Guadi Calvo*. LQSomos. Julio 2017

Después de más de un mes de la toma de la ciudad filipina de Marawi, por miembros de organizaciones locales vinculadas al Daesh (Abu Sayyaf y el grupo de los hermanos Maute o Estado Islámico Ranao) el ejército no ha podido desalojar la ciudad en su totalidad. Si bien la información es confusa acerca de que está sucediendo en las calles de Marawi, de las declaraciones del presidente Rodrigo Duterte, en estas últimas horas, posponiendo su visita a esa ciudad del sur filipino, más allá de sus “ganas y predisposición” además de la orden a sus tropas de disparar aunque haya civiles cerca, permiten inferir que la situación está lejos de ser controlada, y que o bien dentro de la ciudad o en su periferia siguen existiendo fuertes bolsas de resistencia.

Es para tener muy en cuenta que después de cuarenta días de encarnizada lucha, entre un ejército regular, moderno, con vasta experiencia en lucha contrainsurgente, que cuenta artillería y aviación e información satelital con asistencia técnica de los Estados Unidos, frente a un grupo sitiado de entre 400 y 1.000 hombres, no hayan podido revertir la situación.

Al mismo tiempo las autoridades tampoco conocen el número de civiles que puedan estar en manos de los terroristas, lo que cualquier profundización de las operaciones pondría en peligro la vida de esas personas, lo que a Duterte parece no importarle demasiado.

Según los datos oficiales habría 44 civiles muertos, 71 de las fuerzas de seguridad y 299 terroristas, por la intensidad de los combates, que no solo incluyen artillería sino también bombardeos aéreos, en una población de más de 200.000 personas esa información sin duda es amañada. Y todavía más cuando no se han removido las toneladas de escombros que tan dejado las incursiones aéreas.

Tampoco sabremos con certeza si el 23 de mayo, día del inicio de las acciones en Marawi, fue tras una operación frustrada de las fuerzas de seguridad para la detención del líder de Abu Sayaf. Isnilon Hapilon ahora presentado como el Emir del califato del sudeste asiático y rebautizado Abu Adillah al-Muhajir o la toma de la ciudad es lo que parce una acción premeditada y perfectamente organizada por los wahabitas, que parecerían estar recibiendo ordenes directamente de Mosul o donde sea que se encuentre Abu Bakr al-Bagdadí o el Califa Ibrahim fundador y líder del Daesh.

Más allá de cifras concretas, más allá de especulaciones políticas, y del verdadero lugar que ocupa la CIA y el Departamento de Estado, en este improbable escenario 50 días atrás, existe una realidad incontrastable. Quienes han tomado Marawi, ya han triunfado más allá de cualquier resultado.

Aunque el final de estos combates implicara la muerte de cada uno de los terroristas que participaron y que la ciudad vuelva a recuperar cierta normalidad, lo que sucederá más temprano que tarde, la embestida de Abu Sayaf y el grupo Maute, su resistencia a todas luces heroica, más allá de connotaciones ideológicas y éticas, es una bisagra en el integrismo armado del sudeste asiático.

Marawi, pasará a conformar parte del imaginario glorioso y del marketing del Daesh, y no solo en Filipinas, sino en todos los países donde el wahabismo tenga las condiciones objetivas para accionar, lo harán de manera renovada, convocando a miles de jóvenes a incorporarse a sus filas con el espíritu de Marawi.

Marawi, ha sido el golpe de efecto que necesitaba el Daesh, para disimular, en parte, sus demoradas derrotas en Irak y Siria y así ser una opción para miles de jóvenes y no tanto, que no han logrado insertarse en una patera rumbo a Europa, ni en sus sociedades cada vez más jaqueadas en la trágica ecuación de economías deficiente con corrupción eficiente.

Los desplazados tras los cuarenta días de combate ya sobrepasan los 400.000 y están siendo relocalizados en el norte de la provincia de Mindanao, Socsksargen, y la región de Davao mientras otros han sido enviados a islas de los archipiélago de Visayas y Luzón, que junto al de Mindanao conforman Filipinas.

Tanto Hapilón, como Abdullah y Omar Maute, este último presumiblemente muerto desde principio de junio, han podido asociar sus organizaciones a sus orígenes étnicos lo que les ha dado sin duda una base de sustentación más amplia. El grupo Abu Sayyaf liderado por Hapilón se apoya en grupos étnicos como los Yakan y Tausug de la isla de Basilan, históricamente vinculados al robo y secuestros. Mientras los hermanos Maute pertenecen a un legendario clan guerrero de Butig, en Lanao del Sur.

Con novedad en el frente

Fuentes militares han reconocido su sorpresa frente al despliegue táctico de los integristas, quienes están muy bien organizados y “son más sabios” que en enfrentamientos anteriores. La misma fuente informó que los fundamentalistas están aplicando tácticas de combate urbano utilizadas por el Daesh en Siria e Irak, incluso la implementación de los letales IEDs y RPG’s (Dispositivos explosivos improvisados y granadas propulsadas por cohetes por sus siglas en inglés) lo que permite sospechar de la existencia de vasos comunicantes entre los frentes de Medio Oriente y el Sudeste Asiático. Según algunos informes no sería mayor de cien el número de combatientes que persisten en la resistencia y están en posesión todavía de varios barangays (barrios) de la ciudad.

En el cerco establecido por el ejército para impedir que los terroristas puedan disimularse entre los miles de pobladores, en su mayoría musulmanes, que todavía siguen escapando del sector, y que muchos deben hacerlo sin documentos, ya que ni siquiera los han podido rescatar tras las semanas de combates, se está utilizando ordenadores portátiles con un software de reconocimiento facial para compararlo con los archivos de la inteligencia y los servicios de seguridad.

El Frente Moro de Liberación Islámica (MILF), una antigua organización islámica no fundamentalista, que lucha por la independencia de Mindanao desde los años sesenta, y que desde 2012 viene manteniendo conversaciones de paz con Manila, se ha ofrecido como mediador de este conflicto de Marawi, sin que ninguna de las partes lo hayan aceptado.

Para infundir más terror en la región el 21 de junio, unos 200 hombres de otro grupo fundamentalista, conocido como Luchadores por la Liberación Islámica de Bangsamoro (BIFF), una formación escindida del MILF que en 2008 atacaron un puesto militar cercano a Pigcawayan, una localidad de 66.000 habitantes a unos cien kilómetros de Marawi, además de tomar un colegio. Tras un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad los extremistas se replegaron hacia la selva dejando amenazas en un cartel en tagalo: “Kahit saan humingi ng tulong si DU30 de niya kami kayang ubusin … mag-ingat ka isusunod namin ang Davao (No importa dónde Duterte busque ayuda no puede limpiarnos … cuidado Davao es la próxima). Refiriéndose a la ciudad de Davao la más poblada de la provincia de Mindanao, y la tercera más grande del país, con una población cercana al millón 700.000 habitantes. Si bien no se conoce si el BIFF ha realizado algún juramento de lealtad al Daesh.

No hay que ser un experto para entender que éste es un momento histórico para las bandas integristas que no solo actúan en Filipinas, sino en toda la región, para unirse para conseguir la conquista del sur del país, la región con mayor población musulmana y quizás por esa misma razón la más postergada.

Por otra parte se sabe que finalizado el Ramadán y se espera que otras pequeñas organizaciones takfiristas se integren a la lucha de quienes resisten en Marawi o abran algún otro frente en Mindanao. La inteligencia filipina ha detectado combatientes llegados ya no solo de países cercanos como Malasia e Indonesia, sino elementos chechenos, seguramente veteranos arribados desde Medio Oriente.

Durante años Mindanao albergó a varias organizaciones vinculadas a al-Qaeda como Jemaa Islamiyah (JI), por lo que sería acertado entender que sigue siendo un terreno propicio para el desarrollo de estas guerras fundamentalistas y que Marawi, pase a convertirse en una leyenda refundacional del integrismo armado.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional

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