Francia: el ascenso de la extrema derecha en el espacio público

La extrema derecha tiene el viento en popa. Se excita, logra que se hable de ella una y otra vez y pretende convertirse en alternativa política, con la invaluable contribución de los medios de comunicación.

Mediante manifestaciones, shows de supuestos cómicos y campañas contra la diversidad de género, la extrema derecha logró volver no sólo a las calles, sino al debate público permanente, presentándose como una opción política normal.

En la primera vuelta de las actuales elecciones municipales aparecieron en casi toda Francia planillas y listas electorales de candidatos del Frente Nacional (FN). Lograron cierto éxito, pues siguen presentes en la segunda vuelta, incluso en algunas grandes ciudades, como Aviñón y Perpiñán. También consiguieron establecerse una docena de ciudades pequeñas o medianas.

El principal partido de extrema derecha, fundado a inicios de los setentas para unir a todas las formaciones nacionalistas de la época para así tener cierto peso en la vida política francesa, se queja permanentemente de que está en el ostracismo -su negocio de siempre-, pero estos últimos años está siempre presente en los medios de comunicación, invitado por periodistas que, sin vergüenza alguna, colaboran con la estrategia de limpia de imagen del FN puesta en marcha por su presidenta, Marine Le Pen.

El drama es que las ideas de la extrema derecha estén presentes de forma continua en el espacio público y se discuta de ellas como de cualquier otra opción política, como si fueran respetables.

El éxito del FN en las elecciones municipales le permite tener una importante base local, cuando hasta ahora sólo habían gobernado ciudades más o menos pequeñas, lo que les permitirá capitalizar su experiencia (particularmente con los subvenciones para los cargos electos), para subir poco a poco a los peldaños superiores y poder esperar llegar, un día, al gobierno. Ahí reside el peligro de esos resultados electorales, porque en términos de número de votos el FN no obtuvo un resultado mejor al de las elecciones presidenciales de 2012; no progresa por ese lado.

En este invierno 2013-2014 vimos también la repentina confrontación entre el entonces ministro del Interior, Manuel Valls (miembro del Partido Socialista que realiza una política más que dudosa, sobre todo contra los roms, gitanos de Europa del Este) y el supuesto cómico pero verdadero militante antisemita Dieudonné – quien, sin embargo, a mediados de los noventas fue candidato en las elecciones en la ciudad de Dreux, en oposición al FN.

En sus espectáculos actuales, Dieudonné ataca a los judíos cada vez que puede, haciendo pasar sus abyecciones por humor. Estima que la esclavitud no es reconocida a la misma altura que la shoah (el Holocausto) y lleva la competencia entre víctimas hasta el punto de, por ejemplo, invitar al escenario al historiador negacionista Robert Faurisson, vieja figura de la extrema derecha francesa, y a atribuirse el apoyo permanente de Alain Soral, “intelectual” megalómano fascista que se presenta como anti-sistema.

Las tesis del dueto Dieudonné-Soral -bastante popular entre los inadaptados de la parte baja de la escala social- son excesivamente mediatizadas, lo que amplifica su difusión y permite que el Partido Socialista se muestre intransigente frente al antisemitismo y se pavonee como baluarte de la lucha contra la extrema derecha… en vísperas de la elecciones municipales, a pesar de que desde hace unos diez años sabemos muy bien, desde abajo y a la izquierda, que Dieudonné no es de los nuestros, que su actitud de “rebelde” no oculta su fascismo. Por eso todo mundo habla de él como si nada: “Entonces, ¿estás a favor o en contra de Dieudonné?”, como si el antisemitismo pudiera discutirse, entenderse y ser aceptado como algo banal.

Vemos igualmente que la extrema derecha consigue hacer su aparición en temas en los que no se le esperaba, particularmente en un llamado a retirar los niños de la escuela pública un día al mes para protestar ¡contra la impartición de teoría de género! Desafortunadamente no es un chiste: la primera edición de esta Jornada de Retirada de la Escuela, el 27 de enero de 2014, fue un éxito en ciertas zonas. La “Teoría de Género” sería –supuestamente- enseñada en la escuela, particularmente mediante la difusión de la película Tomboy (de Céline Sciamma, 2011), que narra las aventuras de una niña que más o menos intencionalmente prueba la experiencia de vivir como un niño.

Este movimiento de protesta de extrema derecha encontró su buque insignia en la profesora Farida Belghoul (allegada del mencionado “intelectual” Alain Soral). Ella proviene también de la izquierda antirracista, ya que fue la portavoz de Convergence, la segunda marcha contra el racismo y por la igualdad, en 1984. Los poco recomendables activistas de ese movimiento aseguran que “con el pretexto de la igualdad entre los sexos, el microlobby LGBT ha decidido imponer su visión del mundo a la aplastante mayoría de la población”, impregnando “las cabecitas de nuestros niños desde la más tierna edad con el fin solapado y perverso de prepararlos a una mejor receptividad”. Uno de sus carteles es explícito, en él puede leerse: “No toques mis estereotipos de género”. El sexismo y la homofobia tienen aún mucho futuro, ya que una vez más todo este asunto tiene toda la resonancia mediática.

A finales de enero de 2014 tuvo lugar en París una extraña manifestación, llamada “Día de la Cólera”. Acudieron 17 mil asistentes: neonazi, jóvenes de los suburbios que apoyan a Dieudonné, miembros de la Primavera Francesa (uno de los principales componentes del movimiento contra el matrimonio homosexual en 2013), católicos monarquistas, complotistas y paranoicos, e incluso o hooligans del PSG, el equipo de futbol de París. ¿Cuál fue su punto en común? Estar furiosos contra la “Dictadura Socialista” y querer expresar su “desaprobación a la clase política” en general. Nada consistente. La principal – y la única – novedad es que fue un cajón de sastre bastante inédito, que cristaliza la protesta de la extrema derecha dispuesta a pelear. A pesar de los enfrentamientos con la policía y los 250 detenidos de ese día, estos fascistas tienen previsto volver a hacerlo a inicios de abril.

Si es evidente que la extrema derecha está de regreso en la calle, un terreno que raras veces ha ocupado en las últimas décadas, es preocupante sobre todo que esté tan presente en las mentes y en el debate público. Extirparla de ahí no se hará sin esfuerzo.

Cuestionar a los medios masivos de comunicación (y la lobotomía permanente que realizan) puede contribuir enormemente en la lucha para detener el ascenso de la extrema derecha. No se trata solamente de criticar lo que emiten, sino también y sobre todo, comprender y oponerse a su funcionamiento.

* Traducción de Jaime Laleffe para desInformémonos

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