Excepcionalismo americano

Mikel Itulain*. LQS. Enero 2020

Las noticias falsas, las verdaderas fake news, han ocultado al gran público estas realidades, contribuyendo a mantener este crimen contra la humanidad, gracias a propagar este dañino mito del excepcionalismo americano

El excepcionalismo americano (estadounidense) se ha arrogado siempre una inocencia que contrasta, muy notablemente, con siglos de guerras y expolio protagonizados e impuestos por ellos. Por supuesto, toda esta barbarie, con sus numerosas masacres y matanzas, fueron y son justificados en nombre de no importa que supuesto noble motivo: un destino apoyado por Dios, la defensa de la civilización, la libertad, la democracia o incluso la nueva religión de los derechos humanos. Todo esto se ha empleado y se emplea como excusa para hacer aceptables las mayores de las fechorías.

Así teníamos el Destino Manifiesto, que sirvió entre otra cosas para dar el visto bueno al genocidio de los nativos norteamericanos.

El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino (1).

Claro está que para consumar tal monstruosidad hubo que difamar y demonizar a los exterminados, mostrándolos como salvajes, los peores de los salvajes. En ello trabajaron, como trabajan hoy, los «civilizados» intelectuales, tan responsables de las muertes como lo que disparaban los rifles o revólveres.

Hoy en día estas tropelías no han cesado, no se harán, porque no es necesario, en su creada nación, pero sí fuera de ellla. Lo pudimos ver muy recientemente en Libia el año 2011, donde tras un incesante bombardeo y el apoyo a los sanguinarios mercenarios de Al Qaeda se acabó con la vida de decenas de miles de personas y se destruyó y arruinó el país más próspero y con más futuro de África. Las consecuencias perduran y perdurarán por muchos años, las vemos nosotros en las olas de refugiados. Afortunadamente estos canallas no han podido con Siria.

Las noticias falsas, las verdaderas fake news, han ocultado al gran público estas realidades, contribuyendo a mantener este crimen contra la humanidad, gracias a propagar este dañino mito del excepcionalismo americano. Una superioridad moral o social que no existe, que nunca existió.

Lo que es irónico es que las fake news han sido en realidad las únicas noticias diseminadas por los dirigentes del imperio de EE.UU. Hemos sido expuestos a estas fake news durante tanto tiempo como se nos ha dicho que los EE.UU. es una fuerza para el bien en el mundo -noticias sobre que la esclavitud es cosa del pasado, que no vivimos en una tierra robada, que las guerras son libradas para extender la libertad y la democracia, que una corriente en alza eleva todos los barcos, que las prisiones nos mantienen seguros y que la policía sirve y protege. De este modo, las únicas «noticias» alguna vez comunicadas por varios canales del imperio estadounidense son las del excepcionalismo e inocencia americanas (2).

Como expone Andrea Smith, en vez de buscar una vida, una libertad y una felicidad que dependen de la muerte de otros, deberíamos imaginar nuevas formas de gobierno basadas en la reciprocidad, la independencia y la igualdad (2). No es tarea fácil civilizar a nuestras sociedades y gobiernos realmente incivilizados. Seguramente porque aún no hemos desarrollado la humanidad suficiente, seguimos en las mismas prácticas y nefastos pensamientos de siempre.

La humanización es, por un lado, el proceso que se genera por la interposición de instrumentos entre los humanos y su entorno y la redistribución solidaria de las ganancias conseguidas y de los mecanismos necesarios para su obtención, por otro. Y eso, ¿por qué? En primer lugar, porque somos los únicos que utilizan sistemáticamente medios materiales para la obtención de alimentos y de seguridad del entorno. En segundo término, porque la redistribución solidaria trunca la etología arcaica y atávica consistente en distribuir exclusivamente siguiendo una pauta jerárquica, de familia o de comunidad. Si conseguimos romper ese marco redistributivo del estamento, la familia y el país, estamos generando un proceso de humanización que últimamente es posible mediante toda la integración de toda la humanidad en un orden horizontal y continuo (3).

La sociedad y fundamentalmente el imperio estadounidense están basados en principios opuestos a estos, de ahí su virulenta actitud hacia quienes no son de los suyos, no solo de su país, sino especialmente de su clase social o familia. Recordemos que los soldados pueden seguir a la bandera, pero la bandera siguió y sigue siguiendo al dólar, es decir, a los grandes propietarios. Nos lo traía a la memoria el general más laureado de los Estados Unidos de América.

Yo estuve 33 años y 4 meses en el servicio militar activo y durante ese periodo pasé la mayor parte de mi tiempo como un matón de clase alta para las grandes empresas, Wall Street y los banqueros. En pocas palabras, fui un mafioso, un gánster para el capitalismo (4).

Imagen: Acontecimientos deportivos, como la Super Bowl, son utilizados para fomentar la ideología del excepcionalismo americano.

Notas:
1.- Jhon L. O’ Sullivan. Democratic Review. 1845.
2.- Roberto Sirvent and Danny Haiphong. American exceptionalism and American Innocence. Skyhorse Publishing. 2019, p.3.
3.- Eudald Carnonell, Robert Sala. Aún no somos humanos. Península. 2003, pp.226-227.
4.- Smedley Butler. War is a racket. 1935

* LoQueSomos en Red
@MikelItulain

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb Instagram: LoQueSomos

Deja un comentario