Ha llegado el colapso porcino

Por Gustavo Duch*. LQSomos.

Ya es hora de que la administración y el sector asuman que el modelo de agroindustria no es sostenible ni ecológicamente ni económicamente. Que no sufrimos el estallido coyuntural de una burbuja, sino que nos encontramos en un colapso del sector

Imaginemos un territorio especializado en una única industria. Imaginemos que se cruzan una serie de factores que provocan que todos los costes para su funcionamiento, en poco tiempo, asciendan mucho, muchísimo: la materia prima, el transporte, la energía… Imaginemos que, además, la situación se complica porque la demanda del producto que genera esta industria cae en picado. ¿Preocupante?

Esta es la situación que en estos momentos está sufriendo la industria cárnica catalana. En el capítulo de los costes, el principal, la materia prima con la que alimentan a sus animales, los piensos (uno de cuyos ingredientes principales es la soja importada, brasileña, transgénica y apestada de glifosato) se ha encarecido al menos entre un 20% y un 40% en muy poco tiempo, por escasez y por especulación. El disparado incremento de la energía también afecta fuertemente a estas empresas muy tecnificadas, y lo mismo pasa con otro de sus gastos importantes, el transporte marítimo (implicado en la importación de materia prima y en la exportación del producto final) que, colapsado, ha multiplicado por diez el precio de alquilar un contenedor.

Peste porcina superada

En el capítulo de ventas, el sector está perdiendo a su principal cliente, China, que absorbía más de una tercera parte de toda la producción catalana. Durante unos cinco años, la epidemia de peste porcina que afectaba al país asiático fue un estímulo para la ampliación de granjas o la creación de nuevas porque la demanda era muy alta y las ventas estaban garantizadas. Pero todo sueño tiene su despertar y China está superando su crisis porcina y, además, está promocionando que se produzca para ellos en otros territorios a costes más bajos.

Dos buenos indicadores para analizar la caída del precio por la reducción de la demanda es comparar los precios en Mercalleida del cerdo de engorde y del lechón de 20 kg. El primero, en junio de este 2021 se pagaba a 1,55 € el kilo, ahora en octubre se paga por debajo de 1,07. En el caso del lechón, hemos pasado de 66,50 € a solo 18,00 €.

¿Preocupante? Sí, me consta que el sector está muy preocupado. ¿Qué pueden hacer para salir de esta pesadilla? Repercutir el incremento de los costes en el precio final de sus productos todavía haría más difícil su venta. Reorientar la producción hacia otros mercados internacionales es complicado, no existe en el planeta Tierra otra China. Reforzar el mercado local sería una buena opción si no fuera porque la sobredimensión de esta industria no la puede absorber una población con un consumo saturado de carne. Y la opción de los asesores economistas, cuando recomiendan “paren durante un tiempo las máquinas hasta que todo vuelva a la normalidad”, tiene dos graves inconvenientes: primero que las cerdas y los cerdos no son máquinas que puedes parar, comen cada día, y segundo, que su normalidad es solo un deseo imposible. La propia Agencia Mundial de la Energía reconoce que en 2025 dispondremos de un 30% menos de petróleo.

Ya es hora de que la administración y el sector asuman que el modelo de agroindustria no es sostenible ni ecológicamente ni económicamente. Que no sufrimos el estallido coyuntural de una burbuja, sino que nos encontramos en un colapso del sector. Y que el camino pasa por un decrecimiento que, en este caso, significa sustituir las megagranjas que juegan a la globalización por pequeñas granjas que alimentan a los animales con pastos y granos del territorio para ofrecer alimentos, en la cantidad justa y con la máxima calidad, a la población local.

* Palabre-Ando

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