Feliz aniversario a los viejos metaleros

Mariano Muniesa*. LQS. Abril 2020

La New Wave Of British Heavy Metal fue donde se gestó el carácter de mitos como Ozzy Osbourne, Def Leppard, Judas Priest o Iron Maiden

Durante muchos años fue un estilo musical al que se miró con una mezcla de superioridad, desprecio e indiferencia por parte de gran parte de la crítica musical, al que se asoció con el mundo marginal de la delincuencia o del hedonismo puro y duro, al que se le negó cualquier validez musical aun cuando, y el tiempo lo demostraría, fue la cantera de la que salieron muchísimos de los más brillantes vocalistas e instrumentistas del rock contemporáneo, y del que solo se resaltó su lado más astracanado y caricaturesco.

Hablamos, señoras y señores, del Heavy Metal, y más en concreto de un fenómeno del que desde ese año de 1980 se cumplen 40 años de su eclosión a todos los niveles: La New Wave Of British Heavy Metal, el estilo en el que se generó la grandeza musical y el carácter de grandes mitos del rock que son Ozzy Osbourne, Def Leppard, Judas Priest o Iron Maiden y que fueron la escuela, la base, el fundamento sobre el cual construirían su estilo, su personalidad y su éxito nombres como los de Metallica, Pantera o Marilyn Manson.

¿Cómo se generó, en que condiciones se creó, que ambiente o que circunstancias propiciaron el emerger de ese movimiento musical, que se convirtió en cuestión de semanas en una comunidad cuyos componentes desarrollaron un sentimiento de pertenencia a la misma inédito hasta entonces, con la excepción del movimiento hippie?

La respuesta a esa pregunta la encontramos en un escenario, unas coordenadas y un momento de la evolución del rock muy claros y concretos. Londres, comienzos de 1980. Tres años antes, el estallido del punk rock significó una conmoción en el rock británico de proporciones tan masivas como insospechadas, pero dada su casi inmediata asimilación por el estabilishment de la industria musical y su deliberada intención de no crecer, de no trascender, de no ser un movimiento a partir del cual se crease algo nuevo, mucha gente joven, tanto músicos como fans, seguían queriendo disfrutar de un tipo de rock fuerte, crudo, directo, con el que se identificasen generacionalmente. Fue entonces cuando muchos de esos músicos volvieron la mirada a los orígenes del rock duro, a Zeppelin, Purple, Sabbath, etc. pero no para ser una nueva versión de aquellas bandas, sino para actualizar su sonido, dotarle de una nueva dimensión sonora marcada por la dureza, la potencia y añadir la actitud transgresora, fresca y joven que los jóvenes británicos de 1980 buscaban como lenguaje musical y estético propio.

La New Wave Of British Heavy Metal aportó una novedad al rock que ningún estilo musical había aportado antes, con la salvedad quizás del punk rock; ser un movimiento que además de unir a todos sus seguidores en la pasión común por la música, les unía en torno a una estética

Siguiendo esa orientación, en 1980 muchas bandas creadas varios años antes, caso de Samson, Diamond Head, Iron Maiden, Saxon, White Spirit, Def Leppard, Praying Mantis, Tygers Of Pan Tang, las Girlschool, pioneras del heavy metal feminista, e incluso grupos con una trayectoria importante anterior, caso de Thin Lizzy, Ian Gillan, Judas Priest, Motörhead, Scorpions o UFO, se unen a ese nuevo sonido basado en riffs de guitarra muy marcados, muy penetrantes, bases de ritmo demoledoras, voces desgarradoras y sobre todo, volumen atronador, energía, sentimiento, intensidad… wattios, sí, por supuesto, miles y miles de wattios, pero no solamente como ruido ensordecedor, sino como forma de expresar, de transmitir, de comunicar a miles de jóvenes un anhelo de autoafirmación, de libertad, de identidad, no de forma elaborada ni excesivamente consciente, ni siquiera a través de las letras de las canciones, sino a través fundamentalmente de la actitud y de la fuerza del propio sonido como vehículo liberador de todo tipo de desinhibiciones y frustraciones en una juventud que en 1980 empezaba a sufrir las primeras consecuencias de las políticas del Thatcherismo en forma de paro, precariedad y falta de oportunidades.

La New Wave Of British Heavy Metal aportó una novedad al rock que ningún estilo musical había aportado antes, con la salvedad quizás del punk rock; ser un movimiento que además de unir a todos sus seguidores en la pasión común por la música, les unía en torno a una estética, una estética impulsada en gran medida por Judas Priest, basada en el pelo largo, el cuero y los tejanos. A partir de ese momento, los “heavys” constituirán el primer núcleo de lo que más tarde se conoció como una “tribu urbana”, a pesar del carácter manipulador que adquirió posteriormente este concepto y formarán toda una escuela musical, que solamente en el primer año de su establecimiento dejarán para la posteridad discos que hoy son clásicos totales del rock contemporáneo: «British Steel» de Judas Priest, «Iron Maiden» de Iron Maiden, «Wheels Of Steel» de Saxon, «Ace Of Spades» de Motörhead o en otra categoría, aunque íntimamente ligada al fenómeno de la NWOBHM, «Heaven And Hell»de Black Sabbath o «Back In Black» de AC/DC.

El fenómeno no tardó en crecer a nivel internacional, y en Europa y posteriormente en América –aunque allí adquirió unas connotaciones que le llevaron a evolucionar de manera muy diferente- muy pronto aparecieron grupos que llegarían a alcanzar gran repercusión internacional en muchos países: Trust en Francia, Accept en Alemania, The EF Band en Suecia, Ostrogoth en Bélgica, e incluso en la Europa del Este, en aquellos años separada de occidente por el telón de acero, Tormentor en Hungría, Turbo en Polonia o Zuta Minuta en Yugoslavia, con todas las restricciones y cortapisas propias del momento y el escenario en el que vivían, editaron sus discos y lograron hacerse populares en sus países. Más allá obviamente de la profunda huella que dejó este fenómeno en nuestro país, con la aparición de Barón Rojo, Obús, Panzer, Sobredosis, Banzai, Santa, Mazo y tantas y tantas bandas que llenaron de wattios para la gente joven más combativa aquella España de la transición.

Los festivales “Monsters of Rock” de cada tercer fin de semana de agosto en el circuito de motor de Donington Park, los festivales de Reading, las peregrinaciones a aquel Londres de los 80 en los que era obligado parar a tomar unas cervezas y a escuchar auténtico heavy metal en el The Royal George Pub de Charing Cross, a escasos metros del Astoria Theater, o al Hellfire Club de Camden Town, al Saint Moritz del Soho en el que cada noche podías encontrarte con Lemmy de Motörhead jugando a las máquinas tragaperras… en ciudades como Madrid o Barcelona la discoteca club Argentina en San Blas, los bajos de Argüelles y la discoteca Osiris, el Wawanco, años más tarde Canciller, Sukursal, Barrabás, la Piscis de Getafe… lugares, momentos, canciones, viajes, conciertos, noches de confraternización y camaradería, de grabar cintas para los colegas del barrio o del instituto… en fin, toda una forma de vida creada en torno a una música que ahora, en estos días, a pesar de toda la preocupación y el desasosiego que nos produce lo que ya saben todos ustedes, nació hace ahora 40 años. Y merece la pena disfrutar. Feliz aniversario, viejos metaleros.

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* Nota original del diario “La Región”

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