Antoni Puig Solé*. LQS. Noviembre 2018

Para intentar neutralizar la escasez de algodón, los fabricantes comenzaron a adulterar sus productos de algodón añadiendo otros materiales en el proceso de hilatura. Esto aumentaba el peso de los productos pero disminuía su calidad

Continuación del capítulo sexto del libro III de El capital

Es evidente que la incorporación de un apartado histórico, con forma cronológica, en el capítulo sexto, se hace para ayudar a entender la argumentación teórica. En el relato de Marx, apareciendo los efectos, que en una determinada coyuntura, tuvieron los cambios en los precios de las materias primas, la apreciación y la depreciación, los ciclos de producción agrícola no sincronizados con el ritmo de la acumulación de capital, etc. Pero el apartado también aporta elementos para analizar las crisis económicas.

Hay que tener claro, por lo pronto, que el algodón era la materia prima de la llamada industria algodonera, o sea, de la industria especializada en la transformación del algodón. El algodón es un tipo de producto, que reúne las condiciones de lo que Marx define como “materias primas de origen orgánico”.

Tal y como se relata en el capítulo de la acumulación originaria del libro I, hubo una relación estrecha entre la industrialización británica y la economía esclava del sur América. El algodón crudo, cosechado por los esclavos, se transportaba en barco, desde los estados meridionales de los actuales EE.UU., hasta el puerto de Liverpool. Desde allí iba a las fábricas donde servía como materia prima para tejer la tela. Esta interrelación económica creaba las bases para que los capitalistas británicos no tuvieras muchas simpatías por la lucha contra la esclavitud en la guerra civil norteamericana de 1861 a 1865.

Marx comienza el relato antes del bloqueo causado por la Guerra Civil Estadounidense y explica la variedad de factores que confluyen y cómo se relacionan unos con otros. No sólo es capaz de destacar la forma en que el choque externo ocasionado por la guerra civil de EEUU impacta sobre un ciclo industrial-agrícola ya existente, sino que también hace observaciones sobre la forma en que la clase capitalista actúa como clase para preservar sus intereses clasistas en tiempos de crisis y de cómo todo ello empeora las condiciones de la clase obrera.

La prensa de la época, señaló como entre 1861-65, la industria del algodón se tambaleó por la falta de suministro de algodón crudo, de resultas de la Guerra Civil Norteamericana y del bloqueo de los puertos del Sur por parte de la ejército del Norte. Marx, sin embargo, no consideró que esta fuera la única causa, ni la principal, de la crisis de la industria del algodón. Va vincularla a la sobreproducción, con su correspondiente incremento de capitales fijos, que había madurado durante los años del boom de 1859-60, o sea, antes de que empezara la guerra. De hecho, en los años previos al estallido de la crisis, los síntomas de la sobreproducción, de manera puntual, ya iban asomándose, si bien se habían podido paliar. Marx insiste, una y otra vez, al demostrar que la restricción en la materia prima provocada por la guerra, se produjo justo en un momento en que el mercado de productos acabados se había saturado excesivamente, debido a la actividad industrial preliminar.

Una vez se inicia la escasez de algodón, a consecuencia de la guerra, los precios del algodón aumentaron y los capitalistas y el Estado se empeñan en buscar nuevos yacimientos. Se contempló la posibilidad de expandir los ferrocarriles en la India en busca de materias primas más baratas. India ya ayudaba entonces a absorber el exceso de producción procedente de Inglaterra. De hecho, se le asignaron las dos grandes funciones que el capitalismo persigue en una colonia:
1 / absorber el exceso de capital y 2 / proporcionar materias primas baratas.

En 1861, se hizo evidente que los fabricantes habían producido en exceso y que se necesitarían varios años para que el mercado absorbiera la producción. Pero los precios de la materia prima, el algodón en este caso, no bajaron sino que se elevaron debido al bloqueo, como ya hemos explicado. El algodón, por tanto, escaseaba, aunque no de la misma manera para todos: muchas de las empresas más grandes tenían algodón almacenando que se apreció evitando la depreciación habitual del capital total que una crisis suele ocasionar. Por el contrario, los pequeños capitalistas, que habían adquirido un peso considerable y que no habían podido almacenar grandes stocks de algodón, fueron los más afectados por la crisis.

Para intentar neutralizar la escasez de algodón, los fabricantes comenzaron a adulterar sus productos de algodón añadiendo otros materiales en el proceso de hilatura. Esto aumentaba el peso de los productos pero disminuía su calidad. Estos materiales sustitutivos son más difíciles de manejar en el proceso de trabajo y se producen más interrupciones. Esto reduce la productividad. También suelen ser perniciosos para la salud de los trabajadores. Las horas de trabajo se redujeron, los salarios empezaron a caer y estallaron las huelgas.

Se utilizó algodón inferior (proveniente, generalmente de la India,) en todas partes mientras se desaceleraba la producción. El algodón inferior retrasa la producción, por lo que tiene un efecto severo sobre los salarios. Los trabajadores de algodón tenían un sistema de tarifa a tanto la pieza. Esto significa que cuanto menos producen, menos ganan. Los salarios se hundieron. A la vez, los trabajadores eran multados si no produciendo según los mínimos de producto requerido. Paro y subempleo crecieron. Marx señala que esta drástica devaluación de la fuerza de trabajo termina siendo un gran obsequio para la clase capitalista.

Durante todo este tiempo se produjeron aquellas galopante mejoras en maquinaria que ayudan a cambiar la estructura de la industria del algodón, facilitando la concentración en fábricas más grandes, con un número más reducidos capitalistas y con menos operarios. Marx ya había aportado ejemplos, a partir de los informes de los inspectores de fábricas para el año 1863, para ilustrar la ley general de acumulación de capital, en el libro I.

A pesar de que las condiciones de trabajo empeoraron aceleradamente, peor era aún la situación de la masa de los trabajadores que fueron expulsados de la industria.

Los comités de socorro no se establecieron hasta 1862, por lo que al principio los trabajadores sólo podrían recurrir a sus propios recursos o en la odiada Ley del pobre. Sus ahorros se habían agotado como consecuencia de las luchas salariales anteriores. Los almacenes de las sociedades cooperativas se redujeron y a la vez sus ventas cayeron drásticamente. Las cajas de ahorros se vaciaron.

A muchos trabajadores no les quedó otra alternativa que mendigar. Otros prefirieron ponerse a disposición de los odiados tutores de la ley del pobre, que sólo daba ayudas tras una severa investigación sobre los medios económicos del solicitante, la vida privada y su conducta en el pasado. En general se pedía una “prueba laboral”, que el parado estaba dispuesto a aceptar trabajos más duros y degradantes de los que realizaba antes y si los rechazaba, se le consideraba responsable de su propia pauperización.

En 1863 se aprobó una Ley de la Obra Pública. Puso a disposición 1.200.000 libras (ampliándose posteriormente hasta los 1.850.000 libras) para entregarlas a las autoridades locales que realizaran obras de utilidad pública y mejora sanitaria dentro de las áreas de la industria del algodón. Para realizar estas obras se utilizaron los trabajadores con salarios raquíticos. Sin embargo, en muchas áreas, el dinero destinado terminaron beneficiando a la clase capitalista que pudo realizar las mejoras públicas con un coste considerablemente inferior al normal.

A mediados de 1864, cuando pasó la peor de la crisis, aparecieron quejas patronales ocasionales por la falta de trabajadores en algunas especialidades. Como los salarios no mejoraron, las huelgas reaparecieron. La protección pública comenzaba a garantizar un poco de seguridad. Esto reanimó a los burgueses para protestar, reclamando que se derogara la Ley de Obras Públicas y lo consiguieron.

Aunque la clase capitalista buscaba los mercados libres y el comercio global para conseguir que el suministro de algodón vuelves a la normalidad y para conseguir la absorción de los excedentes de productos acabados, no defendieron la movilidad del trabajo. Supusieron a cualquier intento de permitir la emigración de trabajadores de los distritos de fábrica de algodón en otros lugares donde hubiera más demanda de fuerza de trabajo.

El relato de Marx acaba sobtadeament, con unas breves referencias a la cuestión de la vivienda. A medida que avanzaba la crisis, muchas casas quedaban deshabitadas y muchos inquilinos no tenían suficiente dinero para pagar el alquiler.

Como Marx explica en otro lugar, la situación terrible en la que se vio abocada la clase obrera, no hizo disminuir sus simpatías por los nordistes. Marx defendió que el apoyo a los que luchaban contra la esclavitud era imprescindible para que la clase obrera asumiera su papel emancipatorio. La resistencia de la clase obrera de Inglaterra alunizar de la insensata campaña criminal que venía a decir que había que proteger Europa, con una cruzada para favorecer la perpetuación y prolongación de la esclavitud al otro lado del Atlántico, va salvar la dignidad de las personas que viviendo en las naciones capitalistas. Pero en cuanto a la conducta de la clase obrera durante la crisis, estuvo muy aleja de lo que podríamos considerar como una conducta revolucionaria. Como se dice al final del capítulo, muchos de los obreros más bien se comportaron como ovejitas.

Casi todos los temas que Marx sopesa aquí, siguen teniendo actualidad. Vimos, como cuando estalló la crisis del 70 del siglo pasado, se quiso reducir todo, a la subida de los precios del petróleo y hoy en día, aún lo hacen, muchos historiadores. Algunos también han pretendido tipificado la primera crisis del siglo XXI, fijándose sólo en la burbuja inmobiliaria o en la conducta de las finanzas. Pero los problemas causados por estas fluctuaciones en los precios de las materiales primas o en la vivienda, forman parte de procesos mucho más profundos de la acumulación capitalista. La forma en que actuó la clase capitalista durante la crisis del algodón, es casi la misma con la que actúa la clase capitalista de nuestros días, cuando hay situaciones de crisis o cuando se crean las condiciones para que la crisis reaparezca. Lo mismo ocurre con la actuación del Estado, que, de una manera u otra, se preocupa de garantizar que el proceso de acumulación de capital se reanude y que la dominación de clase se perpetúe.

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