Mariano Muniesa*. LQS. Noviembre 2018

Verano de 1968, The Doors en “The Unknown Soldier”: “El desayuno en que se leen las noticias / que alimenta a los niños criados por la televisión / Vivos sin nacer, vivos, muertos / Balas contra la cabeza en el casco / Y todo ha terminado para el soldado desconocido”…

La banda sonora de aquella revuelta contra la guerra se evoca en este medio siglo con reediciones

Uno de los agregados militares de la embajada de Estados Unidos en Camboya, el general Joseph John McKinney, declaró al Diario The Dallas Morning News en julio de 1975:

“Yo fui soldado en Corea, estuve varios meses en primera línea de frente y combatí junto a lo que creo que ha sido la generación más valiosa de jóvenes americanos que ha existido jamás. Nadie dudaba, nadie vacilaba, sabíamos que estábamos allí, a miles de kilómetros de nuestros hogares americanos para defender el mundo libre, la democracia y el bienestar de nuestros conciudadanos.
Cuando empezó esta guerra en Vietnam, los jóvenes a los que ahora tocaba defender nuestra bandera, nuestra libertad y nuestro modo de vida, empezaron a organizar manifestaciones de protesta, a quemar nuestra bandera y a escuchar canciones de músicos que se proclamaban pacifistas. Cuando tuve clara conciencia de que a nuestros jóvenes les importaba más el rock’n’roll que la defensa de los valores de América, supe que íbamos a perder esta guerra”.

A finales de octubre de 1968, los medios de comunicación estadounidenses no dejaban de publicar reportajes triunfalistas acerca de la victoria de sus tropas en la Ofensiva del Tet, una de las batallas más largas y sangrientas de toda la guerra de Vietnam, pero como se supo años más tarde, fue en realidad una amarga derrota; no quebraron la moral de combate del Vietcong a pesar de la gran cantidad de bajas que le infringieron, en aquellos meses la opinión pública empezó a mostrarse clara y abiertamente de manera cada vez más masiva en contra de aquella carnicería y tanto en el gobierno americano como en el ejército, obviamente dentro de un riguroso secreto, como se supo años después, se aceptó como inevitable que América iba a perder la guerra. A partir del otoño del 68, el único objetivo fue tratar de salir de allí con el menor número de bajas y el menor desprestigio posible.

Mientras tanto, cuando el Movimiento por los Derechos Civiles lloraba la muerte de Martin Luther King y el país aún estaba sobrecogido por el asesinato de Bobby Kennedy, aquel rock psicodélico que venía de la costa oeste triunfaba en las radios, los festivales de música al aire libre, los conciertos en los campus de las universidades y los ballrooms tanto de San Francisco como de Nueva York. Cualquiera que sintonizase aquel otoño emisoras como la WABX de Detroit o la KMET de Los Angeles vibraba con discos como “Crown of Creation” de Jefferson Airplane, “Cheap Thrills” de la Big Brother & The Holding Company con Janis Joplin al frente, “Wheels Of Fire” de Cream o “Waiting For The Sun” de los Doors. Sin contar con con la furia radical de los MC5 de “Kick Out The Jams” o la revolución sonora de Jimi Hendrix con su irrepetible “Electric Ladyland”. Música que nacía de un profundo sentimento de reafirmación de la libertad, de crear algo nuevo, de romper con lo establecido, que aquella generación hizo suya no solo para romper moldes en la música, sino para acabar con los esquemas de una sociedad consumista, deshumanizada y belicista, que había embarcado al país en una guerra que ni entendían, ni deseaban ni querían hacer.

No solo era aquella música rompedora y vanguardista; era tambien su mensaje, expresado en forma de letras que hacían clara y abiertamente un llamamiento a no participar en aquella guerra. Ya en 1965 Pete Seeger decía en “Where Have All The Flowers Gone”, canción popularizada en las versiones de Peter, Paul & Mary y Joan Baez: “¿Adónde se han ido todas las chicas? Se han ido a por marido, todas / ¿Adónde se han ido todos los maridos? A hacerse soldados, todos / ¿Adónde se han ido los soldados? A los cementerios, todos”.

Dos años antes, Bob Dylan incluyó en su legendario álbum “The Freewhweelin” de 1963 versos como los siguientes: “Vosotros que construís los aviones de la muerte / Vosotros que fabricáis todas las bombas / Vosotros que os escondéis entre paredes / Vosotros que os escondéis detrás de mesas / solo quiero que sepáis que veo a través de vuestras máscaras”. La canción era “Masters Of War” y fue al cabo de los años una suerte de himno no oficial de las concentraciones pacifistas en las universidades.
Cuando se estaba incubando la Ofensiva del Tet a finales de 1967, Country Joe & The Fish editaron “I-Feel-Like-I’m-Fixin’-to-Die Rag”, pieza compuesta en el verano de 1965, justo cuando la participación militar de los EEUU en Vietnam aumentaba al mismo tiempo que se hacía más visible la contestación social y el rechazo a la guerra. Todo un clásico del rock americno de los 60 en el que se decía: “Y es uno, dos, tres, ¿por qué luchamos? / No me preguntes, no me importa una mierda / La siguiente parada es Vietnam / Y son las cinco, seis, siete, abren las puertas nacaradas / Bueno, no hay tiempo para preguntarse por qué / Whoopie! ¡Vamos a morir todos!”

Verano de 1968, The Doors en “The Unknown Soldier”: “El desayuno en que se leen las noticias / que alimenta a los niños criados por la televisión / Vivos sin nacer, vivos, muertos / Balas contra la cabeza en el casco / Y todo ha terminado para el soldado desconocido”. Y ya en 1969 y bajo el explícito título de “War”, Edwin Starr decía en este clásico conocido años después en la emotivab versión que hizo sobre él Bruce Springsteen: “La guerra, buen Dios, ¿para qué es buena? / Para absolutamente nada, escúchame / Aborrezco la guerra porque significa destrucción / de vidas inocentes / La guerra significa lágrimas en los ojos de miles de madres / cuyos hijos van a luchar y perder sus vidas”.

Jann S.Wenner, el fundador de la revista Rolling Stone, afirmó en 1976 que con toda seguridad “Charlie” – sobrenombre que los americanos daban al Vietcong- jamás pudo imaginar que tendría en la retaguardia de su enemigo a dos aliados tan poderosos para desmoralizar y desmotivar a los soldados como la marihuana y el rock’n’roll. En aquellos dias, las humillantes imágenes del personal diplomático escapando a contrareloj de sus embajadas en Vietnam del sur y Camboya y la icónica imagen que pasó a la historia con aquel último depacho de guerra de una línea que simplemente decía “Último helicóptero abandona Saigon” dejaron una huella en el orgullo y en la conciencia colectiva de Estados Unidos como nación que quizá aún no hayan superado.
La banda sonora de aquella revuelta contra la guerra no en vano se evoca en este medio siglo con discos cuyo aniversario se celebra en forma de reediciones, remasterizaciones e incluso volviendo a la venta en el mismo formato de los 60: el vinilo. El rock, la música que cambió el mundo. Mucho más que un eslógan. La música que acabó con una guerra y quizá también, con toda una visión de América.

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* Nota original del diario “La Región”

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