Habla Julio Álvarez del Vayo

Redacción. LQS. Septiembre 2019

Siguiendo con nuestras publicaciones sobre la figura de Julio Álvarez del Vayo, este mes de septiembre publicamos una entrevista realizada por Abel Paz, a Julio Alvarez del Vayo, ex ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno Republicano español (4 de septiembre de 1936 a 28 de marzo de 1939) (1)

Esta entrevista fue difícil de realizar debido a las actividades políticas que llevaba a cabo Julio Alvarez del Vayo, pese a su ya avanzada edad. Iba de un lado para otro tanto en Europa como fuera del continente, siempre ilusionado en encontrar medios de acción eficaces que dieran al traste con la dictadura de Franco. Debido, pues, a ese ajetreo, cuando recurrimos a Antonio Fernández, secretario en París de Alvarez del Vayo, nos prometió su colaboración, asegurándonos que se aprovecharía su vuelta a París para que se cumpliera nuestro deseo, cosa que en realidad tardó más de tres meses. Pero al fin, el día 10 de enero de 1972, en un discreto café de la rue des Saints Pères, en París, pudimos entrevistar a Alvarez del Vayo.

Era la primera vez que teníamos ocasión de hablar personalmente con el ex ministro de la República que tanto había dado que hablar, fuera en España como en la Sociedad de las Naciones (Ginebra). La labor de este hombre al frente de los Negocios Extranjeros del Gobierno republicano era muy conflictiva y hay duras críticas sobre ella, tanto del lado anarquista como socialista. Solamente el Partido Comunista Español, durante la guerra, defendió la política que Alvarez del Vayo realizaba desde su ministerio. Pero terminada la guerra y después que se produjera la escisión en el PSOE, capitaneando Alvarez del Vayo una fracción de ella, también cayo sobre él la crítica del PCE. De esto puede inferirse que la conflictividad, quizás, radicaba en la personalidad propiamente dicha del personaje.

Las dos horas -y desde el principio- que estuvimos con él realizando esta entrevista, sacamos la conclusión que Alvarez del Vayo podría tener de todo menos de diplomático. Es evidente que poseía un fuerte control sobre sí y sobre su pensamiento, pero había una fuerte dosis de ingenuidad en su persona. Sin embargo, esa ingenuidad quedaba contrarrestada por su tono y comportamiento modesto.

La mezcla de todos estos elementos, unidos o matizados por dicha ingenuidad, quizá pueda explicar por ahí su llamada traición a Largo Caballero y su entrega a la política de Stalin en España. Nos pareció, pues, un hombre confiado, seguro de sí mismo y sinceramente -aunque sus caminos fueran equivocados para algunos- amante de la causa del pueblo español.

El tema principal de la entrevista era la cuestión de Marruecos, sobre cuyo asunto estábamos preparando un trabajo que si algún día se publica llevará como título “La cuestión marroquí en la revolución y guerra de España”. Alvarez del Vayo podía sernos de mucha utilidad explicándonos los pormenores de las gestiones que durante la guerra española el Gobierno Republicano había realizado con la intención de atraerse como aliados a los rifeños. Las respuestas, que vamos a transcribir a continuación, que Alvarez del Vayo dio a nuestras directas preguntas, no son satisfactorias. Es cierto que aclaran algunos pormenores confirmando ciertos hechos, como la iniciativa de García Oliver a entablar directamente gestiones con el CAM (Comité de Acción Marroquí, en Fez) para ganar a la causa republicana española al arabismo. Sin embargo, Álvarez del Vayo dejó muchas cosas en la oscuridad encubriendo su deseo de no querer hablar con el eufemismo de “no tuve conocimiento de eso”, o “no sé nada de ello”. Podíamos haber extremado nuestras preguntas, pero estamos seguros que no hubiéramos obtenido mayor información.

Fue una lástima, tanto para el conocimiento histórico como para Alvarez del Vayo, pues a la altura en que nos encontrábamos hubiera sido muy útil la posibilidad que le ofrecimos para llevar el asunto con un sentido más crítico, aunque ello implicara la autocrítica de su función como ministro de Asuntos Exteriores durante ese período.

ENTREVISTA

PREGUNTA.- ¿Qué sabe usted de los contactos que hubo entre el CAM y el Gobierno Republicano durante la guerra española (1936-37)?

RESPUESTA.- Antes de responder a esa pregunta tan directa, permítame explicarle, para mejor situar las cosas, mi opinión sobre la situación política que se nos creó con el levantamiento militar.

En vísperas de la rebelión de Franco, yo fui ese mismo fin de semana a Biarritz para pasar unos días con mi familia, que se encontraba veraneando allí. Marché con una sensación de inquietud muy grande, porque estaba convencido de que iba a producirse una rebelión militar. Desgraciadamente, entre los llamados dirigentes, me encontraba en minoría. El mismo presidente de la República, Manuel Azaña, consideraba que yo era un obseso del levantamiento militar. Me dijo varias veces: “Aquí no se levanta nadie”.

Antes de salir para Biarritz, el viernes, envié un recado al presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra -por cierto, un buen amigo mío-, señor Casares Quiroga, por el que le decía “que no me atrevía a salir de Madrid, porque me temía que de un momento a otro iba a producirse la rebelión militar”. Me contestó muy amablemente y un poco irónico “que podía pasar no sólo un fin de semana, sino varios, en Biarritz”. La rebelión se produjo y yo traté inmediatamente volver a Madrid desde Biarritz. Naturalmente, fue un intento de viaje en coche accidentadísimo, expuesto varias veces a caer en manos de los rebeldes, incluso de ser fusilado por los nacionalistas vascos, que me confundieron con otra persona. Pero el caso fue que hube de volver a Biarritz, y emprender el regreso siguiendo la vía Barcelona-Valencia para alcanzar Madrid.

Ahora vamos a entrar en el objeto de su pregunta. En Barcelona vi a García Oliver, un dirigente anarquista muy activo. Hablé con él y me dijo “que a él le parecía que el Gobierno de la República -presidido ya entonces por José Giral (que había reemplazado a Diego Martínez Barrio en la mañana del 19 de julio de 1936, como éste había reemplazado a Casares Quiroga en la noche del 18 de julio)- no aprovecha la oportunidad de la predisposición que los países africanos manifestaban de apoyo a la República española”. “Si esa oportunidad se aprovecha –me dijo- compensará a favor nuestro el éxito de nuestra causa, debido a que el general Franco se había sublevado en Marruecos y nos atacaba desde allí”. Ambos discutimos a fondo este asunto. Y al final de nuestra conversación, cuando yo tenía que salir para Madrid, me recomendó que defendiera en Madrid nuestros puntos de vista: “Dado –me dijo- los conocimientos que usted tiene sobre cuestiones internacionales, trate por todos los medios de influenciar al ministro de Estado, señor Vázquez, y al señor Giral para que no se pierda la oportunidad que se nos ofrece para ganar la guerra”.

A mi llegada a Madrid hablé con el Señor Giral del asunto y éste me contestó: “Ya tenemos demasiadas complicaciones”. Estaba Giral entonces gestionando el llamado pacto de “no intervención” (que fue un desastre para la República). Conste que ese pacto se firmó antes de ser ya ministro de Relaciones Exteriores (entré cuando se constituyó el Gobierno de Largo Caballero, el 4 de septiembre de 1936, y el “pacto” fue iniciado por León Blum-Eden el 24 de julio de 1936) (2). En las veces en que insistí a Giral sobre la cuestión de Marruecos, éste siempre, muy abrumado, me dio la misma respuesta: “que no era conveniente meterse en una complicación más”.

Después, cuando yo fui ministro de Negocios Extranjeros (de “Estado”, como se le llamaba entonces), intenté renovar los contactos con los marroquíes, pero siempre encontré oposición entre los dirigentes españoles, porque ellos todavía tenían fe en una modificación de la política francesa respecto a la guerra española (fe que yo nunca compartí y menos aún después de tener las duras conversaciones que sostuve con León Blum, jefe del Gobierno del Frente Popular en Francia). De modo que, en el fondo, fue una aproximación a los países africanos que quedó frustrada desde el principio.

PREGUNTA.- ¿Piensa usted que este tema, además de su valor histórico, merece atención de actualidad?

RESPUESTA.- ¡Claro que sí! Actualmente (1972) esto tiene suma importancia debido el apoyo que existe en Argel y otros países africanos con la causa republicana española. Yo lo he podido constatar, puesto que siempre he aprovechado las reuniones de las Naciones Unidas, en donde me he encontrado con jefes de Estado de países africanos para ver la manera de obtener sus apoyos en nuestra lucha contra la dictadura de Franco. Sigo estando convencido que el movimiento de liberación español cuenta con muchísimas simpatías en África y un posible y lógico apoyo. Ahí está el caso de Eustaquio Casas, socialista de izquierda formidable, que se ha jugado varias veces la vida pasando la frontera para salvar la de algunos de nuestros compatriotas…

PREGUNTA.- Robert Rezette es un especialista en las cuestiones marroquíes y es de los pocos que se han hecho eco de los intentos de aproximación que se hicieron durante la guerra entre el CAM y el Gobierno republicano. Escribe que en los meses de septiembre y octubre de 1936, se trasladó a París una delegación del CAM para tratar con León Blum el problema de cómo podrían ayudar los marroquíes a la República española y que el jefe del Gobierno francés se negó a recibirla, perdiendo la República española, por esa actitud, uno de sus posible mejores aliados. El periodista e historiador inglés Geoffrey Fraser, también ha escrito que en una entrevista que él tuvo con León Blum, cuando éste se encontraba preso en la cárcel de Riom bajo el Gobierno de Vichy, Blum reconoció amargamente el gran error que cometió entonces al no aprovechar la oportunidad que los marroquíes ofrecieron a la República española (3).

RESPUESTA.- Efectivamente. Fraser, que es un buen amigo mío, me refirió en una ocasión la versión relativa a León Blum. Me dijo que Blum reconoció que en la cuestión de Marruecos había cometido un grabe error al privar a la República española de la ayuda que los marroquíes podían aportarle.

PREGUNTA.- En España, poco se habló en la época de este asunto. Incluso pocos son, también, los historiadores que escriben documentadamente sobre el tema y, cuando lo hacen, es siempre en el sentido de reproche a la República por no haber pensado su guerra contra Franco, tomando como plataforma de ella el mismo suelo de Marruecos. Una sola obra española hace referencia a esta cuestión: La historia de la guerra y de la revolución española, escrita colectivamente por el PCE., pero por la versión que en ella se da, la responsabilidad recae sobre Largo Caballero como si éste y sólo éste fuese el único responsable del asunto. En la mencionada obra se escribe que una delegación marroquí (CAM) acudió a Barcelona y suscribió un pacto con los partidos políticos y las organizaciones obreras, por el cual el Gobierno de la República se comprometía a extender al Protectorado español en Marruecos la autonomía política y administrativa que gozaba Cataluña en virtud de su Estatuto. Pero que Largo Caballero, sin consultar con nadie, se negó a suscribir el pacto en cuestión (4). ¿Qué es lo que usted conoce de este asunto?

RESPUESTA.- De este asunto conozco lo que he ido sabiendo posteriormente a los hechos. Es seguro que Largo Caballero no sometió ese asunto al Consejo de Ministros.

PREGUNTA.- A usted, como hombre de confianza y además ministro que era de Asuntos Exteriores, ¿Largo Caballero no le tuvo al corriente de la oferta del CAM? ¿No hubo ningún ministro que ante el silencio de Caballero presentara la cuestión pidiéndole explicaciones?

RESPUESTA.- Por lo que a mí respecta, mantengo que Largo Caballero no me consultó, y en cuanto a la segunda pregunta, ninguno de los ministros presentó la cuestión en Consejo de Ministros (5).

PREGUNTA.- Según se desprende de las propias memorias de guerra de Manuel Azaña y de Vicente Guamer, Largo Caballero, pese a su negativa al trato directo con el CAM, inició una acción en Marruecos encargando de ella a Carlos Baraibar, misión que tenía por objeto sublevar las cábilas contra Franco, pero –también según Manuel Azaña- fue Negrín, en junio de 1937, quien puso punto final a las actividades de Baraibar en Marruecos . ¿Qué puede usted decirme de todo esto?

RESPUESTA.- Le repito que de Marruecos la única vez que traté de ese asunto fue a raíz de la conversación que sostuve con García Oliver en Barcelona y después la acción que ya he relatado en Madrid acerca de Giral. Después, nada más. Puede estar seguro que yo hubiera apoyado esa iniciativa, puesto que mi posición era buscar la victoria de la República aprovechando todas las oportunidades, no haciendo diferencia en nada desde el Vaticano hasta Moscú.

Notas:
1.- Julio Alvarez del Vayo, destacó antes de la guerra civil española como periodista. Trabajó para –La Nación-, de Buenos Aires. En 1926 escribió un libro, “La Nueva Rusia”, que resume los viajes que hizo a ese país en los años 1922 y 1924. Como socialista estuvo muy ligado a Largo Caballero, hasta el punto de distinguirle éste por su gran amistad. Por consejo de Alvarez del Vayo, Caballero accedió en 1935 a la unificación de las JJ.SS. con las JJ.CC. de cuya nueva organización (J.S.U.) fue Santiago Carrilla su secretario general. Para su acción en la guerra de España, se puede consultar su libro “Les Batailles de la Liberté”, editado en París en 1953.
2.- Sobre esta actividad de León Blum, es interesante la lectura de la carta que le envió Vicente Aurios el 12 de agosto de 1936, mantenida inédita hasta el día 26 de noviembre de 1975, fecha en que fue reproducida por el diario parisino “Le Monde”. Véase su texto en apéndice.
3.- Robert Rezette: Les Partis politiques Marrocains. Ed. Armand Colin, París, 1955. Geoffrey Fraser y Thadee Natanson: León Blum: Man and Statesman, editado en Londres. La cita de este libro la recoje Joel Calton en: León Blum. Ediciones Fayard, París, 1965.
4.- Esta historia del Partido Comunista es muy tendenciosa y de ahí que su valor histórico sea nulo. En la cuestión que relatamos dice la verdad a medias. Los hechos fueron así: García Oliver inició gestiones con del emir Chekib Arslan, residente en Ginebra, a través de una delegación compuesta por el egipcio Argila y Jaime R. Magriña. Esas gestiones culminaron en un pacto que se firmó en Barcelona en septiembre de 1936 entre el Comité Central de Milicias de Cataluña y el Comité de Acción Marroquí. Además de los citados en el inicio de las gestiones se encuentraba David Rousset, delegado de la IV Internacional en Fez en agosto de 1936 y Robert Louzon, director entonces de “La Revolution Proletarienne”. La Comisión catalana que se desplazó a Madrid para discutir con Largo Caballero la cuestión del pacto con los marroquíes estaba compuesta por: Jaime Miravilles (ERC), Julián Gorkin (POM), Aurelio Fernández (CNT-FAI) y Rafael Vidiella (UGT). Es cierto que Largo Caballero se negó a discutir con la delegación catalana porque “Cataluña se abrogaba competencias impropiamente”. No obstante, Largo Caballero habló con la delegación marroquí y consultó con el Gobierno francés (León Blum) y fue de éste de quien recibió por conducto de su embajador en Madrid, la indicación de no llevar adelante, oficialmente hablando, el trato con los marroquíes. Pero conviene hacer una observación: por todos es sabido cómo funcionaba el PCE y, por tanto, este partido así como los “consejeros” de Moscú (Togliatti) y Rosenberg (embajador ruso) y Antonio Ovssenko (cónsul soviético en Barcelona) estuvieron al corriente del asunto desde un principio. Si Largo Caballero ocultó a Del Vayo y no informó al Consejo de Ministros (cosa que es muy dudosa, sobre todo con relación a Vayo, por el cargo que éste tenía), ¿qué impedía a los ministros comunistas (Jesús Hernández y Vicente Uribe) presentar la cuestión en el Consejo de Ministros? La verdad era que a Stalin no le interesaba de ninguna manera internacionalizar la guerra española -cosa que hubiera acontecido de llevarse a la práctica el pacto firmado en Barcelona-. Cargar la responsabilidad única sobre Largo Caballero y León Blum es un comportamiento político que encaja perfectamente en la línea jesuítica practicada por la Internacional Comunista.
5.- Remitimos a la última parte de la nota anterior.
6.- Véanse: Memorias políticas de Manuel Azaña, Tomo IV, páginas 613 a 751 (“La Pobleta, 1937”) y Vicente Guarner: Cataluña en la guerra de España.

Inolvidable: Julio Álvarez del Vayo

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