Hurgando en el Capital de Marx. Capítulo I.2

marx-loquesomos-kapitalAntoni Puig Solé*. LQSomos. Mayo 2016

Carácter doble del trabajo representado en la mercancía

El primer apartado del capítulo primero permite conocer la sustancia y la magnitud del valor. Deja pendiente la forma. Antes de abordarla, Marx ve oportuno examinar más de cerca las dos determinaciones ya encontradas, dedicándoles este apartado, que hace hincapié en el trabajo.

Duplicidad del trabajo REPRESENTADO en las mercancías

El apartado habla de la duplicidad del trabajo, pero no de cualquier duplicidad, sino de la que se representa en las mercancías, o sea, de una duplicidad asociada a una forma concreta de organización social del trabajo.

«En un comienzo, la mercancía se nos puso de manifiesto como algo bifacético, como valor de uso y valor de cambio.»

La duplicidad de la mercancía es fácil de ver, ya que se manifiesta en el ámbito de la circulación y la economía clásica ya se había dado cuenta de ello. Por el contrario, cuesta descubrir del doble carácter del trabajo. Marx se reivindica como el primero en analizarlo, ya que la economía clásica no lo había hecho antes. Además, lo considera como el eje alrededor del cual gira la comprensión de la economía política.

«He sido el primero en exponer críticamente esa naturaleza bifacética del trabajo contenido en la mercancía. Como este punto es el eje en torno al cual gira la comprensión de la economía política, hemos de dilucidarlo aquí con más detenimiento.»

La importancia que para Marx tiene esta cuestión, se puede ver también en una carta a Engels del 24 de agosto de 1867, o sea, de un mes después de que apareciera la primera edición de El Capital donde decía que lo mejor de su obra era “el haber demostrado desde el primer capítulo el doble carácter del trabajo (expresado como valor de uso y valor de cambio)”- y que “toda la inteligencia de los hechos descansaba sobre tal tesis”; además de “haber analizado la plusvalía «.

¿Por qué razón analizar la duplicidad del trabajo es tan crucial para la comprensión de los hechos?

El valor de las mercancías no es físico (es una realidad fantasmagórica, nos ha dicho al comenzar el capítulo) pero eso no significa que sea una ficción. Al contrario: tiene una base física, ya que el proceso de generación de valor es un proceso físico. El valor es, por tanto, una relación social que tiene una base material y Marx la hace visible al poner de manifiesto el doble carácter del trabajo.

Para captarlo mejor, hace entrar en juego dos mercancías:

una chaqueta y
10 varas de lienzo

Se trata de dos mercancías, escogidas arbitrariamente. A pesar de la diferencia abismal entre sus valores de uso y entre sus valores de cambio unitarios, es posible construir entre ellas una igualdad si las tomamos en las proporciones adecuadas. En este supuesto teórico se considera que las proporciones son las siguientes: una chaqueta y 20 varas de lienzo.

Así, podemos comprobar que para construir la igualdad entre dos mercancías, no es necesario que tengan valores unitarios iguales. En el ejemplo, la chaqueta (1v) duplica (2v) el valor de las 10 varas de lienzo.

Actividad productiva, proceso de trabajo y trabajo útil

Una vez construida la igualdad, en ambas partes seguimos encontrando mercancías con valores de uso diferentes que, como consecuencia de esta diferencia, en su producción se han necesitado trabajos cualitativamente diferentes.

«La chaqueta es un valor de uso que satisface una necesidad específica. Para producirla, se requiere determinado tipo de actividad productiva. Ésta se halla determinada por su finalidad, modo de operar, objeto, medio y resultado.»

Marx nos define así, qué es para él la actividad productiva, una definición que redondeará en el capítulo quinto, donde abordará el proceso de trabajo y del proceso de valorización.

Con los ejemplos se están comparando dos valores de uso diferentes con el fin de destacar los aspectos particulares del trabajo necesario para producir cada uno de ellos. Se trata de actividades productivas concretas, que deben satisfacer ciertas condiciones y sin las cuales el valor de uso deseado no llegaría a buen puerto.

«Llamamos, sucintamente, trabajo útil al trabajo cuya utilidad se representa así en el valor de uso de su producto, o en que su producto sea un valor de uso. Desde este punto de vista, el trabajo siempre se considera con relación a su efecto útil.»

Por tanto, el trabajo es útil, y he aquí una nueva definición, si da lugar a un valor de uso aceptado socialmente, sea del tipo que sea un medicamento, un bote de leche o una arma mortífera de guerra), más allá de la opinión personal que nos merezca su utilidad.

Con todo ello, Marx nos anticipa que el proceso de trabajo se organiza siguiendo un propósito. La primera pregunta es: «¿Qué se quiere hacer?» y la siguiente es: «¿Qué clase de actividad es necesaria para hacerlo?» El trabajo realizado será útil, siempre que que aquello que se ha hecho, tenga utilidad social.

Si volvemos a la chaqueta y a las varas de lienzo, nos daremos cuenta que responden a procesos productivos donde se decidió hacer cosas totalmente diferentes y que el modo de hacerlas también fue diferente.

«Así como la chaqueta y el lienzo son valores de uso cualitativamente diferentes, son cualitativamente diferentes los trabajos por medio de los cuales llegan a existir: el del sastre y el del tejedor. Si aquellas cosas no fueran valores de uso cualitativamente diferentes, y por tanto productos de trabajos útiles cualitativamente diferentes, en modo alguno podrían contraponerse como mercancías. No se cambia una chaqueta por una chaqueta, un valor de uso por el mismo valor de uso.»

Las razones del trabajo concreto y la división del trabajo

Pero, ¿por qué en estos y en otros muchos casos hay trabajos diferentes? Por una sencilla razón : porque hay división del trabajo. Dicho de otro modo: el trabajo social total se fracciona
dando lugar a una serie de trabajos concretos, pero todos ellos forman parte de una misma totalidad.

«A través del cúmulo de los diversos valores de uso o cuerpos de las mercancías se pone de manifiesto un conjunto de trabajos útiles igualmente disímiles, diferenciados por su tipo, género, familia, especie, variedad: una división social del trabajo. Ésta constituye una condición para la existencia misma de la producción de mercancías, si bien la producción de mercancías no es, a la inversa, condición para la existencia misma de la división social del trabajo.»

Al incorporar el tema de la división del trabajo, Marx es minucioso. Por un lado deja claro que la división del trabajo es un requisito para llegar a la producción mercantil y que esta división progresa a medida que lo hace este tipo de producción. Por el otro nos dice que puede haber división del trabajo sin necesidad de que haya producción mercantil. Hay que recordar que Adam Smith, consideraba que la división del trabajo y la producción mercantil iban SIEMPRE de la mano y que habían alcanzado una especie de estadio natural que podía perfeccionarse, pero no superarse. Marx no comparte esta sandez.

«En la comunidad paleoíndica el trabajo está dividido socialmente, sin que por ello sus productos se transformen enmercancías. O bien, para poner un ejemplo más cercano: en todas las fábricas el trabajo está dividido sistemáticamente, pero esa división no se halla mediada por el hecho de que los obreros intercambien sus productos individuales.Sólo los productos de trabajos privados autónomos, recíprocamente independientes, se enfrentan entre sí como mercancías.»

Ahora bien, aunque la división social del trabajo es necesaria para la producción mercantil, no es suficiente. Debemos agregarle un elemento adicional: la producción (y propiedad) privada. Por tanto, con la abolición de la producción privada, se dinamitan las bases de la producción mercantil dando lugar a otro tipo de organización productiva, pero no desaparece la división social del trabajo, que se seguiría potenciando y perfeccionando.

Dado que los productos sólo pueden ser cambiados si sus valores de uso son diferentes, Marx llegó a la conclusión de que el trabajo de los individuos específicos que producen los valores de uso, en una sociedad mercantilizada, debe estar vinculado a procesos de trabajo específicos, distintos uno del otro, que requieren habilidades y tareas específicas. Estas diferencias no son estáticas. Se modifican a medida que lo hacen la organización y la división del trabajo.

«A la chaqueta, por lo demás, tanto le da que quien la vista sea el sastre o su cliente. En ambos casos oficia de valor de uso. La relación entre la chaqueta y el trabajo que la produce tampoco se modifica, en sí y para sí, por el hecho de que la ocupación sastreril se vuelva profesión especial, miembro autónomo de la división social del trabajo. El hombre hizo su vestimenta durante milenios, allí donde lo forzaba a ello la necesidad de vestirse, antes de que nadie llegara a convertirse en sastre. Pero la existencia de la chaqueta, del lienzo, de todo elemento de riqueza material que no sea producto espontáneo de la naturaleza, necesariamente estará mediada siempre por una actividad productiva especial, orientada a un fin, la cual asimila a necesidades particulares del hombre materiales naturales particulares.»

Trabajo, valor de uso y naturaleza

Marx termina el párrafo rememorando de nuevo el carácter transhistórico del trabajo y de la producción de valores de uso con unas breves referencias a la relación entre hombre y naturaleza, donde se ponen de manifiesto las falsedades de aquellos que van diciendo alegremente que en El Capital no tiene en cuenta ni la producción del valor de uso, ni el papel imprescindible de la naturaleza en su producción.

«Como creador de valores de uso, como trabajo útil, pues, el trabajo es, independientemente de todas las formaciones sociales, condición de la existencia humana, necesidad natural y eterna de mediar el metabolismo que se da entre el hombre y la naturaleza, y, por consiguiente, de mediar la vida humana.»

Y sin abandonar el relato transhistórico y insistiendo, una y otra vez en que el trabajo humano no puede producir valores de uso sin la contribución de la naturaleza, añade:

«Los valores de uso -chaqueta, lienzo, etc., en suma, los cuerpos de las mercancías- son combinaciones de dos elementos: material natural y trabajo. Si se hace abstracción, en su totalidad, de los diversos trabajos útiles incorporados a la chaqueta, al lienzo, etc., quedará siempre un sustrato material, cuya existencia se debe a la naturaleza y no al concurso humano. En su producción, el hombre sólo puede proceder como la naturaleza misma, vale decir, cambiando, simplemente, la forma de los materiales . Y es más: incluso en ese trabajo de transformación se ve constantemente apoyado por fuerzas naturales. El trabajo, por tanto, no es la fuente única de los valores de uso que produce, de la riqueza material. El trabajo es el padre de ésta, como dice William Petty, y la tierra, su madre.»

La esencia

Después de este análisis sobre el valor de uso, sobre el proceso de trabajo y sobre el trabajo concreto que acompaña a los valores de uso mercantilizados, ya se dan las condiciones para retornar de nuevo al tema esencial: el valor de la mercancía .

Seguiremos observando los dos mismos productos que igualamos antes, pero ahora los observamos como valores en lugar de observarlos como valores de uso.

«Recordemos, por ello, que el valor de una levita es dos veces mayor que el de 10 codos de tejo, que 20 codos de tela tienen la misma magnitud de valor que una levita.»

Al hablar de valor, también comprobamos que hay diferencia entre una mercancía y la otra. Ahora bien, la diferencia es meramente cuantitativa. Ya no se trata de una diferencia cualitativa, como encontramos al hablar del valor de uso. Entonces, como que la diferencia es meramente cuantitativa, es fácil de conseguir la igualdad, a través de una modificación de las cuantías.
El trabajo abstracto

¿Qué permite la igualación? El hecho de que ambas mercancías transportan la misma sustancia.

» Recordemos, pues, que si una chaqueta vale el doble que 10 varas de lienzo, la magnitud de valor de 20 varas de lienzo será igual a la de una chaqueta. En su calidad de valores, la chaqueta y el lienzo son cosas de igual sustancia, expresiones objetivas del mismo tipo de trabajo.»

Más arriba habíamos visto que detrás de cada mercancía concreta hay un trabajo diferenciado. Ahora, en cambio, se nos dice que hay trabajo de la misma especie. ¿A qué viene este cambio de registro?

En el primer apartado del capítulo, Marx ya había dicho que, dado que las mercancías como valores de uso no tienen nada en común, la igualdad debe venir del trabajo que todas ellas necesitan para producirlas.

Al situar el tema del trabajo, habíamos constatado que todos ellos tienen sus especificidades y no siempre garantizan la misma productividad.

Un niño puede tardar todo el tiempo que quiere para construir una cabaña en su jardín o en el bosque. Todo depende de él (y de sus amigos). Pero no podemos permitirnos ese lujo cuando producimos para el intercambio. Cuanto una empresa produce automóviles está compitiendo en el mercado con otras que también los producen. Si sus trabajadores son menos productivos porque son menos hábiles o porque emplean una tecnología más atrasada, la empresa quedará desfasada. El valor social del automóvil no se establece por los individuos, ni por las máquinas que éstos emplean, sino por la cantidad media de tiempo que se necesita para producir el automóvil y que ya definimos en su momento como «tiempo de trabajo socialmente necesario».

Pero aún hay otro problema. Aunque el trabajo es algo que todos los productos tienen en común, los trabajos sociales no son iguales. Esta diferenciación ha sido, precisamente, tratada en las líneas anterior.

Ahora ya tenemos conocimiento sobre las características comunes del proceso de trabajo, ya hemos definido que es trabajo útil, ya hemos examinado la división social del trabajo, ya hemos recuperado el concepto «tiempo de trabajo socialmente necesario» y también hemos visto cómo el trabajo se relaciona con la naturaleza. Con estos elementos sobre la mesa, el dilema queda resuelto, ya que todos los procesos de trabajo que producen estos diversos valores de uso tienen algo en común, a diferencia de lo que ocurre con las mercancías, como valores de uso y gracias a ello, todo trabajo, cualquiera que sea su forma concreta, puede ser considerado también como «trabajo abstracto» como ya vimos en el apartado anterior. Si hacemos abstracción de todas las particularidades, entonces vemos que todo el trabajo es gasto de fuerza humana de trabajo, es decir, de los nervios humanos, cerebros, músculos, etc., empleados en el proceso de producción de valores de uso. Esta definición nos permite sacar a la luz un aspecto real de todos los procesos de trabajo y poner al descubierto la materialidad que hay detrás del valor.

«Aunque actividades productivas cualitativamente diferentes, el trabajo del sastre y el del tejedor son ambos gasto productivo del cerebro, músculo, nervio, mano, etc., humanos, y en este sentido uno y otro son trabajo humano. Son nada más que dos formas distintas de gastar la fuerza humana de trabajo. Es preciso, por cierto, que la fuerza de trabajo humana, para que se la gaste de esta o aquella forma, haya alcanzado un mayor o menor desarrollo. Pero el valor de la mercancía representa trabajo humano puro y simple, gasto de trabajo humano en general. Así como en la sociedad burguesa un general o un banquero desempeñan un papel preeminente, y el hombre sin más ni más un papel muy deslucido , otro tanto ocurre aquí con el trabajo humano. Éste es gasto de la fuerza de trabajo simple que, término medio, todo hombre común, sin necesidad de un desarrollo especial, posee en su organismo corporal.»

El trabajo simple y el trabajo complejo

Al enumerar las características del trabajo abstracto, Marx pone sobre el tapete un nuevo concepto: el trabajo simple, que, como veremos a continuación, permite aportar otro concepto: el trabajo complejo o trabajo potenciado.

Ahora bien, ¿qué diantres es eso del trabajo simple?

Existe la tentación de asimilarlo con trabajo no cualificado, por ejemplo, con trabajo de peón. Si bien esta versión no va desencaminada, hay que tener presente que todos los trabajos necesitan algún tipo de habilidad y conocimiento. Hoy en día, por ejemplo, la mayoría requieren la capacidad de leer y hasta de hablar más de un idioma. Una gran cantidad de trabajos sólo se pueden realizar si se tiene una formación especializada.

El capitalismo es un sistema en mutación, capaz de dotarse de una mano de obra preparada y abundante para hacer todas las tareas que la producción exige, utilizando para ello, principalmente, el sistema educativo. El nivel básico, medio en habilidad, que está en constante cambio, es lo que podríamos tipificar como «trabajo simple». Las personas que quedan por debajo de este nivel, el sistema las repudia o las obliga a trabajar en condiciones devaluadas con relación al resto.

Algo parecido encontramos con la dureza y en las condiciones del trabajo. No hace mucho, trabajar en turnos o en un lugar distante del domicilio habitual era visto como una situación de excepcionalidad. Ahora, en cambio, el sistema ha conseguido, gracias a una fuerte campaña ideológica y con la difusión de conceptos como polivalencia y movilidad, que estas formas de trabajo sean aceptadas como parte de la «normalidad».

«El carácter del trabajo medio simple varía, por cierto, según los diversos países y épocas culturales, pero está dado para una sociedad determinada.»

Aunque la mayoría de la gente podrían llevar a cabo cualquier tipo de trabajo, no todos hemos sido entrenados de igual manera. Por otra parte, hay puestos de trabajo que requieren un desgaste de fuerza de trabajo mayor que los demás.

Esta nueva derivada del dilema, es la que Marx se propone resolver a continuación, tratando las diferencias como cuantitativas y igualándose a través de un multiplicador.

«Se considera que el trabajo más complejo es igual sólo a trabajo simple potenciado o más bien multiplicado, de suerte que una pequeña cantidad de trabajo complejo equivale a una cantidad mayor de trabajo simple. La experiencia muestra que constantemente se opera esa reducción. Por más que una mercancía sea el producto del trabajo más complejo su valor la equipara al producto del trabajo simple y, por consiguiente, no representa más que determinada cantidad de trabajo simple. Las diversas proporciones en que los distintos tipos de trabajo son reducidos al trabajo simple como a su unidad de medida, se establecen a través de un proceso social que se desenvuelve a espaldas de los productores, y que por eso a éstos les parece resultado de la tradición.»

No quiero pasar por alto, la importancia de la parte final de la cita, donde se nos dice que «Las diversas proporciones en que los distintos tipos de trabajo son reducidos al trabajo simple como a su unidad de medida, se establecen a través de un proceso social que se desenvuelve a espaldas de los productores, y que por eso a éstos les parece resultado de la tradición.»

Aquí Marx ya nos sitúa en un terreno que se abordará en el apartado final del capítulo, al hablar del fetichismo de la mercancía. Veremos entonces como las relaciones entre las personas son suplantadas por las relaciones de valor entre las mercancías, escondiendo de donde proviene este valor. Y también veremos cómo estas relaciones de valor se convierten en fuerzas impersonales que tienen consecuencias inesperadas para la sociedad. Pero no avance eventos y retornemos de nuevo a la igualación entre trabajo simple y trabajo complicado.

«Para simplificar, en lo sucesivo consideraremos directamente toda clase de fuerza de trabajo como fuerza de trabajo simple, no ahorrándonos con ello más que la molestia de la reducción.»

La solución «matemática» del problema puede alimentar la impresión de que todas las diferencias entre las fuerzas de trabajo son de carácter más o menos cuantitativo, cuando muchas de ellas son de tipo cualitativo (habilidad, formación, experiencia).

Ahora bien, buena parte de las diferencias cualitativas, proceden de una diferencia cuantitativa, debido a que el trabajador tiene en su mochila más tiempo de entrenamiento. Si un cirujano pasa 10 años aprendiendo a realizar una determinada operación y sigue realizando esta operación, entonces dispone de ventajas que no tiene el obrero no cualificado. Sí, además, se incluye el trabajo realizado por sus profesores y la mano de obra necesaria para producir los materiales y equipos utilizados durante el entrenamiento, la diferencia se ensancha. Pero todo ello se puede cuantificar.

Sin embargo, es cierto que hay diferencias entre las fuerzas de trabajo que no pueden ser reducidas a diferencias cuantitativas. Hay cosas que algunas personas pueden hacer y otras no pueden, incluso con la mejor formación. Este aspecto se irá redondeando, al tratar las diferencias de productividad. Por otra parte, las diferencias entre unos trabajos y otros se van atenuando a medida que progresa el capitalismo.

El pasaje que reproduzco a continuación, remata el tema de la sustancia y permite entender a la perfección el título del apartado: CARÁCTER DOBLE DEL TRABAJO REPRESENTADO EN LA MERCANCÍA.

«Por ello, si en lo que se refiere al valor de uso el trabajo contenido en la mercancía sólo cuenta cualitativamente, en lo que tiene que ver con la magnitud de valor, cuenta sólo cuantitativamente, una vez que ese trabajo se halla reducido a la condición de trabajo humano sin más cualidad que ésa. Allí, se trataba del cómo y del qué del trabajo, aquí del cuánto, de su duración.»

Después de estas aclaraciones sobre la sustancia del valor, podemos redondear el tema de la magnitud del valor.

«Pero la levita y el lienzo no son solamente valores en general, sino valores de una determinada magnitud, pues ya hemos dicho que, según el supuesto de que partimos, la levita vale el doble que 10 varas de lienzo. ¿Cómo se explica esta diferencia de magnitud de valor? Tiene su explicación en el hecho de que las 10 varas de lienzo sólo encierran la mitad de trabajo que una levita; lo cual quiere decir que, para producir ésta, la fuerza de trabajo deberá funcionar doble tiempo del que se necesita para producir aquéllas.»

La productividad

Desde aquí hasta el final del apartado, Marx retoma el análisis de los cambios en la productividad. Habla de dos movimientos:

un afecta a la cuantía de valores de uso y
el otro afecta a la magnitud de sus valores.

A mayor productividad del trabajo más producto, y ya sabemos que la cantidad de producto es relevante en relación a la riqueza material.

«En sí y para sí, una cantidad mayor de valor de uso constituirá una riqueza material mayor; dos chaquetas, más riqueza que una. Con dos chaquetas puede vestirse a dos hombres, mientras que con una sólo a uno, etc.».

Pero este incremento de la riqueza material conlleva un descenso de la magnitud unitaria de valor, ya que la cantidad de trabajo invertido en su producción ha disminuido.

«El mismo trabajo, pues, por más que cambie la fuerza productiva, rinde siempre la misma magnitud de valor en los mismos espacios de tiempo. Pero en el mismo espacio de tiempo suministra valores de uso en diferentes cantidades: más, cuando aumenta la fuerza productiva, y menos cuando disminuye.»

Así, vemos como la cantidad de valor creado no aumenta porque las unidades físicas producidas lo hagan, sino que lo hace al aumentar la cuantía de trabajo. Es muy importante entender esta diferencia entre la productividad física y la productividad de valor. A medida que se necesita menos tiempo de trabajo para hacer ordenadores, el número de ordenadores producidos aumenta, pero sus valores caen. Por tanto, el simple incremento de las potencialidades productivas que permite hacer más valores de uso, no supone más creación de valor.

Este no es un tema menor. Al aumentar, gracias a las mejoras de productividad, el número de mercancías producidas y al disminuir el valor unitario de cada una de ellas, algunas mercancías que antes eras prohibitivas para los trabajadores, dejan de serlo, creando con ello la sensación de que los trabajadores ahora son «más ricos». Lo que hay que desvelar, es que la totalidad del valor ha sido producida por los trabajadores y ver a continuación qué parte de este valor total vuelve a ellos. Al comprobarlo, sí que estamos en condiciones de averiguar si bajo el capitalismo los trabajadores se están enriqueciendo o empobreciendo.

Advertencia final

Una advertencia final: según Marx, la sustancia homogénea no es el valor del trabajo, como se dice alguna vez. De hecho bajo el capitalismo el trabajo no vale nada. Por el contrario, el uso productivo de la fuerza de trabajo se convierte en la fuente del valor. La sustancia del valor es, por tanto, el trabajo humano abstracto, el gasto de fuerza de trabajo genérica, socialmente necesario. Como veremos, este gasto de fuerza de trabajo, debe crear, al ser utilizada, el valor necesario para reponerse y crear a la vez un valor adicional que el capital se apropia. Pero de eso ya hablaremos en la Sección Segunda donde veremos qué es el capital y qué es el proceso de valorización. De momento nos interesa aclarar la cuestión del valor.

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