¡Pero hombre de Dios, rey de todos los españoles, majestad inviolable e irresponsable, alentador máximo de la democracia en este país, impulsor personalísimo de la modélica transición del franquismo a la libertad, valiente salvador de la patria aquél terrorífico 23-F… ¿A qué espera para jubilarse? ¿Qué orden de lo alto quiere recibir? ¿Qué idus de Marzo ansía vivir para decir ¡basta ya! y retirarse a descansar a jornada completa a algún dulce paraíso fiscal de los muchos que existen en este perro mundo dispuesto a sacarle todo el provecho posible a su bien ganada fortuna? ¿No ve que ya no está para estos trotes de tanto quirófano, tanto indignado y tanta crisis?

¡Si es que, por otra parte, ya ha hecho todo lo que tenía que hacer, todo lo que se propuso aquél fastuoso 22 de Noviembre de 1975 cuando, Biblia y falangista de por medio, accedió al trono de sus antepasados más guapo que un San Luis! Y a las pruebas me remito. Veamos. Pasemos una somera revista a su augusta vida pasada:

Ha cazado osos y otras piezas de caza mayor, en algunos de los casos con tasas de alcoholemia reprobables (me refiero a los osos, por supuesto), en diversos países europeos y africanos utilizando a mansalva escopetas de última generación, de las de 12.000 euros la unidad, y sacando  a pasear con harta frecuencia la visa oro que le pagamos todos los españoles.

Ha patroneado, año tras año y en competidas regatas internacionales, embarcaciones de vela (también de penúltima generación y asimismo pagadas por todos los españoles) que, como no podía ser de otra manera, han puesto su corona (y con ella su regio nombre y el de España) a la altura de las más prestigiosas instituciones del mundo.

Ha esquiado (con muy mala pata, eso sí) durante años y años en Baqueira Beret, Suiza, la Rusia de Putin, la Italia de Berlusconi, la Alemania de Merkel y demás sitios turísticos (con nieve natural o artificial) que le han venido en gana; con el exclusivo fin, eso sí, de mantenerse en forma y poder atender en mejores condiciones físicas sus altísimas responsabilidades institucionales.

Ha disfrutado, también por la cara como en todas las actividades anteriores y asimismo durante lustros, de coches de lujo, berlinas deportivas italianas de alta gama que quitan el hipo y llamativas motos americanas de centenares de caballos de potencia y centenares de miles de euros de precio de pignoración, con miras también a preservar su augusto cuerpo (aunque parece ser que no con demasiado éxito) de los inevitables achaques de la edad.

Ha manoseado (y muchas más cosas que no vienen a cuento y que por pudor institucional debo omitir), con cargo también a las cuentas de sus sufridos súbditos (fondos reservados de Interior, Defensa y Presidencia del Gobierno), numerosos cuerpos serranos del sexo femenino (del masculino, de momento, no tiene constancia este modesto historiador militar) pertenecientes mayoritariamente a conocidas vedettes del espectáculo español, sin que su santa esposa (que se sepa) le concediera el placet oportuno para desempeñar tal menester a horas intempestivas de las noches madrileñas.

Ha degustado, a beneficio de inventario también, cantidades ingentes de superviandas y delicatessen palaciegas (vinos de cartón tipo Vega Sicilia, caviar iraní, langosta del Cantábrico, jamón extremeño de bellota cultivada…etc, etc) a lo largo de los miles y miles de encuentros culinarios “de Estado” que ha debido mantener, por necesidades de su alto cargo (franquista), con los miles y miles de jerarcas mundiales que se han dejado caer, durante los últimos 35 años, por el Palacio Real de Madrid, el de La Zarzuela, el de La Moncloa y ¡ojo al dato! por el mismísimo de El Pardo (ya sin lucecita nocturna, claro).

Ha viajado (sin ton ni son la mayoría de las veces) por todo el ancho mundo utilizando a destajo el enorme avión (militar, por supuesto, como el de los emperadores yanquis) especialmente acondicionado para que sus regios, pero desgraciadamente osteoporósicos huesos, no sufrieran en demasía ante tantas horas de vuelo. Moderna y lujosa aeronave, no obstante, que a los españoles, especialmente en momentos de crisis fulminante como la de ahora, nos cuesta muchos parados mantener, máxime teniendo en cuenta que SM, que se sepa, padece últimamente mucho de los pulmones, de las rodillas y, a día de hoy, del famosísimo y troyesco talón de Aquiles pero no de su regio trasero que, en consecuencia, puede, y debe, asentarse con todos los honores en el ergonómico sillón de cualquier avión de aerolínea civil ¡Como el común de los españolitos, vamos!

Ha entregado, durante años, decenas y decenas de copas futboleras correspondientes al prestigioso trofeo deportivo que lleva su nombre y que antes llevaba el de su amado dictador gallego. Pesada función institucional donde las haya que le ha arrebatado centenares de horas de sueño (casi tantas como la Bárbara esa de sus encuentros libidinosos) hurtados evidentemente a su santa y numerosa familia.    

Ha “abierto” años judiciales a manta, año tras año, vestido de lagarterana (perdón, majestad, de magistrado supremo de la Corte Judicial borbónica imperial del yugo y las flechas) y debiendo hacer ímprobos esfuerzos personales (no siempre exitosos) para no claudicar ante el dios Morfeo, a lo largo de los soporíferos parlamentos jurídicos que conllevan semejantes eventos, como un bebé bien alimentado por las glándulas mamario/pectorales de su santa madre.

Ha leído, emulando una y otra vez al “repelente niño Vicente” de hace unas cuantas décadas, millones de cuartillas (escritas por  otros y en grandes caracteres para dispensar a SM del uso de gafas de culo de vaso o lentillas trifocales de geometría variable) en el curso de miles de actos protocolarios e institucionales, en muchos de los cuales SM daba la impresión de no saber qué coño (con perdón) hacía allí y que descerebrado le había invitado.

Ha presenciado (igualito que Franco, que la ideología como la grasa abdominal no se elimina así como así de la noche a la mañana) decenas y decenas de desfiles de la Victoria (perdón, de la Fiesta Nacional y de las FAS) en los que los militares españoles, que disfrutan como enanos en cuanto sacan a pasear por La Castellana viejos tanques, aviones antediluvianos y marchosos “lejías” con cabra, le han obligado a permanecer en el primer tiempo del saludo más horas que las devengadas en tal menester por un sargento de La Legión a lo largo de sus cuarenta años de servicio.

Ha protagonizado en TVE algunas series de ficción, realizadas a la orden sobre la base de guiones escritos por “historiadores” de medio pelo, de alquiler, pelotas y cortesanos, como la  astracanada televisiva esa titulada “El día más difícil del rey”, que la cadena oficial repone y repone una y otra vez a ver si cuela su ya gastada y falsa teoría de la salvación de la patria a cargo de su regia figura, cuando todos los españoles sabemos ya hasta la saciedad, y SM el primero, que aquél “difícil” y recordado 23-F del 81 lo único que hizo como “rey salvador” fue llorar a moco tendido en su dormitorio, repartir besos a discreción a su santa esposa (los únicos que ha recibido la pobre después del día de su boda) y a su espigado vástago, el soso príncipe asturiano, y pegarse como una lapa al bueno de D. Sabino para que con su buen hacer le frenara como fuera el estúpido pseudogolpe o “golpe de timón” que, con  su autorización manifiesta y para parar el terrorífico golpe (este de verdad) que le preparaban los enrabietados generales franquistas, había puesto sobre la mesa su ambicioso y torpe valido Armada.

En fin, majestad, podría seguir pasando revista a su apasionante vida pero creo que es suficiente y, además, no quiero cansar al personal. ¿Qué más quiere para irse con dignidad y sentido histórico? ¡Váyase de una vez, hombre! ¡Jubílese antes de que sea demasiado tarde! Está usted enfermo, cojo, deprimido, solo (su familia, como la del tirano Gadafi, anda ya por ahí, a lo suyo, por las Bahamas o archipiélago cachondo similar), viejo, caduco (déjeme que le diga que su imagen, junto a la muy poco atlética también del Papa Benedicto XVI, me ha impresionado vivamente este verano), un pelín tontorrón y apenas puede ya leer y andar. Y por si fuera poco este país está hecho unos zorros, arruinado, cabreado, parado, humillado, intervenido de facto por Europa y EE.UU, pisoteado en su soberanía por alemanes y franceses… y al borde de una revolución primaveral/otoñal “a la tunecina”. Con cientos de indignados “quinceemistas” ya en la calle como vanguardia de lo que tiene que venir pero con miles y miles de izquierdistas, parados, sindicalistas, profesores, pensionistas, socialistas, republicanos, y hasta de las filas populares, francamente cabreados (hasta los huevos que diría el castizo) y dispuestos a que  este país encuentre de una vez por todas el camino de la libertad y la democracia verdadera o se vaya al carajo…

Lo dicho, majestad, váyase cuanto antes, no espere a que sea demasiado tarde. Se evitará con ello algún serio disgusto y los españoles podremos dedicar así unos cuantos centenares de millones de euros a algo más productivo que mantener palacios, regimientos de la guardia, alabarderos y altos parásitos de la caduca realeza patria.

Fdo: Amadeo Martínez Inglés

Coronel. Escritor. Historiador

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