El evangelio encontrado en las cuevas de Nueva York

Nònimo Lustre. LQSomos. Agosto 2017

Hallábame absorto en los estudios paleográficos a los que me ha conducido la rígida observancia de mi proverbial religiosidad, cuando encontréme con el problema técnico de los manuscritos dizque esenios que han alcanzado fama planetaria bajo el nombre de Rollos del Mar Muerto -algunos herejes y descreídos los incluyen en el campo de los evangelios apócrifos.

Los materiales
Y en esas estaba cuando la arcángela Daniela me trajo un encarguito que portó entre sus níveas alas. Encontréme, pues, con unos fragmentos de trozos de pizcas de cachos relativamente inconexos pero que pertenecían con casi completa seguridad a un refinadísimo pasquín. El tipo de papel y la tipografía cirílica, observados a la luz de la termoluminiscencia, el radiocarbono y la ratio descompositiva del titanio de Beluchistán, nos condujeron a la Rusia de los años 1917-1918. Pero, sobre todo, el altísimo valor de los textos, nos llevó a colegir que teníamos entre las manos un Evangelio revolucionario -de hecho, mucho más revolucionario que las historietas que nos cuentan esos Rollos muertos. Veamos un fragmento:

Al continuar empleando una combincación de los métodos arqueológicos e históricos, dimos con la solución: estos trozos deslavazados eran “an undated fragment in the New York Public Library where North America’s only copy of the short-lived revolutionary newspaper was allowed to disintegrate, neglected and forgotten, until the remains were microfilmed some years ago.” Obviamente, se trataba de un fragmento de TRUE CREATORS. Russian Artists of the Anarchist Revolution, el afamado capítulo 4 del grandioso volumen Anarchy and Art. From the Paris Commune to the Fall of the Berlin Wall que escribió el eximio profe Allan Antliff. Bastaba para comprobarlo que uno de los nobles residuos era lo (poco) que quedaba de Tvorchestvo, la sección en la que Maiacovski, Malevich, Rodchenko, Tatlin y tantos otros de sus colegas sentaron las bases de la revolución artística del siglo XX. Helo:

Por si nos cupiera alguna duda, las cabeceras de algunos de estos Evangelios nos ratificaron que pertenecieron a la revista Anarjía, la obra magna de los mayores artistas de la vanguardia rusa de los años que suponíamos. Hela una dellas:

 

El yacimiento
Antes de ser acarreados hasta Nueva York, ¿dónde se encontraron estos sagrados materiales? Dada la consuetudinaria manía de los gringos en emborronar las huellas de sus expolios, es difícil saberlo. Tanto que, por ahora, no merece la pena seguir esa línea de investigación. Más nos vale centrarnos en averiguar dónde se manufacturaron. Viene entonces en nuestra ayuda una documentación de carácter histórico que ya obraba en nuestro poder. Según estos viejos documentos, el origen de la fabricación de los presentes restos de Anarjía data en el tiempo del año 1917 e, indudablemente, en el lugar geográfico que corresponde a la moscovita calle Prechistenka. Haber logrado precisar estas coordenadas nos parece un gran avance pero, si queremos avanzar aún más, debemos contextualizar el yacimiento. Por ello, nos preguntamos, ¿cómo era esa calle en los años inmediatamente anteriores y posteriores a 1917-1918? Los siguientes dos documentos nos dan una primera idea:

Una vez más, la eficaz multidisciplinariedad que veníamos usando, nos aportó un dato crucial: Anarjía se fabricó en la Dom Anarjía (Casa de la Anarquía) Es decir, en la “mansión Morozov” sita en Prechistenka nº 21 que los artistas precitados okuparon en 1917 para convertirla en museo vanguardista, taller popular y centro de agitación revolucionaria. El susodicho palacio perteneció al magnate del textil Ivan Morozov (1871-1921), un coleccionista de talla mundial al que le creció de repente su tesoro artístico -sin saberlo y, desde luego, sin quererlo y sin poderlo tocar.

¿Qué hubiera hecho don Iván M. si, en lugar de estar embrutecido por sus riquezas y por su idolatría ante la estética francesa, hubiera valorado en su justo término las obras que se pergeñaban en su ex palacio? ¿Hubiera conservado la revista Anarkía envuelta en vasijas de platino criselenfantino? Si con los rollos muertos así lo hicieron los esenios, ¿por qué no los ricos cristianos ortodoxos?

Pues no, no fue así porque los artistas fueron expulsados de la Dom Anarjía en el funesto año de 1918 por la Cheka y aquella policía bolchevique arrasó con todo, con los artistas (alguno terminó en Siberia y otros no pudieron pasar de la fosa más inmediata), con sus obras e incluso con el mobiliario del antiguo palacio. Durante su razzia, destrozaron algunas obras de arte europeo y hasta obras rusas pre-revolucionarias que creyeron de poco valor -huelga explicar qué hicieron con las que entendieron como susceptibles de mercadeo.

Obviamente, la revista Anarjía no tenía valor crematístico; al contrario, había que exterminar y quemar hasta sus últimas huellas. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Del naufragio que siguió al bombardeo chequista sólo han sobrevivido hasta nuestros días los fragmentos que hemos mostrado. De los cuales, repetimos, desconocemos la ruta que hayan seguido desde Moscú hasta Nueva York.

Dom Anarjía, hoy. Obsérvese la cúpula semi-transparente que han añadido en la esquina

Ahora bien, es probable que podamos continuar con nuestras investigaciones arqueológico-evangélicas si encontramos otros fragmentos de Anarkía. Puede haberlos en cualquier lugar del mundo pero es plausible suponer que sea en la propia ex Dom Anarjía dónde menos posibilidades tengamos de encontrarlos. No obstante, por si surgiera el milagro, acá van estos datos:

La que en tiempos más felices fue la inmortal Dom Anarjía, ahora se encuentra okupada por la Russian Academy of Arts, 21 Prechistenka str. 119034 Moscú, www.rah.ru tel / fax: +7 (495) 637-47-71, 637-25-69; e-mail: letter@rah.ru Metro: Kropotkinskaya. Y el nombre del Príncipe de las artes sociales Piotr Kropotkin, ¿qué tiene que ver con este barrio de Moscú? Pues muy sencillo: Kropotkin nació en la travesía Shtatny -ahora Kropotkinsky-, cerca de la calle Prechistenka.

Aviso a navegantes: Si alguien se interesa en buscar en internet la ubicación exacta del yacimiento de la revista Anarjía -es decir, la casa Morozov-, es fácil que encuentre en Moscú varias “mansiones Morozov”. Llevado por su natural emoción, es probable que se fije demasiado en un extravagante palacio que se repite en google-imágenes. Pues bien, ¡prudencia y verificación! nos exige el método científico. Si tiene paciencia y si continúa con su investigación, encontrará que el clan Morozov estaba compuesto por varios magnates y magnatas con ese mismo apellido, cada uno dellos con casoplones moscovitas a cual más rimbombante. A saber: Abram Abramovich Morozov (cuyo palacio morisco-portugués, construido por Arseni M. en 1894–1898, es el más frecuente en internet) Pero también encontrará otros palacios Morozov; por ejemplo, los de A. V., Evgenii, Savva, Vikula (con mansión construida ca. 1895, en Odintsovo-Arkhangelskoe, cerca de Moscú), Varvara y Zinaida Morozov. Ninguno de estos mamotretos iguala en valor histórico al palacio de la calle Prechistenka así que los pueden quemar sin miedo a caer en herejía. Pero, ojo, intentar siquiera menoscabar la gloria imperecedera de los artistas de Anarjía ubicándolos en la menudencia estrambótica sí sería anatema.

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