Europa y el esclavismo en Libia

Nònimo Lustre*. LQS. Agosto 2020

Cuando el Mediterráneo era un verdadero Mare Nostrum, Libia fue un país que exportó sabios a Grecia (como Aristipo, ver post 24 julio 2020) y que llegó a ser una de las provincias más prósperas del imperio romano. Pero, durante el siglo XX y, en especial, desde que fue invadida y arrasada en 2011, Libia se ha transfigurado en el botín que se disputan varias potencias –no sólo occidentales porque Egipto y Turquía también quieren su parte del despojo. Lo que ayer mismo fue un país floreciente, con agua canalizada desde los gigantescos acuíferos del desierto, educación universal, mujeres empoderadas y estabilidad, hoy es un mercado de esclavos. Literalmente. Así que de Mare Nostrum sólo queda el término.

La proximidad al norte del Mediterráneo le ha jugado malas pasadas a Libia. Por ejemplo, durante la I Guerra Mundial sufrió el primer bombardeo aéreo de la Historia puesto que, en 1911, el teniente Giulio Cavotti bombardeó los oasis cercanos a Trípoli de Tajura y de Ayn Zarah con cuatro granadas de mano Haasen –danesas, 2 kgs. c/u-. Saltando varias décadas, ya con Gadafi, en 1981, los Estados Unidos derribaron a dos aviones de combate libios sobre el golfo de Sirte. En 1982, Estados Unidos impuso un embargo a las importaciones de crudo libio. En 1986 otro choque en el golfo de Sirte acabó con el resultado de dos barcos libios destruidos por barcos de la VII Flota. Y, en abril, 1986, Ronald Reagan, bombardeó Trípoli asesinando a Hanna, de 15 meses, hija de Gadafi.

Y ya aproximándonos al genocidio final, Gadafi intentó rebatir la propaganda imperialista que le había caído encima: 28.junio.2010, Escocia: la Royal Commission para la Revisión de Casos Criminales entregó a la Justicia británica un informe de 800 páginas dictaminando que no existían pruebas de que al-Megrahi, el supuesto espía libio condenado por la voladura del avión de PanAm (Lockerbie, Escocia, 21.XII.1988), fuera culpable de ese atentado. Dos días después de la publicación de ese Informe oficial, una furgoneta en llamas se estrelló contra la puerta del aeropuerto de Glasgow, Escocia. Fue un atentado increíblemente torpe y extraño… pero consiguió que la noticia del Informe desapareciera de las pantallas.

La Academia

Asimismo, poco antes de la invasión definitiva, Gadafi contó con el apoyo de la academia occidental. Veamos:

La universidad de Harvard es la cuna del Monitor Consultancy, una mafia académica que se disfraza de agencia de relaciones públicas –vulgo, tráfico de influencias-. En 2001, Monitor fue contratada por Gadafi para mejorar su imagen mundial. El profesor Michael Porter –miembro fundador de esa pandilla-, escribió en 2006 un informe de 200 páginas para reforzar la idea de que “Libia es el único ejemplo vivo de democracia directa a nivel nacional”. De paso, publicó en los más prestigiosos diarios económicos que el heredero de Gadafi, su hijo Saif, “está absolutamente decidido a convertir a Libia en miembro de la moderna comunidad mundial”.

Otra universidad no menos prestigiosa es la London School of Economics (LSE) Sin embargo, la invasión de Libia dejó al descubierto que está cooptada por Monitor. La LSE ofrece unos ‘servicios de redacción’ de tesis doctorales para que las firmen millonarios como, por ejemplo, el niño bonito de Monitor, Saif Gadafi –doctor por la LSE y asesinado por la misma-.

El gurú Sir Anthony Giddens no fue muy original al inventarse la Tercera Vía como trápala para que los sangrientos socialdemócratas Blair & Co. presumieran de estar por encima de la división entre derechas e izquierdas. Este sabio, Premio Príncipe de Asturias 2002, tampoco fue muy original cuando, como director de la LSE, después de un viaje a Libia, propaló que “Libia no es especialmente represiva… Gadafi parece genuinamente popular” (The Guardian, 09.III.2007)

Desde que terminó el contrato Monitor/Gadafi, huelga añadir que Harvard, LSE y Giddens se convirtieron en los más vociferantes instigadores del aniquilamiento de Libia.

La invasión del año 2011

No es necesario abundar en la colosal calamidad que provocaron los EEUU y la OTAN con el pretexto de que Gadafi era un dictador y con el objetivo real de apropiarse del petróleo libio, de su agua y de destrozar los logros de su peculiar socialismo. Sólo añadiremos que, con su asesinato, Gadaffi se unió a otros mandatarios como Noriega y Saddam Hussein que igualmente confiaron en que sus continuos regalos aplacarían a las fieras. Otros amigos de USA+OTAN+Unión Europea que tuvieron mejor suerte porque perdieron el Poder pero salvaron el pellejo fueron Mubarak, el tunecino Ben Alí, Suharto y Ferdinand Marcos. Moraleja: ser amigo de Occidente es tan peligroso como ser su enemigo.

Pero, ¿quién encabezó aquella monstruosidad? Pues, curiosamente, esta vez no fueron los EEUU sino que (quizá porque Obama ya se había metido en demasiadas guerras, porque el Pentágono estaba asfixiado por su propia burocracia, porque la sra. Hilaria Rodham de Clinton no tenía su día o por-lo-que-fuera), los EEUU delegaron en Francia su guerra proxy. Por todo ello, el 19.III.2011, los aviones franceses Rafale encabezaron el genocidio. Lo cual nos remite a su entonces Presidente, Nicolás Sarkozy, el inmigrado vástago de un aristócrata húngaro ex collaborateur de los nazis.

Sarkozy

En su africanofobia, Sarko apuntó maneras cuatro años antes de asesinar a Libia. Veamos el resumen que hicimos de un Discurso-sermón que vomitó en la Université Cheikh Anta Diop (Dakar, Sénégal, le 26 juillet 2007) :

« … Pese a convertirlo en el eje de su homilía, en lo cultural no va más allá de la francofonía de Césaire/Senghor –y eso que este invento data de hace casi 80 años- ; en lo político, ni siquiera se acerca a mediados del siglo XIX, cuando Senegal enviaba diputados a la Asamblea francesa de la Segunda República ; de lo económico : no sabe no contesta –ergo, dado su proverbial secretismo, es evidente que ese fue el motivo de su visita a Senegal.

Finalmente, lo que inexcusablemente debió decir y no dijo : en su manía de rechazar (de boquilla), no mencionó por su nombre a la infame factoría negrera de Gorée –y eso que está a tiro de piedra de esa universidad-, ni habló de los trabajos forzosos de los que se enriquecieron los colonos, ni aludió siquiera al indigénat (el canallesco seudo-código racista),ni quiso arrepentirse de las cárceles y las deportaciones a las que Francia sometió al jeque Ahmadou Bamba –el santo patrón de Senegal, musulmán-. Menos aún se acercó a Lat Dior, el héroe nacional en la lucha contra la invasión francesa. Ni explicó que el Tratado de Brazzaville (1944), madre de la descolonización pues ofrecía la ciudadanía francesa a todos los africanos, fue debido a que necesitaban de la carne de cañón negra para terminar con victoria la II Guerra Mundial. (No) hablando de temas más actuales, tampoco hizo ningún esfuerzo para desatascar el decreto Diop (2002), ese que permitiría a los veteranos negros de la II Guerra Mundial, equiparar sus pensiones a las de sus homónimos blancos.

Y lo que es más llamativo en estos tiempos de corrección política pluriétnica y multicultural : no dijo ni pío de la (para él, hipotética) riqueza que representan las diversas culturas senegalesas. Como si Senegal sólo fuera una provincia de Francia ; lejana pero francófona. Como si no estuviera compuesto por pueblos y culturas como los Wolof, Mandinga, Serer, Tukolor y tantos más. Pero, afortunadamente, M. le Président no habló del dios de Occidente. Aunque se llenó la bocaza de dioses africanos -¿cuáles ? ¿es que no tienen nombres ?-, la laïcité republicana funcionó y no pudo aludir siquiera a la religión cristiana. »

Item más, en abril de 2011, Sarko, no saciado con la destrucción de Libia, perpetró otra matanza en otro país africano: Costa de Marfil. Allí hubo unas elecciones en las que se enfrentaron Gbagbo, historiador y superviviente de varios golpes militares y Ouattara, alto funcionario del FMI. Ganó el resiliente (perdón) intelectual pero Sarko se inventó que las elecciones habían sido fraudulentas e impuso al domesticado Outtara. Resultado: invasión francesa con apoyo de la ONU y encarcelamiento de Ghagbo. Recordando que el país destruido por los cascos azules y por los cascos tricolores fue otrora granero de África y un gran exportador de cacao, tradujimos La Marsellesa al castellano-marfileño en el convencimiento de que, cuando Costa de Marfil recobrara la independencia, la cantaríamos en el Instituto Cervantes de Abiyán. Su estribillo rezaba así: Al platillo Carla Bruni, / Sarko, te lo has ganao, / ¡Comed, comed! / Que negra es / La sangre del cacao.

El esclavismo

Nunca lo leeremos ni veremos en los media pero son apabullantes las incontables evidencias de que Libia –las varias Libias-, son un enorme mercado de esclavos. Oímos rumores de que los inmigrantes subsaharianos llegan a Libia con la intención de cruzar el ex Mare Nostrum pero que allí son asesinados, encarcelados y violados –varones y hembras. ¿De cuánta humanidad estamos oyendo?: pues quizá alrededor del millón anual. Obviamente, la UE está feliz por haber encontrado un freno más a la inmigración africana. “Qué bien nos salió la invasión de 2011 y el asesinato de Gadafi”, se dicen en la intimidad. ¿Y los informes de las organizaciones humanitarias y hasta de las agencias de la ONU sobre DDHH y migraciones que demuestran que hasta despellejan literalmente a los negros? No sabe no contesta.

No vamos a abrumar con una narración que podría haber sido escrita en las Yndias de 1492, en el Congo de Leopoldo II o en la Namibia alemana de principios de siglo XX. Sólo vamos a recordar que, según un informe de 2016 de la ONU, los esclavos están tan hacinados, sin agua ni toilet ni ventilación, que tienen que tirar su orina contra la pared esperando que el calor agobiante la evapore. Peor es lo que padecen las mujeres: cuando los guardias se emborrachan e incluso cuando están ‘serenos’, las violan sistemáticamente –a menudo, dos hombres a la vez. Y eso lo saben tanto en sus aldeas de origen como los contrabandistas de carne humana hasta el punto de que las recomiendan ‘protegerse’ con unas inyecciones anticonceptivas que duran tres meses –en esto el Daesh yihadista tiene un punto de humanidad porque, según su capricho, las proporciona unos pocos contraceptivos. Y peor todavía es que las violadas no pueden volver a sus casas porque sus hermanos las matarían –no les importa que hayan sido abusadas sin fin; les parece más importante que ya no son vírgenes y que, por tanto, deben morir.

Los moros

El imaginario europeo cree a pies juntillas que el esclavismo africano fue un comercio controlado exclusivamente por los árabes. “Está en su idiosincrasia histórica”, recitan como artículo de fe. Se olvidan de que negreros blancos los hubo y fueron tan importantes como los jeques. Y también se olvidan de dos detalles: que los verdaderos amos de la trata de negros fueron los occidentales y, peor aún, que el caso libio demuestra que el esclavismo no es una anécdota histórica sino un genocidio absolutamente actual. Ven una parte de la mafia negrera –los berlusconis y los jeques petrolíferos-, pero no quieren saber que la alianza entre las élites europeas y las africanas son la raíz del esclavismo libio. Más aún, una parte de la intelligentsia europea escribe a menudo que los Tuaregs –amazigh, bereberes-, fueron esclavistas de nación. Sin duda lo fueron en unos siglos en los que toda África era carne de arcabuz pero, ¿lo siguen siendo?

El ejército español parece creer que los Taureg son demoníacos por naturaleza. Veamos esta recentísima noticia : “El Gobierno ha ofrecido a la UE un refuerzo sin precedentes de su despliegue militar en la misión comunitaria EUTM Malí, con la aportación de unos 300 soldados más (lo que supone duplicar con creces el contingente actual), dos helicópteros y un avión de transporte” (julio 2020) Llueve sobre mojado porque el Reyno de Ejpaña tiene siete cuarteles y arsenales en seis países africanos: Mali, República Centroafricana, Somalia, Yibuti, Senegal y Gabón (ver el post “La enésima conquista del Sahel”, 25 feb 2019)

La nueva razzia hispana declara que sólo proporciona armas e invasores para que Mali recupere su ‘integridad territorial’. Pero, ¿qué significa eso de recuperar la integridad territorial maliense? Pues que atacarán un proyecto de Estado creado en 2012 por los Tuareg que ocupan desde hace siglos lo que ellos consideran su territorio natural, el Azawad, al norte de Mali -seguro que es pura casualidad pero, de paso, también ayudan a Francia a que siga explotando con tranquilidad el uranio del vecino Níger.

Lamentablemente, no parece que los milicos hispanos se guién hoy in totto por sus prejuicios históricos sobre el esclavismo made in tuareg. Porque, si preguntamos por eso de frenar el tráfico hacia Libia de esclavos sahelianos y subsaharianos, España ‘no sabe / no contesta’.

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