Hablando con Benet Salellas

Redacción. LQS. Junio 2019

El nombre de Benet Salellas ha tomado mucha sonoridad desde el inicio del proceso al procés. Forma parte de la defensa contra esta nueva aberración judicial, política, contra el derecho a decidir, contra la democracia. Asistimos al día a día de ese juicio viendo cómo se coarta, de forma sutil, el derecho a la defensa

Este no es el primer juicio político al que se enfrenta Benet Salellas, abogado de Jordi Cuixart en el juicio del procés: ha defendido, entre otros casos, el de Enric Stern y Jaume Roura, condenados por la Audiencia Nacional por quemar unas fotos del rey y a quienes el Tribunal Europeo de Derechos Humanos dió la razón en 2018, condenando al Estado español a indemnizarles.

En noviembre del pasado año publicó “Jo acuso. La defensa en judicis polítics”, un libro imprescindible para poder interpretar mucho de lo que está pasando en estos días en el Tribunal Supremo. El libro será publicado en breve también en edición en castellano.

LoQueSomos ha tenido la oportunidad de hablar y preguntar a este licenciado en Derecho y Filología griega, que ahora pasa gran parte de la semana en Madrid.

LoQueSomos: Nadie cuestiona la existencia de juicios políticos durante el franquismo pero, ¿cómo es posible que siga habiendo juicios políticos en democracia?

Benet Salellas: Me parece que deriva sobre todo de la forma en la que se llevó a cabo la Transición. En el ámbito de la administración de justicia no hubo ninguna ruptura y por lo tanto las mismas personas siguieron ocupando los mismos cargos con tribunales muy parecidos, a pesar de la declaración de derechos de la Constitución de 1978 los hábitos y los actores siguieron actuando en un sistema muy parecido. Aunque se ha renovado por razones evidentes biológicas y a pesar de que existe gente muy potente en la judicatura y en la fiscalía, la cúpula del poder judicial y la jurisprudencia que emana de ella ha mantenido una cosmovisión, unos valores y una forma de impartir justicia con dejes muy autoritarios. Y eso es lo que permite la existencia de un poder judicial que se siente llamado a participar en cuestiones políticas, por razones de Estado.

LQS: Parece que hemos asumido las cloacas del Estado como un “mal menor”…

B.S.: Bueno una parte importante del mundo jurídico ha denunciado desde siempre esta situación. Por ejemplo, criticando la existencia de un tribunal como la Audiencia Nacional que sustituyó de la noche a la mañana el TOP franquista, situado en aquel momento, por cierto, justo debajo de la sala donde celebramos el juicio contra Cuixart. O criticando la forma en la que se eligen los vocales del poder judicial y los magistrados del Tribunal Supremo en una forma clientelar que sitúa los jueces más como un poder obediente de las otras instituciones del estado que como un contrapoder que fiscalice al resto de actores estatales.

LQS: Hace 79 años que se fusilaba, después de un consejo de guerra (versión militar del juicio político), a Lluís Companys. ¿Por qué has elegido esta figura para ilustrar la cubierta de tu libro sobre las estrategias de defensa en los juicios políticos?

B.S.: Porque hablo de su juicio en el libro y porque nuevamente es símbolo de esa continuidad histórica tanto del deseo de libertad, justicia y democracia como de la respuesta represiva del Estado. Companys fue juzgado en dos ocasiones por el delito de rebelión, precisamente la misma acusación que ahora pesa sobre Cuixart. Por otro lado me gusta recordar que fue el único presidente democrático asesinado por el fascismo.

LQS: El anhelo de independencia de Cataluña no es un invento de esta generación política, y sin embargo ahora lo que se reclama no es la independencia, sino el derecho a decidir. ¿Cuál es la diferencia?

B.S.: Creo que lo que se busca es poner énfasis en la cuestión democrática, en la autodeterminación, en la capacidad colectiva de tomar decisiones y de responsabilizarnos de ellas, en ámbitos muy diferentes de nuestras vidas en las que la democracia formal que tenemos no nos permite tener cierto poder.

LQS: La libre determinación de los pueblos es un derecho reconocido en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de las Naciones Unidas, ratificado por España en 1976, pero en la práctica, parece un camino cerrado…

B.S.: Bueno es, como todo, un derecho en evolución. Ciertamente se pensó y construyó inicialmente por el proceso de descolonización posterior a la Segunda Guerra Mundial pero el caso de Quebec, por ejemplo, o de Escocia han permitido construir una concepción de autodeterminación interior que me parece muy interesante y que se vincula con el derecho internacional. Evidentemente, los encargados de hacer que el derecho se aplique son los estados y cuando ellos ven peligrar sus intereses…

A mí me parece que la injusticia, sea ley o sea lo que sea, no nos puede dejar indiferentes y nos exige respuestas, entre ellas la desobediencia civil como mecanismo de cambio de aquello que es injusto

LQS: El 1-O, a pesar de todo, se ejerció el derecho a decidir. ¿Cómo viviste ese día?

B.S.: De una forma muy extraña, supongo que como mucha gente. Por un lado alucinado y totalmente emocionado por la capacidad de autoorganización de la gente durante ese fin de semana y la sensación de comunidad que adquirimos, de pueblo, absolutamente desconocida; y, por otro lado y ante la violencia del Estado viví todo el día, muy preocupado por lo que podía pasar en adelante, comprobando que el Estado estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta para impedir la autodeterminación.

LQS: ¿Desobedecer la ley es legítimo? ¿Qué diferencia hay entre legalidad y legitimidad?

B.S.: Lo que no es legítimo es plantear la obediencia ciega, hay que incorporar en nuestras sociedades mucha capacidad crítica que nos permita detectar situaciones de injusticia. A mí me parece que la injusticia, sea ley o sea lo que sea, no nos puede dejar indiferentes y nos exige respuestas, entre ellas la desobediencia civil como mecanismo de cambio de aquello que es injusto. La legalidad y la legitimidad son dos conceptos que deberían ir a la par, pero puede existir ley en contextos muy ilegítimos, como una dictadura. El derecho -la ley- es artificial y aunque parte siempre de una cierta legitimidad en una democracia formal también decimos que es funcional para proteger aquello que colectivamente decidimos que es importante (vida, medio ambiente…), cuando deja de proteger esto entonces la legalidad sirve a intereses de pocos y puede devenir ilegítima.

LQS: Para quien no sabe de procedimientos judiciales, da la impresión de que el juez Marchena está sobreactuando para dar una impresión de ecuanimidad. ¿El juicio está siendo imparcial?

B.S.: Nosotros pensamos que la imparcialidad se perdió desde el momento que el Tribunal Supremo se arrogó la competencia para juzgar un caso que no le competía. Entonces vimos claro que había un posicionamiento estratégico de excepcionalidad que solo podía responder a una posición previa del tribunal en el resultado del juicio.

LQS: ¿Qué derechos fundamentales se han vulnerado en el proceso al procés?

B.S.: Hay mucho derechos de tipo formal y procedimental, siendo el principal de ellos que no te juzgue el tribunal que te corresponde por ley y que acabes juzgado fuera del lugar de los hechos por un tribunal que no hace normalmente juicios simplemente por la notoriedad y gravedad de los hechos. Pero sobre todo es un juicio cuya mera existencia vulnera el derecho fundamental de manifestación pacífica porque juzga y criminaliza la mera expresión de ideas en manifestaciones pacíficas.

LQS: Mucha gente no entiende bien cuál es el delito que se atribuye a Jordi Cuixart y Jordi Sánchez. ¿Qué es lo que se pretende castigar al incluirles en este juicio?

B.S.: Se pretende dar ejemplo y escarmentar. Ellos fueron los primeros en ingresar en prisión precisamente en los días que van del 1-O al 27-O, y fue exclusivamente para influir e intervenir en el proceso político que se vivía en Catalunya. Son dos referentes de la movilización y se pretende desincentivar la agitación callejera.

LQS: ¿Por qué se ha querido hacer un “macroproceso”, metiendo en el mismo saco casos tan diferentes como los Jordis, Carme Forcadell o los consellers?

B.S.: Para visualizar que éste era un proceso contra TODO el independentismo, con voluntad de visión integral y de efecto en la totalidad del movimiento, y especialmente para disuadir a aquellos que están en las instituciones de repetir actitudes y proyectos como los de la pasada legislatura, que pueden gustar o no, pero fueron un ejercicio de poner las instituciones al servicio de la voluntad de la mayoría, y esto asusta a los poderes del Estado. Y un juicio como éste tiene sus efectos, no hay más que ver cómo ha cambiado la actitud del Govern en solo un año.

LQS: Altsasu, La Manada, Cassandra Vera… ¿La justicia protege o persigue al ciudadano?

B.S.: El sistema penal que tenemos construido se nutre todavía de los valores del antiguo régimen. Todo lo que no entre en esa hegemonía tiene posición de vulnerabilidad cuando entra en el engranaje de juzgados y tribunales.

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Un comentario sobre “Hablando con Benet Salellas

  • el 3 junio, 2019 a las 18:38
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    En la última pregunta faltan más casos judiciales de represión como @encausadosarana @TamaraVila83 @valtonyc y muchos más. Es difícil incluirlos a todos y todas.
    Muy buena entrevista compañeros!

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