Lo Que comemos

El crecimiento del consumo responsable de alimentos ecológicos y el decrecimiento del consumo irresponsable de alimentos industrializados son dos aspectos de la misma realidad. El consumo responsable sólo puede crecer ganando terreno al consumo irresponsable.

La fuerza del consumo responsable agroecológico radica en su capacidad para expresar socialmente el sufrimiento alimentario de la mayoría de la humanidad producido por la globalización alimentaria y la creación de alternativas alimentarias emancipadoras para la mayoría de la población.

La lucha por los alimentos converge con la lucha por las libertades y los derechos económicos, sociales y culturales vulnerados, por la economía de mercado y el libre comercio. Sin esta convergencia, el consumo responsable agroecológico no podrá superar su estadio elitista y marginal.

Sin el crecimiento  del consumo responsable agroecológico, el único decrecimiento es el que se deriva del aumento de la precariedad, el paro y la exclusión social. El decrecimiento de la crisis afecta a la alimentación necesaria para la salud, a menudo sustituida por alimentos procesados y marcas blancas, más baratas por sus costes de producción más bajos e insanas por su menor calidad nutricional. También afecta a los derechos fundamentales y la autoestima de millones de personas que, embaucadas por la “democracia del consumidor”, han basado su identidad en producir y consumir mercancías, cuantas más mejor.

Un pequeño arrozal, destruido por el terremoto y el tsunami del año pasado en Japón, dio esta primavera la mejor cosecha de su historia y, de paso, trajo alegría y esperanza a la devastada comunidad de Minami Sanriku.

Lo llaman, con razón, el "arroz del renacimiento". Es resultado del esfuerzo colectivo de cultivadores y residentes de esta comunidad del noreste, que se asociaron para promover la agricultura sostenible.

Los arrozales recuperados en algunas de las zonas más perjudicadas por el desastre del 11 de marzo de 2011, se han convertido en ejemplos de rehabilitación frente a la devastación general que siguen exhibiendo las costas del noreste de Japón, afirman ecologistas.

"La sorprendente hazaña de recuperar una plantación arrasada por el tsunami se logró restaurando el ecosistema circundante. Las nuevas tecnologías que dependen de grandes maquinarias o de abundantes fondos no siempre brindan las mejores respuestas", explicó Shigeki Iwabuchi, portavoz de la Red de Arrozales de Japón.

Uno de estos arrozales simbólicos pertenece a la escuela secundaria Ouya, en Minami Sanriku. Durante 10 años, sus estudiantes cultivaron un predio de unos 10.000 metros cuadrados para estudiar la siembra tradicional de este grano en un clima frío como el del área de Tohoku.

La crisis alimentaria, agravada por el uso del maíz y otros granos en la producción de etanol, es uno de los asuntos centrales que abordaron en la capital mexicana los viceministros de Agricultura del Grupo de los 20 (G-20) países industrializados y emergentes.

El impacto de esta problemática en la humanidad es analizado por la investigación "Agrocombustibles: fogoneros del hambre. Cómo las políticas de Estados Unidos para el etanol de maíz aumentan el precio de los alimentos en México", presentada este miércoles 16 y patrocinada por la oficina estadounidense de la no gubernamental ActionAid International.

"Hemos visto alzas de precios muy fuertes (de los alimentos) desde finales de 2000, luego se repitieron en 2007 y volvieron en 2010 y 2011", dijo a IPS el estadounidense Timothy Wise, director del Programa de Investigación y Política del Instituto de Desarrollo Global y Medio Ambiente de la Universidad de Tufts.

"Eso coincide con la expansión del etanol en Estados Unidos", indicó Wise, coautor del informe. "Lo que se ve en México es el aumento del precio de la tortilla de maíz", el tradicional alimento de este país y cuyo precio se elevó 60 por ciento desde 2005, añadió.

Wise y la también coautora Marie Brill, directora de políticas de ActionAid, aseguraron que México perdió desde 2005 entre 250 millones y 500 millones de dólares por año al tener que importar el grano, debido a las altas cotizaciones internacionales.

"La expansión de los agrocombustibles contribuye a la inseguridad alimentaria en México. Las alzas de precios asociadas al etanol afectan negativamente a los consumidores, especialmente a aquellos que carecen de seguridad alimentaria y no son productores", concluye el estudio de 24 páginas.

Dejaron un pan en la mesa,
mitad quemado, mitad blanco,
pellizcado encima y abierto
en unos migajones de ampo…

Gabriela Mistral

Si a lo francés prefieres lo criollo,
y tu apetencia, con loable intento,
pírrase por ajiaco y ajopollo
y sopón de embrujado condimento,
toma este calalú maravilloso
con que la noche tropical aduna
su maíz estrellado y luminoso,
y el diente de ajo de su media luna
en divino potaje sustancioso.

Luis Palés Matos

Trigo. En la pizzería, a los pocos comensales reunidos a esa hora, un tanto pasadas las dos de la tarde —en estas latitudes, amigos mexicanos, españoles o argentinos, se almorzaba a las doce— la mesera les llenaba el vaso de Coca Cola cada vez que daba una ronda por el comedor. Un vaso tras otro, como si fuera agua gratis; Coca ilimitada. ¿O no? A ella, por supuesto, acogida a la economía del refill gringo, le daba igual dar una vuelta de vez en cuando y llenar los vasos que fuera necesario rellenar: ¿cómo olvidar los seis euros que, a principios de 2007, pagué en un restaurante romano por una latita de Sprite? Con una gaseosa así, sea Coca o Sprite, a cualquiera se le derretían los dólares en la salsa de tomate.

Los dos o tres gatos que se requedaron en la pizzería, rascándose el culo y tocándose las bolas a lo Bukowski, hablando mierda, riéndose al cohete, se podían quedar parloteando, si les daba la gana, el resto de la tarde; para la mesera, eso era lo de menos. A nadie, realmente, molestaban. Al centro de la pizzería, sobre una base atornillada que, cogida por cuatro varillas, colgaba del techo, descansaba un proyector con tres lentes de colores que proyectaban la imagen televisiva sobre la pared en blanco que estaba al frente. Por fortuna, casi no se oía lo que decían los periodistas de Fox News.

El mate no es una bebida, corazones de otro barrio. Bueno, si. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.

El mate es exactamente lo contrario que la televisión. Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo. Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es "hola" y la segunda "¿unos mates?".

Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico o entre los adolescentes mientras estudian.

Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse nada en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.

Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos. Los buenos y los malos. Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando lo pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando ese enanito de tu sangre empieza a tomarlo. Que se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.

El gofio canario tiene una gran tradición en las Islas Canarias. Se trata de una harina tostada muy nutritiva que ya utilizaban los guanches, pobladores originarios de las islas, una especie de pan de harina.

En tiempos prehispánicos era el alimento básico en la dieta de los guanches y se elaboraba en molinos de piedra . Durante la conquista de América, parece ser que los emigrantes canarios difundieron la elaboración y consumo de gofio, de tal modo que, hoy día, se fabrica también en Venezuela, Uruguay y otros países.

Es un producto al que no se le añaden conservantes y sus propiedades, altamente nutritivas, lo hacen cada vez más preciado dentro y fuera del archipiélago. De estas propiedades destaca su aporte de hidratos de carbono complejos (en torno al 65%), proteínas (cantidad mayor si se emplean legumbres), vitaminas (grupo B; B1, B2 y B3), minerales (magnesio, hierro, calcio y sodio, entre otros) y fibra. Su valor calórico, aunque varía en función de los ingredientes base, ronda las 340 calorías por 100 gramos.

Su método de producción tradicional se ha transmitido de generaciones en generaciones, lo que ha hecho posible que hoy día sea uno de los productos alimenticios, junto al plátano, más conocido de las Islas Canarias.

  • ACTUALIDAD
  • GENTE
  • HUMOR

Ni 7, ni 1, ni 1/2, ni cap!   

escrache Feminista a Gallardon 

La Mamandurria 

LA VIÑETA

LA ENCUESTA

¿Ganamos algo con la abdicación de Juan Carlos I?

Banner

Últimos Comentarios en Amasando

Lo llaman democracia y no lo es!

Banner

HABLAMOS

Arabic Basque Catalan Chinese (Simplified) English French Galician German Greek Italian Portuguese Russian

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons