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Recientemente he encadenado dos eventos dedicados al turismo responsable. Por un lado, el Congreso de Ética y Turismo de la OMT, que ya comenté,  y por otro, Futuralia, un acto organizado por Nexotur, un medio de comunicación para profesionales del turismo.

En ambos casos -salvo excepciones- no se comentaron los impactos negativos del turismo, las malas prácticas de la industria turística fueron obviadas y los errores de planificación turística parece que a todos pasaron desapercibidos. En cambio, nunca se deja de subrayar el papel de motor económico y social del turismo así como se transmite la imagen de que las empresas turísticas se están tomando muy en serio ser más sostenibles y responsables.

Esta óptica alineada con la gran industria turística y el poder político se debe, simplemente, a que los organizadores de estos eventos no son otros que las grandes empresas y el gobierno, que cuentan con recursos para organizarlos. Además, de los pequeños propietarios y empresarios, la sociedad civil es excluida sistemáticamente de estos foros y por lo tanto sus puntos de vista son excluidos del debate.

Los sindicatos del sector no pueden aportar su perspectiva de las condiciones laborales en el turismo. Las organizaciones ecologistas no pueden exponer su visión sobre los impactos medioambientales del turismo y su contribución al cambio climático. Las comunidades locales afectadas por el desarrollo turístico no pueden compartir su propia experiencia. O, incluso, los propios turistas no pueden hacer valer sus quejas a través de las orgainzaciones de consumidores.

La OMT es agencia de las Naciones Unidas para el turismo que apenas tiene en cuenta a la sociedad civil. Las ONGs que trabajan con el turismo son excluidas incluso de las labores consultivas, que sí disfrutan en otras agencias de la ONU. Por ello, se ha lanzado la campaña “es hora que la OMT abra sus puertas a la sociedad civil“.

Los medios de comunicación masivos, a menudo vinculados al poder político y económico -por ejemplo a través de la publicidad- reproducen el discurso dominante que sale de este tipo de foros. Así, una pequeña acción de caridad de una multinacional puede compensar malas prácticas sistemáticas de su modelo de negocio. El resultado es que llega al público una visión optimista y complaciente que transmite “que algo se está haciendo” en la buena dirección. Sin embargo, no debemos olvidar que lo primero que se debe hacer para solucionar un problema -en este caso el modelo insostenible dominante en el turismo- es reconocerlo como tal.

Reconocer el problema y darse cuenta de que de seguir gravándose los problemas medioambientales, climáticos y sociales que sufrimos, no habrá ningún mercado al que vender, es algo que la mayoría de los políticos y empresarios españoles y latinoamericanos no está dispuesto a interiorizar, pues sus preocupaciones suelen tener un un cariz cortoplacista. En otros países como Reino Unido o Alemania, el empresariado y el gobierno se han reconocido como responsables de estos problemas y se han comprometido -al menos sobre el papel- a enfrentar el desafío que enfrentamos. Es un principio.

* Artículo publicado en el blog de Carlos Buj: turismo-sostenible.net

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