Espionaje y valientes antiespías

Espionaje y valientes antiespías
Quiero hacerle una pregunta al misterio, porque de la respuesta depende que haya algún residuo de salud mental en este planeta dirigido por elementos enloquecidos, cuando no directamente criminales. En estos tiempos tan pragmáticos y cobardes,lo uno suele ser auxiliar de lo otro, ¿Qué es lo que lleva a una persona a dejar a un lado su seguridad personal y publicar en la Prensa las más graves indecencias del sistema? Saben que nadie les va a colgar una medalla por los servicios prestados; no ignoran que su vida corre peligro y que su futuro será cualquier cosa menos apacible. Están expuestos ante el furor homicida de cualquier “incontrolado”…En cualquier caso, su vida da un cambio hacia el vértigo. ¿Será posible que todavía hoy, en el siglo XXI del Apocalipsis bancario, haya gente que no está en venta? Lo que se dirá a continuación son heroicidades sin cuento.

El sobresalto fue mayúsculo días atrás. Por mucho que una calamidad se vislumbre, se suponga o se imagine, no es lo mismo que cuando se ve a la luz cruda de los hechos. Nos espían. Los amos del mundo y los gobiernos y agencias a su servicio quieren saberlo todo sobre nosotros, inclusive la vida privada. Para conseguir que la población sea dócil y votante, para así legitimar un sistema corrompido por la usura y el fraude generalizados, se apropian de cualquier información. La información es dinero y es poder. Los dividendos son lo único que importa. Por ello las élites acuden a los paraísos fiscales , para defraudara a la hacienda pública de sus países de origen. Las invitaciones al blanqueo legal de los capitales “extraviados” , realizadas con insistencia por los ministros de Hacienda, como ha hecho patéticamente el español Montoro, no les conmueven lo más mínimo y más bien les producen jocosidad.

Sin embargo, a veces, como en esta ocasión, hay gente que todavía cree en ciertos valores de decencia humana y se rebelan contra las situaciones de injusticia manifiesta. Su sentido de la rectitud les impele a poner a la opinión pública en antecedentes sobre abusos de poder concretos y peligrosos para cualquier democracia que pretenda serlo de verdad, y no solamente un trozo de papel mojado al que llaman pomposamente Constitución.

Hay tres nombres que están estos días señalados por el vértigo y la venganza de la autoridad. Fueron tres personas que dijeron ¡basta! Y cruzaron esa delicada línea que separa la seguridad de una notoriedad azarosa y quizá fatal. En esos casos no hay vuelta atrás posible. Los tres son considerados traidores por el sistema al que servían. Un sistema que se basa en el férreo control de los ciudadanos. Y para ello le resulta indispensable copar información y almacenarla en sus macrobases de datos.

Hay que valorar y apoyar la proeza de los que, como en ese caso, deciden dar un paso adelante en beneficio de la sociedad de las libertades y en perjuicio de sus enemigos, los de la tesis oficial indiscutible. Olvidarse de uno mismo y del propio estatus social no es empeño fácil en un mundo donde prima por encima de todo el egoísmo. Arriesgar la integridad física y ser el polo de atracción de la ira del poderoso sistema que rige el mundo es el más difícil todavía.

El primero es soldado de los EEUU y está siendo juzgado sumariamente en estos días. Todo hace suponer que será un chivo expiatorio de la Administración Obama. Bradley Manning ha sido tildado de traidor, después de haber suministrado información secreta a Wikileaks acerca de las mentiras urdidas por el presidente George Bush y su gobierno para justificar el ataque y la invasión de Iraq. Todo hace pensar que se le convertirá en chivo expiatorio, para escarmiento de futuras malas tentaciones. Manning ha pasado por los rigores de la cárcel de máxima seguridad y las correspondientes torturas psicológicas.

Edward Snowden, 29 años, un insignificante operador de una empresa que trabajaba para la todopoderosa National Security Agency (NSA) destapó que el gobierno de los EEUU ha estado espiando a sus ciudadanos desde hace años. Lo puso en conocimiento del diario The Washington Post y el británico The Guardian. Sus datos producen escalofríos. El fantasma del Gran Hermano se ha hecho real en la “democracia” norteamericana. La cobertura paranoica que anula las libertades de todos y justifica oficialmente la labor de las cloacas es el denominado combate al terrorismo.

En estos casos, los mecanismo de defensa oficial saltan y se disponen a neutralizar la importancia del golpe a la información reservada, haciendo picadillo al denunciante. Inmediatamente aparecen las encuestas ad hoc: Muchos ciudadanos de orden están dispuestos a perder parte de sus libertades a cambio de seguridad. Obama recibe así un balón de oxigeno. Y sale a la palestra para decir que, efectivamente, gracias al espionaje de la ciudadanía “se han evitado numerosos atentados”. Otro asalto ganado por el Gran Hermano y un retroceso de la salud democrática.

Edward Snowden les ha levantado ampollas a Obama y la todopoderosa agencia NSA, para la que trabajó en calidad de contratado durante un tiempo, al desvelar cómo se ha espiado, durante años, la intimidad de los ciudadanos a través de las redes sociales. Se hizo mediante un programa llamado PRISM. Facebook, Google, Skype, Microsoft, etc han sido los instrumentos del Gran Hermano para vulnerarla intimidad de los ciudadanos. Snowden anda camuflándose y buscando refugio seguro en algún país que respete la libertad de información y los derechos humanos.

El objetivo supremo de los “espías” de la intimidad ciudadana es lograr una sociedad de “transparencia radical”, el pleno dominio del mercado, donde la publicidad diseñada por los algoritmos que los propios cibernautas les suministramos, al navegar por nuestras preferencias. Y ello dé como resultado un nuevo tipo de mercado más perfecto: el que se ajusta como guante a los gustos personalizados e inducidos. A este concepto lo llaman “el comercio relacional”.

En cuanto a Hervé Falciari, experto informático, después de haber trabajado para la banca luxemburguesa HSLB, un paraíso fiscal, ha denunciado el fraude generalizado de las finanzas internacionales, desvelando la denominada “Lista Falciari”. Es decir, la larga lista de ricos de la globalización que evaden impuestos en sus países respectivos, por los vericuetos y triquiñuelas del secreto bancario. Falciari opina que este juego criminal se puede combatir, pero encuentra que “no hay voluntad para ello en los gobiernos”. Lo que deja claro y meridiano, una vez más, al servicio de quienes están estos gobiernos y sus secuaces.

En los videoclubs existe desde hace años una película norteamericana titulada “El enemigo público”. Su protagonista de fondo es, precisamente, la NSA. El indeseable "Big Brother" que todo lo ve, anticipado por el talento visionario del escritor George Orwell. Este centró esa tiranía suprema del control en el período estalinista, pero el capitalismo sigue el mismo camino. Guantánamo no tiene nada que envidiar a los gulags soviéticos.

El argumento de “El Enemigo Público” no puede ser más realista. Un corrupto y ambicioso jefe de la NSA (Jon Voig) asesina al presidente de los EEUU para propiciar un golpe de timón a la política democrática, con compra de sofisticado material a un lobby armamentístico. Se lo carga en un parque, pero el asunto es filmado por una cámara fija oculta para estudiar a los animales. Ese video es la base del frenesí asesino del poder. Por fin llega a las manos de un abogado de éxito de raza negra o afroamericana (Will Smith). Sin saber ni cómo ni cómo no, lo despiden del bufete, lo enemistan con su mujer, le hacen la vida imposible….Y entonces busca protección en un desencantado veterano de la NSA (Gene Hackman), un individuo cascarrabias que sólo aspira al retiro tranquilo en una playa mexicana. Este hace un despliegue de trucos de bricolaje antisatelites con papel albal y cinta americana para neutralizar los múltiples sensores GPS vía satélite colocados en en entorno habitual del ingenuo abogado que creía en el sistema.

Y ello nos lleva al ensueño de los famosos versos del poeta Martin Niemöller (atribuido erróneamente a Bertold Brech):

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".

A este respecto, existe un libro que es ilustrativo y buena brújula para saber por donde nos hacen navegar en estos tiempos. Está elaborado por hackers y activistas del Colectivo de investigación Ippolita italiano. En el libro (“En el acuario de Facebook” editorial Enclave) ya se habla de lo que ha denunciado Snowden como una con secuencia la de la era digital. Facebook, Twitter, Google, Apple, Amazon, Ebay… Es el irresistible ascenso del anarco-capitalismo de los “right libertarians” californianos. Afirman estos hackers que “los algoritmos empleados por los gigantes del mercado “on line” son los mismos que utilizan los gobiernos despóticos para la represión personalizada”. Es decir, la conjunción entre el Big Brother y “El mundo feliz”.

Hablan de la ingenuidad de los usuarios y su vulnerabilidad. Hablan de generar redes de defensa y de encriptar los mensajes en busca de seguridad frente a la avidez del Mercado y la desfachatez de los Gobiernos. Porque, ciertamente, el avance tecnológico no se puede parar. La tecnología depende de quién la use y para qué. El caso es no dejársela en exclusiva al poder y disponerse a hacer frente a su perversiones, como el espionaje de nuestras vidas privadas. Una contracultura digital es posible, señalan los activistas de la resistencia al totalitarismo. Pero para ello hay que utilizar los conocimientos necesarios. Nos estamos jugando mucho.

 
 


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