Europa: ¿Por quién doblan las campanas?

Por Guadi Calvo*. LQSomos.

Más allá de la bruma informativa que han producido la catarata de desinformación que han vertido sobre el conflicto los medios atlantistas, se sabe con certeza que Rusia está terminando las operaciones de limpieza de los grupúsculos nazis y mercenarios procedentes de más de 60 países que han utilizado de escudo humano a la población de la ciudad de Mariúpol

Los expertos creen que el 9 de mayo, en conmemoración de aquel día de 1945, para los rusos el Den’ Pobédy (Día de la Victoria), en el que se concretó la gran victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi marcando el fin de la Segunda Guerra Mundial para Rusia, y con toda razón ya que 27 millones de muertos lo justifican, la Gran Guerra Patria, sería una fecha por demás simbólica para poner el fin a la contraofensiva rusa contra la OTAN en Ucrania.

Obvio que hasta entonces el ejército ruso en operaciones tendrá que concretar una cantidad de objetivos a pesar de que nunca fueron claramente anunciados por el Kremlin más allá de los puntos básicos: el no ingreso de Ucrania a la OTAN, la sobrevivencia de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, la desmilitarización y la desnazificación del país. No está claro si Moscú pretende la creación de un nuevo país al este del río Dniéper -que parte en dos a Ucrania de norte a sur- o retirarse recién cuando el presidente norteamericano Joe Biden suelte la mano de Volodímir Zelenski y su aliados y carne de cañón la extrema derecha y deje de enviar de manera constante miles de toneladas de armamento a Kiev, como hace meticulosamente desde el golpe de Estado de 2014, para que los fascistas ucranianos utilicen en el Donbáss. En este caso el envío de armas solo intenta prolongar la resistencia ucraniana, como ya es claro, con el único fin no de vencer a Rusia, sino de provocar desgaste político al presidente Putin quien podría, sin más asistencia militar a Ucrania, declarar el fin de las operaciones y la instalación de un gobierno amigable que no se deje utilizar como espolón por la OTAN en sus operaciones contra Rusia.

Hasta ahora, más allá de la bruma informativa que han producido la catarata de desinformación que han vertido sobre el conflicto los medios atlantistas, se sabe con certeza que Rusia está terminando las operaciones de limpieza de los grupúsculos nazis y mercenarios procedentes de más de 60 países que han utilizado de escudo humano a la población de la ciudad de Mariúpol desde el inicio de la contraofensiva y hoy sus vestigios están siendo exterminados en los terrenos de la acería Azovstal, donde seguros de su final -la muerte en combate o quizás, con suerte, pasar los próximos 30 años en algún penal siberiano- por lo que no les ha quedado más que refugiarse en los sótanos de la acería en un acto desesperado de resistencia suicida, por lo que el mando ruso ofreció a los militares ucranianos que se rindan antes de lanzar la operación de aniquilación.

Tras dicho ofrecimiento se conoció la orden del batallón Azov, el grupo nazi cuyos líderes han copado las cúpulas del ejército ucraniano tras la llegada de Zelenski al poder, de asesinar a cualquier soldado ucraniano o mercenario que aceptara la rendición.

Según informó el Ministerio de Defensa ruso, se detectó la llegada a Ucrania de 6.824 mercenarios bajo el nombre de fantasía de Legión Internacional de Defensa de Ucrania que han llegado de 63 países, principalmente de los Estados Unidos, Canadá, Rumanía, Reino Unido, Georgia y Siria, aunque fue Polonia quien más aportó con 1.717. Del total de mercenarios 1.035 ya han sido ejecutados, mientras que 912 han huido fuera del país, por lo que la cifra al 16 de abril llegaría a 4.877 en todo el país, aunque la mayor concentración se encuentra en las ciudades de Kiev, Járkov, Odessa, Nikoláyev y Mariúpol, donde se cree que todavía hay 400 de ellos. El vocero del ministerio también recordó que, según el derecho internacional, los mercenarios no son considerados combatientes por lo que a los más afortunados les esperan largas estadías en prisión.

Aunque todas las cifras, tanto acerca de prisioneros tomados por las fuerzas rusas como los muertos provocados por sus acciones todavía son muy difícil de verificar, ya que el empecinamiento de los medios prooccidentales ha generado serias dudas sobre cualquier dato aportado desde allí, más si recordamos los casi 44.000 soldados y los once generales muertos rusos en las primeras semanas de guerra, la puesta en escena de la matanza de civiles en Bucha, rápidamente descubierta, y los bombardeos a la maternidad de Mariúpol y el Centro Comercial de Kiev, donde después se constató que ambos lugares eran refugios de las fuerzas ucranianas.

Nadie vive lejos de la guerra

Europa prácticamente festejó el inicio de la contraofensiva considerando que el presidente Putin había caído en la trampa puesta por el sagaz Joe Biden -ese mismo que estrecha manos en el aire y se pierde en una tarima de dos por dos no pudiendo encontrar el regreso a casa-.

Claro, apenas se comenzaron a conocer las sanciones que Washington aplicó a la velocidad del trueno a Moscú, Europa entendió que la cosa era en serio y ellos serían los encargados de levantar el muerto o el muerto en sí, es decir pagar con inflación, desabastecimiento y una disparada monumental y vertiginosa de las naftas y el gas que en grandes porcentajes provienen de Rusia, que ha abastecido históricamente a muchos países europeos.

Pero estos no serán los únicos pesares de Europa, cada vez más apretada en el poco decoroso furgón de cola con la que la historia la premió por sus seguidismos a las políticas intervencionistas de Washington en Afganistán, Irak, Siria y Libia, por no ser más extensos.

Ya se han analizado hasta el hartazgo las razones de la expansión del fascismo o nazismo en Europa, donde su filosofía se limita a la retórica del odio escenificada con la liturgia más de barras bravas que de las anheladas Schutzstaffel que tan rápido exterminarían a tanto gordo nono neuronal, adicto a la cocaína y tapado de tatuajes, que a todo dar ratifican aquello del infalible Bertolt Brecht de que “un fascista no es nada más que un burgués asustado”.

Puntualmente el nuevo fascismo europeo crece explotando y exacerbando el miedo congénito al diferente, en este caso ya no judíos -hoy parte del establishment– sino negros y musulmanes llegados a raudales al continente en miles de embarcaciones ilegales tras las crisis generadas por la inventada Primavera Árabe.

En respuesta a la agitación de la extrema derecha europea, exacerbada por la cuestión en Ucrania, se han comenzado a producir incidentes en Suecia, lo que muy posiblemente se disparé hacia el resto de Europa, una vez pasado el 24 de abril, donde la ultraderechista Marine Le Pen y su Frente Nacional (FN) disputará en segunda vuelta al actual presidente neoliberal Emmanuel Macron, lo que de resultar ganador Macron -lo más probable- la ultraderecha europea expresará su fastidio en las calles de las grandes ciudades europeas como lo están haciendo los suecos que tras ser reprimidos después de un evento antiislam donde se quemaron varios ejemplares del Corán, organizado por el partido de extrema derecha danesa Stram Kurs (Línea Dura) en la sureña ciudad Landskrona, después trasladado a Malmö, lo que replicó también en Estocolmo y en las ciudades de Linkoping y Norrkoping.

El viernes 15 en la ciudad central de Orebro se generaron fuertes enfrentamientos entre los neonazis daneses y suecos contra grupos de izquierda que no quisieron permitir las expresiones autoritarias de la ultraderecha. La batahola dejó al menos doce policías heridos y cuatro patrulleros incendiados. Los choques se prolongaron el sábado en Malmö, donde una vez más el acto de los neonazis fue interrumpido por organizaciones de izquierda. El domingo se repitieron los disturbios en Norrköping, en los que la policía reprimió a los sectores de izquierda hiriendo de bala a tres de los activistas que tras ser hospitalizados fueron detenidos.

Por su parte la dirigencia del Dáesh, dado que “Europa está ardiendo y los cruzados se matan entre ellos” llamó el pasado domingo 17 a sus hermanos en el continente a vengar la muerte del último de sus emires, Abu Ibrahim al-Hashimi al-Qurashi, asesinado junto a su portavoz, Abu Hamza al-Qurashi, a principios de febrero pasado.

En el comunicado de más de 30, difundido en las redes, el nuevo portavoz de la organización, Abu Omar al-Muhager, insta a los buenos musulmanes a tomar ejemplo de la última estrategia de los palestinos contra las fuerzas de ocupación sionistas en ocasión de ramadán, el mes sagrado musulmán, protagonizando una serie de ataques espontáneos que terminaron con la vida de cerca de 20 ocupantes en diversas localidades tomadas por los sionistas.

El pedido urge que se cumpla “en una guerra en la que pedimos a Dios que no sofoque sus fuegos hasta que se quemen los adoradores de la cruz y destruyan su reino para que sufran lo que han sufrido los musulmanes”.

Teniendo en cuenta que el Dáesh, que desde su creación en enero de 2014 ha tenido una clara idea de la difusión y propaganda, lo que le ha hecho ganar el lugar principal a al-Qaeda, sabe que en estas campañas no se puede fallar, por lo que no sería extraño que antes de haber hecho ese llamado tendría organizada ya una serie de “espontáneos” para que operen en su nombre y pueda continuar con su primacía, lo que representa una pésima noticia para Europa que sabe que las campanas doblan por ella.

* Analista Internacional, escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

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Un comentario en «Europa: ¿Por quién doblan las campanas?»

  • el 26 abril, 2022 a las 13:41
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    Cuando un autor, que supongo que se pretende serio, usa frases como «contraofensiva rusa contra la OTAN» o expresiones belicistas y sanguinarias como «operaciones de limpieza» u «operación de aniquilación», y apoya sin ambages las tesis de un régimen dictatorial ultracapitalista, neoimperialista y nacionalista reaccionario, como el ruso, sin que le tiemble el pulso, supongo de nuevo que desde una óptica de izquierdas, primero me echo a temblar, luego me pregunto cómo es posible procesar mentalmente tremendas contradicciones, y por último, cómo es posible que se publiquen (aquí) semejantes disparates protofascistas.

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