El sistema capitalista ¿historia cíclica o psíquica del monstruo?

Muchos hemos escuchado decir que la historia es cíclica, afirmación que conduce a pensar muchas cosas, por ejemplo que como son los “ciclos” en la agricultura o en las etapas formativas, comienzan, repiten una serie de pasos y terminan.

A mi personalmente esto de la “historia cíclica”, me ha llevado a dibujar escenarios imaginarios acerca de a qué se parece esto que estamos viviendo, y sinceramente, me vino una imagen a la cabeza, es como si la sociedad de la “cosa”, o del espectáculo (como la llamaría Guy Dabord), o estas sociedades líquidas (a la manera de decir de Zygmunt Bauman), o mejor conocido como el sistema capitalista, fuera alguien monstruoso, que si le pusiéramos edad, comenzó de púber luego se hizo adulto y ahora está en la fase de pasar a la vejez, a lo largo de su existencia, tuvo momentos en los que más marcadamente se le vio el carácter y la terrible personalidad que lo caracterizó siempre.

Por ejemplo, cuando  este sujeto estuvo en la plenitud de su pubertad y juventud, (sus delirios de grandeza, su narcisismo extremo patológico, como todo en él) es cuando notoriamente desarrolló toda la psicopatía acentuada que siempre estuvo presente en su forma de ser, durante la pubertad y juventud sus prácticas nazis, el creerse “elegido”, el modelo para todos los demás, el ario que para serlo debería eliminar a todo lo que fuera diferente de él mismo, eliminar al/la otro/a que contradijera o pusiera en cuestión su ridículo y espeluznante  “arismo”, monstruosidades innombrables, la muerte del/la otro/a es una constante para él, la destrucción es la base del alimento energético que lo mantiene con existencia, siempre estuvo cargándose vidas inocentes, siempre imponiendo a fuerza de asesinar, en esa etapa que tuvo de “el ser ario”, mató millones de personas, jugó a ser dios, científico, inventor con los restos de gente que convertía en cadáveres, jaboncillos y cenizas. Más tarde tiró Napalm sobre otros/as millones que querían ser libres sin su consentimiento, inventó guerras y les vendió armas a otra gente que no quería parecerse a él.

Ahora está en el dominio de una de sus personalidades, una psicosis que le entró hace algún tiempo, ahora quiere que pensemos que es bueno, que se serenó, que no fue él quien hizo eso de asesinar a millones, que fue una de esas personalidades enfermas que le dominaban (y aunque no lo crean, logra convencer a muchos), ahora inventó una excelente mascarada, va de bueno, se hace llamar demócrata, deja que la gente crea que tiene derecho a ser lo que elija, pero no, él antes de todo, fabricó un gran e inmenso artefacto gravitatorio llamado mercado, todos caen en él tarde o temprano; aunque sigue haciendo de las suyas, ha logrado convencer al resto de su nueva apariencia.

Me contaron que estuvo paseando por España últimamente, decidió experimentar las mismas fórmulas del nazismo (práctica que definió por siempre su carácter), pero en su nueva personalidad, y casi nadie logra darse cuenta de sus intenciones, por ejemplo, parte de su plan es acabar con ese estorbo que constituye la gente pobre, acabar con la gente que llama él minusválida, acabar con la gente que está en España pero que nació en cualquier otro sitio, y ahora además me contaron que la gente que padece una enfermedad que él creó, llamada SIDA, también a estas alturas le hace mucho ruido y ensucia el tipo de sociedad que quiere, por lo tanto, también acabará con ellos. Ya empezó sacando a muchas personas de sus casas, y para que no le den mucha lata, se va de cenas y festejos con quienes administran los bancos, para que estos ejecuten lo que manda, empezó quitando la inversión para todos los nombrados antes, y ese dinero lo utilizará para mejorar sus armas en laboratorios neurocientíficos y fábricas de armas (en caso de que se les ocurra amotinarse a todos estos estorbos), ya mandó a quitar las medicinas a gente que él mismo enfermó, y poco a poco la educación irá siendo solo para aquellos que él decida apoyar con recursos que va quitando a esos que son parte del tal pueblo que tanto le molesta.

Yo solo quiero decirles, amables lectores, que tengan cuidado, que es el mismo que está sofocando grandes bosques, contaminando los mares, ríos y montañas, quiero decirles, que es cuestión de dejar de creer en él y en todas las máscaras y personalidades que construye, no olviden que es un ególatra, que se crece en la medida en que creemos en él, al final, sin nosotros temiéndole, él no es nada más que muerte.

 

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