Guerra en Venezuela

Mikel Itulain*. LQSomos. Agosto 2017

No veo por qué necesitamos esperar y ver que un país va hacia el comunismo debido a la irresponsabilidad de su propia gente. Henry Kissinger (respecto a Chile en 1973).

Venezuela se desliza hacia una dictadura, y como ha dicho el presidente Trump, Estados Unidos no se quedará parado mientras Venezuela se desmorona.
Mike Pence (Vicepresidente de los Estados Unidos, 2017).

Se han realizado numerosas comparativas entre la situación reciente y presente de Venezuela con lo sucedido en Chile en los años 70. Y es cierto que hay motivos para hacerlas, ya que los procedimientos seguidos por los grandes propietarios venezolanos y sus socios de las corporaciones norteamericanas para acabar con el gobierno popular y legítimo bolivariano, son muy similares a los que se pusieron en marcha en el país del cono sur a fines del siglo pasado. Desde una guerra económica para evitar el desarrollo de la nación y crear escasez y malestar en la población, al empleo de bandas paramilitares que tratan de amedrentar al personal, y, por supuesto, la guerra mediática que altera y adultera la realidad chilena de entonces y la venezolana actual. Difundida por las transnacionales de la desinformación, propiedad de los magnates dueños de la economía.

Sin embargo, hay diferencias. Partiendo de que el promotor de la revolución en Venezuela era un militar, por lo que ésta se supo ganar y tener de su lado en su mayoría y en la mayoría de las ocasiones al ejército. De modo que la violencia castrense no abortase la voluntad del pueblo por el habitual uso de la fuerza y del terror. Porque aquí residía y reside el sustento de los gobiernos de Chávez o Maduro, en una enorme base social comprometida y activa, que no solo habla sino que hace, que no se queda en palabras sino que repercute en hechos. Y hace porque hay motivos, razones bien sustentadas y notorios resultados.

“Millones de sus compatriotas perciben correctamente a Chávez por ser el único presidente que ha prestado alguna vez atención a las zonas más pobres de la nación. Su gobierno representa una forma completamente diferente de organización social, en la cual las naciones del mundo deberían poner a la gente por delante de los beneficios, usando la riqueza de la nación para servir a la población trabajadora en vez de a los pocos privilegiados”.

Ante este estado de las cosas, las clases privilegiadas no pueden tener otra, si quieren seguir con sus antidemocráticos e impositores planes, que desencadenar una agresión externa, similar a lo hecho en Libia y Siria. A ser posible una combinación de ataques mediante mercenarios y de intervención de la OTAN o de Estados Unidos. En este último caso, la de la entrada de estos dos, por medio de una acción fulminante que trate de derrocar a la presidencia.

Pero las cosas no son tan sencillas. Aún procediendo con estas tácticas tan habitualmente efectivas, como lo fueron en Irak y Libia, aunque en el texto que sigue no se perciban, y siendo los agresores tan poderosos. Porque el rival no es menor, no es alguien que esté desarmado, tampoco desprevenido, pues llevan tiempo esperándolo, es además numeroso, correoso y en absoluto está ni va a estar falto de moral.

Lo que tenemos enfrente, afortunadamente, se antoja muy complicado para los que tratan de vulnerar la legalidad democrática y la voluntad popular. Parece ser que se aprendió de los errores pasados de otros.

Referencias-Notas:
Michael Parenti. The face of imperialism. Paradigm Publishers. 2011, p.118
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@MikelItulain

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