Imagínese una nación como esta

Por Paul Street *. CounterPunch.
Traducido por Francisco Cabanillas. LQSomos.

Imagínese una nación tan reaccionaria y racista que [el movimiento] “Black Lives Matter” es considerado “un lema radical” dentro de sus fronteras.

Imagínese una nación tan económicamente desigual que la milésima parte superior [de su sociedad] tiene más riqueza que el noventa porciento inferior.

Imagínese una nación tan racialmente desigual que la riqueza familiar media de sus hogares afroamericnos es igual a 7 centavos de dólar que la mediana de sus hogares blancos.

Imagínese una nación tan sexista que sus mujeres ganan 82 centavos por cada dólar que ganan los varones mientras que del 15% al 20 % de sus mujeres han sido violadas y las niñas y mujeres son sometidas regularmente a acoso sexual y violencia doméstica.

Imagínese una nación tan sexista que los derechos de las mujeres a controlar sus cuerpos y decisiones reproductivas están bajo constante asalto patriarcal.

Imagínese una nación tan racista que sus estados pasan leyes suprimiendo los votos de los no blancos y prohibiendo la enseñanza honesta sobre la larga historia de opresión racial del país, incluidos dos siglos y medio de esclavitud negra.

Imagínese una nación tan clasista que grava a sus maestros, secretarios y camareros a una tasa más alta que la que aplica a sus parasitarios oligarcas corporativos y financieros.

Imagínese una nación tan clasista y plutocrática que permite a una pandemia letal producir un aumento en su ya obsceno exceso de concentración de riqueza mientras cientos de miles de sus ciudadanos mueren de la enfermedad.

Imagínese una “democracia” tan clasista y plutocrática que solo y apenas puede reemplazar su presidente fascista multimillonario con un tonto corporativo conservador que prometió de antemano a sus patrocinadores que “el estándar de nadie cambiaría, nada cambiaría fundamentalmente” cuando se hizo primer ejecutivo.

Imagínese una nación que dice ser la patria y la sede de la democracia mientras su política y gobierno están estructurados para hacer que la opinión pública mayoritaria sea irrelevante bajo el gobierno oculto de una dictadura de clase subyacente no electa del capital.

Imagínese una “democracia” tan reaccionaria que no honra la opinión mayoritaria otorgando a sus trabajadores un salario mínimo decente o permitiendo la aprobación de leyes que los faculten a organizarse legalmente en sindicatos o un proyecto de ley para detener la represión racista de votantes y la manipulación de distritos electorales por la derecha.

Imagínese una nación tan reaccionaria que la noción elementalmente moral y respaldada por la mayoría de brindar atención médica a todos sus ciudadanos como un derecho humano es regularmente rechazada como “muy radical” por sus medios corporativos dominantes y su permanente clase política oligárquica.

Imagínese una nación tan malsana como para tener una tasa de obesidad de 42% junto con muchos otros resultados de salud terribles que la convierten en la nación rica más insalubre mientras que su sistema de atención médica basado en las ganancias es el más caro del mundo.

Imagínese una nación que dice ser un monumento al “capitalismo de libre mercado” incluso cuando su clase capitalista dominante debe su opulencia a subsidios y protecciones gubernamentales.

Imagínese una “democracia” que se deja presidir por un pandemofacscista narcisista que avivó un virus que hasta ahora ha matado más de 600,000 de su propia gente.

Imagínese una nación que se dice modelo de “democracia” pero: no prevé la elección directa de su presidente; otorga a estados de derecha desproporcionadamente blancos y de baja población una representación excesiva en su poderoso cuerpo legislativo superior; recluta en su poderosa corte suprema nombramientos vitalicios muy a la derecha de su población; pone a la venta las elecciones y la política a los grandes financiadores de campañas; otorga viabilidad a solo dos partidos políticos, ambos cautivos de las dictaduras del capital y el imperio no elegidas e interrelacionadas de la nación.

Imagínese una nación que se jacta de su “prensa libre” como un gran “cuarto poder” democrático mientras sus medios de comunicación están dominados por un puñado de corporaciones cuyos dueños y gerentes se dedican a manufacturar consenso masivo para esa dictadura.

Imagínese una nación cuyas personalidades televisivas no pueden hablar más de diez minutos sobre los problemas más graves antes de que los espectadores sean sometidos a un montón de comerciales manipuladores que buscan la venta de productos y servicios fetichizados a las personas más pudientes.

Imagínese una nación que celebra y promueve la crueldad social darwiniana al saturar su población de poderosas imágenes de sadismo y violencia masiva y defendiendo el poder egoísta y la adquisición de riqueza como el único propósito real de la vida –el verdadero significado de la “naturaleza humana”—.

Imagínese una sociedad que le da rienda suelta a corporaciones sociópatas para contaminar el discurso y la opinión públicos con mentiras tóxicas y desinformación sobre asuntos con terribles consecuencias como la catástrofe climática.

Imagínese una nación cuyas prioridades son tan pervertidas que decenas de millones de sus niños viven por debajo del nivel de pobreza notoriamente inadecuado mientras más de la mitad del presupuesto discrecional de su gobierno paga por un imperio militar que mantiene más de 800 bases en más de 100 países mientras funciona como un subsidio público gigante para empresas de “defensa” de alta tecnología con fines de lucro.

Imagínese una nación tan falsa que se dice “la tierra de la libertad” mientras su sistema de encarcelamiento masivo representa casi una cuarta parte de los prisioneros del mundo, incluso cuando la nación alberga a menos del 5% de la población mundial.

Imagínese una nación blanca en un 60% tan racista que dos terceras partes de sus prisioneros son negros y latinos.

Imagínese una nación cuya policía es tan violenta que ha matado a más de 32,000 de los ciudadanos de la nación desde el año 2000, con al menos 60 porciento de las víctimas entre negros, latinos, indígenas y asiáticos.

Imagínese una nación tan violenta como para experimentar más de 35,000 muertes por año relacionadas con armas.

Imagínese una nación tan saturada de armas que tiene suficientes armas de fuego –incluyendo 20 millones de armas de asalto de estilo militar— por cada una de sus mujeres, niños y hombres, con 67 millones de armas sobrantes.

Imagínese una nación tan eco-cida que requeriría por lo menos cuatro planetas adicionales para mantener su taza per cápita de utilización y contaminación de los recursos naturales —mientas contamina regularmente su tierra, aire, agua, comida y bebida—.

Imagínese una nación que socava la necesidad cada vez más urgente de políticas sociales y ambientales con los dictados anarquistas del capital y su autodestructiva tasa de ganancia.

Imagínese una nación que habla de ser “posracial” y de honrar la memoria de un gran líder negro de los derechos civiles que ejecutó hace más de medio siglo al tiempo que consignaba a la mayor parte de su población negra a comunidades de apartheid salvajemente separadas y desiguales.

Imagínese una nación tan ignorante de su propia historia que la gran parte de sus ciudadanos no puede decir cuándo ni por qué fue fundada o cuándo y por qué peleó una guerra civil ni quién estaba de qué lado de ese conflicto épico.

Imagínese una nación tan ignorante de la historia occidental y mundial que solo una pequeña minoría de su población sabe de qué iban Adolf Hitler y su Tercer Reich nazi y quién peleó en la II Guerra Mundial.

Imagínese una nación cuyos ciudadanos son incapaces de reconocer que uno de sus principales partidos políticos se ha vuelto fascista.

Imagínese una nación que le permite a uno de sus dos partidos políticos dominantes hacerse fascista pero no lo puede decir incluso cuando ese partido intentó derrocar las últimas elecciones presidenciales y se prepara abiertamente para robarse las próximas.

Imagínese una nación que dice ser la campeona mundial de la libertad, la democracia y la decencia mientras invade, ocupa, cambia regímenes e interfiere en los asuntos internos de otras naciones, matando decenas de millones en el camino.

Imagínese una nación tan perversa que llama “servicio” al alistamiento en sus fuerzas armadas para matar y mutilar gente en todo el mundo.

Imagínese una nación tan retorcida como para llamar al asalto imperial, la invasión y el asesinato masivo en el extranjero “proteger la patria” y “preservar la libertad.”

Imagínese una nación rica que no alimenta, viste, educa ni brinda atención médica a su población, sino que otorga miles de millones de dólares en contratos “inflados” a los asquerosamente ricos fabricantes de medios de destrucción masiva.

Imagínese una nación que vierte la mayor parte de su gasto federal discrecional en un estado de guerra permanente que podría hacer explotar el mundo varias veces en lugar de vacunas, medicamentos y otros bienes y servicios médicos para derrotar la pandemia que ha matado más de 4 millones de personas en todo el mundo.

Imagínese una nación donde una amplia franja de la mayoría racial ampliamente privilegiada fantasea absurdamente con que ella y no sus minorías raciales oprimidas son las personas que experimentan la mayor discriminación racial del país.

Imagínese una nación tan patética que una parte de su “izquierda” está más preocupada por el acceso de un loco fascista a Twitter y Facebook en 2021 que por el acceso de un loco a los códigos nucleares entre 2017 y 2021.

Imagínese un país tan tonto que más de un tercio de su población se niega a vacunarse para protegerse a sí mismos y a los demás de una pandemia mortal.

Imagínese un país tan desorientado que su población clasifica la “inmigración ilegal” como una preocupación más seria que el mayor problema de nuestro tiempo –la catástrofe climática—.
Pero, por supuesto, no es necesario imaginarse un país así.

Todo esto y cosas mucho más terribles de contemplar se extrae del registro en curso del autodenominado mejor país del mundo, los Estados Unidos de América.

Imagínese eso.

Fotografía de Nathaniel St. Clair
* Artículo original, clic aquí
Traducido para LoQueSomos por Francisco Cabanillas.

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