Arturo del Villar*. LQSomos. Mayo 2017

Le aplaudieron mucho, aunque los conocedores de la historia reciente de España se tuvieron que escandalizar al oír las interpretaciones lanzados por su majestad el rey católico nuestro señor don Felipe VI. Sucedió en Estrasburgo el 27 de abril de 2017, en la reunión de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa. Los escribas a su servicio se inventan la historia para la mayor honra y gloria de la monarquía del 18 de julio instaurada por el dictadorísimo en la persona de Juan Carlos de Borbón, designado por él para sucederle a título de rey, con el fin de perpetuar su régimen genocida. Los que la hemos padecido denunciamos su tergiversación interesada.

Leyó su majestad con gran desparpajo estas falsedades: “La libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político son los valores superiores que proclama la Constitución española de 1978, y que inspiran nuestra convivencia en democracia.” Es falso que en España haya democracia, como lo demuestra la población penitenciaria por motivos políticos, los juicios y condenas a escritores, cantantes o editores acusados de injurias a la Corona, y la escandalosa sumisión de la Justicia a la llamada Casa Real, que es la más irreal de todas las españolas, según hemos visto en la absolución de la hermana del rey y en una condena aparente a su cuñado, que cumple en libertad, y sin devolver ni un céntimo de lo robado.

También leyó el rey católico: “España comparte con el Consejo de Europa fundamentos y propósitos. Unos y otros emanan del reconocimiento de la dignidad de la persona como premisa esencial e irrenunciable para la convivencia y la acción política y social.” Lo malo es que las llamadas fuerzas de orden público al servicio de la Corona, que organizan todos los desórdenes público cuando celebramos manifestaciones, no reconocen la dignidad de nuestras personas, nos apalean, detienen y fichan como terroristas si llevamos banderas u otros símbolos republicanos.

España no estaba en Europa ni en el mundo

Otrosí leyó el sucesor del sucesor a título de rey del dictadorísimo: “Quiero, por ello, rendir en este acto mi sentido y profundo tributo a los fundadores de aquella Europa, largamente anhelada, surgida de los escombros de la II Guerra Mundial.” En aquella Europa estaba proscrita la España surgida de la guerra organizada por los militares monárquicos contra la República constitucional, con la colaboración de los regímenes nazifascistas contra los que combatieron las democracias. El régimen español quedó fuera de las instituciones europeas, debido a su instauración por los países totalitarios vencidos, como una dictadura militar que derivó en monarquía fascista por la voluntad omnímoda del dictadorísimo. La conferencia reunida en San Francisco en junio de 1945, en la que se creó la Organización de Naciones Unidas, rechazó la pertenencia del régimen fascista español a ningún organismo internacional. De ese régimen abominado por todos los países democráticos deriva la monarquía borbónica del 18 de julio creada por el dictadorísimo usurpador del poder político en la España vencida.

Sobre este asunto continuó leyendo su majestad católica las falsedades que le habían escrito: “Europa reconstruyó sus cimientos morales, políticos y jurídicos gracias a la lucidez y el tesón de una generación firmemente convencida de que el más alto sentido de humanismo y la democracia, son los auténticos antídotos contra la tiranía y la dictadura, contra la opresión y la explotación de los seres humanos”.

En esto sí tiene razón el escriba real, pero no tuvo el coraje de añadir que precisamente la España de posguerra, en la que se desarrolló mi generación, el humanismo y la democracia eran considerados perversiones, porque gobernaba un tirano dictadorísimo que nos oprimió y explotó, hasta que al fin se murió de viejísimo después de firmar las últimas sentencias de muerte de su régimen. Entonces era príncipe de España designado sucesor a título de rey el padre del actual rey sucesor del sucesor, sin que al pueblo español se le permita expresar sus preferencias.

Elecciones para la corrupción

Más mentiras históricas redactadas por el escriba y leídas como suyas por el monarca: “El 15 de junio de ese año [1977] se celebraron las primeras elecciones democráticas en las que el pueblo español con su voto en libertad, lleno de ilusión y con una gran emoción y esperanza, abrió camino a la democracia en España, comenzando así una de las páginas más brillantes y transformadoras de nuestra reciente historia política”.

Es el párrafo más infame del discurso. Las últimas elecciones democráticas se celebraron en España el 16 de febrero de 1936. Las de 1977 no fueron democráticas, ya que no se permitió participar a ningún partido republicano, por no haberlos legalizado el Ministerio del Interior, pese a haberlo solicitado. Si intentábamos organizar un mitin aparecían de pronto las fuerzas de desórdenes públicos y nos disolvían contundentemente. No se nos permitió hacer propaganda acerca de las elecciones. Participaron, eso sí, varios grupos de la ultraderecha salidos del llamado Movimiento fascista, empezando por la Unión de Centro Democrático fundada por Adolfo Suárez, ex secretario general del Movimiento, designado jefe del Gobierno por el rey Juan Carlos I, y continuando por la Alianza Popular, fundada por el ex ministro y embajador fascista Manuel Fraga, también ministro de la monarquía, rebautizado después Partido Popular, en estos últimos meses investigado por una interminable sucesión de delitos financieros.

Recordamos que en los mítines no se vieron banderas tricolores, porque el achacoso Santiago Carrillo pactó con Suárez la legalización del Partido Comunista, a cambio de aceptar la monarquía con sus símbolos. Desde entonces la bandera del Partido Comunista Español es la bicolor borbónica.

En cuanto a ser inicio de “las páginas más brillantes y transformadoras de nuestra reciente historia política”, baste recordar que en este tiempo los gobiernos dinásticos crearon la organización terrorista GAL, empresas ficticias para robar, como Filesa, o se han aprovechado de las existentes para hacer lo mismo, como el Canal de Isabel II; se ha condenado a ministros, directores generales, gobernadores civiles, militares de alto grado, jueces, fiscales, empresarios y banqueros por su comportamiento delictivo; ha habido que insuflar dinero público en muchas entidades bancarias; el designado sucesor a título de rey escandalizó al reino con sus puteríos, que le pagamos los vasallos, así como a las barraganas para comprar su silencio; una de sus hijas se divorció de su marido con gran escándalo ocultado en los medios de comunicación, la otra resulta ser una delincuente vulgar procesada, pero no condenada, y su marido un ladrón condenado pero en libertad; los familiares más directos de la actual reina comparecieron también ante los tribunales de Justicia, acusados de cometer delitos económicos, y ella misma se enmerdó con un compi yogui de su intimidad, ahora encarcelado, para diversión de los vasallos, que todavía nos estamos riendo de ella; la deuda externa es impagable, el desempleo alcanzó hasta los seis millones de trabajadores, ha habido huelgas generales y manifestaciones, etcétera, porque es imposible enumerar toda las descomposición social, política y económica del reino en este comentario. Y a eso lo llama el rey “una de las páginas más brillantes y transformadoras de nuestra reciente historia política”. Transformadora sí, aunque para mal.

La injusticia real

Hay más engaños todavía, porque siguió leyendo campanudamente su majestad: “El cumplimiento del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales está garantizado por nuestro recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional y por el sistema de demandas individuales ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.” De los tribunales españoles de Justicia sabemos que no fallan conforme a Derecho, sino a la conveniencia real o gubernamental. En cuanto al Tribunal Europeo, al escriba se le olvidó que el reino de España ha sido reiteradamente condenado por sus malas artes judiciales, como en el caso de Otegi, al que se hubo de indemnizar, y ahora mismo, el 25 de abril, ha condenado al reino de España a indemnizar con 615.600 euros a la Sociedad Anónima Ucieza, por no haber protegido sus derechos sobre unos terrenos de los que se apropió la Iglesia catolicorromana en Ribas de Campos (Palencia): en este reino la monarquía y la clerecía son intocables.

Una demostración más de las mentiras leídas por el rey: “Somos un país plural en el que nuestra Constitución garantiza los derechos y libertades de todos los ciudadanos, con independencia del territorio en que residan.” Por eso en estos meses se está condenando a cargos electos catalanes, por pretender facilitar a los ciudadanos expresar la voluntad de su patria en un referéndum, y se amenaza a todos con la cárcel. Los parlamentarios catalanes se hallan tan faltos de derechos y libertades en su patria como lo estamos los republicanos en la nuestra.

Este resumen no comenta el discurso completo de su majestad el rey católico nuestro señor Felipe VI, porque es demasiado extenso y reiterativo. Los parlamentarios del Consejo de Europa lo aplaudieron al escucharlo, pero los vasallos españoles nos escandalizamos al leerlo en el comunicado de la Oficina de Prensa de la llamada Casa Real, que es la más irreal de todas las existentes.

Hablar de derechos y libertades en España tiene gracia, maldita, pero gracia. La misma que se grababa en las monedas antiguas en torno a la efigie del monarca, para advertir a sus vasallos que lo era por la gracia de Dios, y por lo tanto había que obedecerle para no cometer el pecado de herejía. Ahora no figura la inscripción en las monedas de los dos borbones, porque resultaría excesivamente desvergonzado: ellos son reyes por la gracia del despótico dictadorísimo, que deseó perpetuar su régimen con un fiel servilón que le juró lealtad a su persona y fidelidad a sus leyes genocidas el 23 de julio de 1969, otra fecha infamante en las muchas que jalonan la historia de la dinastía

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio

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