa. Y todo eso pasa mientras los grandes titulares visualizan un enemigo indepe catalán enloquecido culpable de revelarse contra el amigo fascista mientras ni en letra pequeña se puede leer nada de las cientos de agresiones registradas en Catalunya por parte del fascismo español. Silencio cómplice y desgarrador, porque hoy el dedo acusador señala a unos, pero mañana puede ser otro el acusado de odiar, incendiar y golpear la democracia, como ya ha pasado muchas veces cuando mirábamos para otro lado porque aquello no iba con nosotros. Vox acusa.

El pecado original no lo busquéis en Catalunya, la manzana fue mordida porque se le prometió el paraíso para luego ser expulsada a la vil realidad, la de la España de la Reconquista y la Conquista. La serpiente resultó ser un estado bipartidista que puso el franquismo bajo la alfombra constitucional para no tener que sacudírselo para siempre, pues no podían tirar piedras contra su propio tejado. Con el multipartidismo increíblemente llegó lo peor, pues del bipartidismo pútrido del que venían a salvarnos estamos llegando al discurso actual que a veces es tan transversal como aterrador, y de la criminalización de la protesta al partido único hay un paso y no habrá más culpable que un arco parlamentario sumiso. Cuando se instala el miedo, las libertades pasan a ser historia, esa que se repite porque se sigue sin querer aprender de ella, ya sea por estupidez, por pasotismo o porque simplemente siguen siendo los mismos los que la escriben y también quienes la leen como un Best Seller. Vox si tiene quien le escriba.

Y a este paso nos tendremos que ver como aquel maestro de las lenguas de las mariposas, apedreado por ese terror ciego, incluso por aquellos con los que compartimos algún día luchas, mientras los verdugos de siempre se reirán satisfechos. Vox pide taxis y PP y Ciudadanos … hasta el PSOE no va en transporte público.

21-D: celebrar un consejo de ministros protegido por mil policías pagados por todos nosotros para demostrar que Catalunya es España, aunque haya varios millones de catalanas y catalanes que nunca más volverán a ser españoles a pesar de lo que ponga en su DNI. Desde lo de Andalucía Vox es tendencia, varones pidiendo ilegalizaciones para no perder sus sillones.

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