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“El gobierno deriva sus poderes legítimos
del consentimiento de los gobernados”
Thomas Paine

La “república independiente de tu casa” no es solo un eslogan comercial de una conocida multinacional que emplea trabajo infantil y vende tartas con defecaciones a sus clientes, desde ahora también podría ser la divisa del duopolio dinástico gobernante que integran PP y PSOE para solaz de la Casa de Borbón y su juego de tronos. Y todo ello en nombre del padre (el rey saliente Juan Carlos I con un aforamiento sobrevenido que ya quisieran los banksters para sus jubilaciones de oro); el hijo (el rey-soldado entrante Felipe VI) y el espíritu santo (la santa compaña franquista a la que ambos deben su parasitaria entronización).

Cuando hace unos meses, Jordi Evole dedicó un episodio especial de su programa “Salvados” a difuminar la responsabilidad del Rey en el 23-F, dramatizando un golpe que nunca existió sobre las huellas del otro realmente existente, algunos líderes políticos aceptaron complacidos participar como extras en el esperpéntico simulacro. Poco tiempo después, esa misma ganadería saltó en tromba contra la pía periodista Pilar Urbano por publicar un libro que insistía en señalar a Juan Carlos como factótum del “tejerazo”, con la excusa de que su autora utilizaba diálogos recreados. Y ahora, ante el espectáculo de una abdicación que supera en teatralidad a ambos episodios juntos, de nuevo los caciques de la Marca España salen al quite para ponderar los beneficios que esa renuncia del Rey presuntamente traerá al país.

A la minoría que tiene el poder en España le crecen los problemas como setas en otoño. La alarma ha tronado con el batacazo electoral de los dos partidos mayoritarios: el Partido Socialista (PSOE) y el Partido Popular (PP). Más el notable aumento de votos de partidos minoritarios, sobre todo de izquierda. Muy preocupados por el fulminante éxito de Podemos, un fenómeno político que ha conseguido un millón y cuarto de votos en cuatro meses como partido y 100.000 euros de gasto electoral conseguidos con numerosas pequeñas aportaciones.

El poder está muy preocupado, aunque ya le mareaban algunos problemas. Que el Parlamento de Cataluña aprobara una declaración de soberanía catalana y una consulta ciudadana para la independencia. Y que los vascos, como hizo Cataluña, organicen también una cadena humana por su derecho a decidir. Y no hay día sin innumerables de protestas en todo el territorio estatal. Varios miles de manifestaciones en un año, como reconoce el ministro de Interior. El régimen monárquico bipartidista se tambalea, que no significa que ya caiga.

Nueve horas después del anuncio de la abdicación de Juan Carlos, la mayoría de plazas del país se atestaron de gentes. Exigían un referéndum sobre la forma de Estado, aunque en verdad reclamaban la República. Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Zaragoza, Bilbao, Alicante, Burgos, Salamanca, Tarragona, Palma de Mallorca, Badajoz, Vigo, Granada, Girona, Santander, Murcia… colmaron sus plazas de rojo, amarillo y morado. Y las manifestaciones siguen.

Desde abajo, desde la izquierda, muchas burlas y críticas a la monarquía española, a la próxima coronación, a la falta de democracia por no tener derecho ni a un referéndum para que el pueblo decida si quiere monarquía o República (o Anarquía), al dinero que le van (vamos) a dar a la primogénita de Flipe, a la falta de libertad de expresión (en los medios, en la calle, en las redes, y en breve en tu casa), a la manipulación de los miedos y los media, etc. ¡Bien!

Muchas manifestaciones y concentraciones en tantas ciudades de España para pedir el referéndum y en contra de la monarquía ¡Bien!

La que estas líneas escribe se incluye en los dos párrafos anteriores. Pero…

¿Solo esto es suficiente para conseguir un referéndum y para evitar la imposición de la coronación del Flipe?

Creo que sabemos tod@s que NO. Sabemos que sino hacemos más presión, como con una huelga general indefinida, NO conseguiremos un referéndum, NO pararemos la coronación del Flipe, y por contra, SÍ sabemos; que desde arriba se burlan de nosotros porque saben que con esto no conseguimos casi NADA, que solo es "derecho al pataleo" (quejas) o pateo (pasear, recibir patadas de antidisturbios), con pelotazos de goma, porrazos, y detenciones incluidas.

Revolucionarios en trance con un electrodoméstico.

Tengo por aquí un par de dudas; lo que no tengo es la menor esperanza de que los aludidos contesten con claridad y en una tribuna tan pública como los cargos que ocupan, pero las dejo caer de todas formas:

¿Sabían ustedes que España es una monarquía y, en consecuencia, tiene un rey? ¿Sabían que ese rey iba a abdicar en algún momento?

Supongo que la respuesta es positiva en los dos casos. Sería de lo más original que no lo fuera. Y como ustedes son gente que afirma estar por la República o, al menos, no por la monarquía (pregunta extra, no dirigida a anarcas: si no quieren monarquía ni están por la República, ¿qué quieren? ¿El imperio?), mi tercera duda es de cajón: ¿Habían previsto algo para la abdicación del rey? Algo, digo; algún tipo de campaña que no se tuviera que montar deprisa y corriendo, Oye, que teníamos rey y acaba de abdicar, ¿Qué me dices? y así.

A propósito de las “luces y sombras” que, al decir de los grandes medios han acompañado los 39 años del monarca español, quizás fuera bueno considerar que el Vampiro de Dusseldorf, cuando regresaba a su hogar después de haber satisfecho sus homicidas correrías por las luces y sombras de la ciudad, reunía a su familia en torno a la mesa y daba gracias a Dios por los frutos recibidos. Y Jack el Destripador, todavía con su filoso cuchillo goteando luces y sombras, acudía presuroso junto a la cuna de sus retoños para arrullarles el sueño con sus más dulces y tiernas nanas.

El conocido como “Doctor Muerte”, médico inglés que superase la mejor marca mundial de defunciones en un hospital, tenía tal respeto por sus pacientes que incluía sus fotografías en su propio álbum familiar para celebrarles sus luces y sombras en sus aniversarios.

Hay gente, mucha, ahora mismo, en España, que quiere cambiar y está dispuesta a mover ficha, no es ningún secreto y la hemos visto masivamente en las calles. Y esta gente, de talante y cultura democrática, se decanta por la celebración de un referéndum entre monarquía o república. Y hay, claro está, un sector, minoritario y de muy tibio e inestable carácter democrático que prefiere, dados sus intereses, el inmovilismo monárquico sin arriesgarlo en un referéndum. Estos últimos tienen a su favor, la rutina y la resignación que sin duda ha arraigado a los largo de los últimos decenios en las filas de una parte importante de los anteriores.

Esto hace que, levitando sobre esos sectores favorables al referéndum y a la república, inevitablemente, aletee una cierta inercia, una cierta comodidad en la incomodidad, una cierta rutina de instalados en la oposición y la queja, una cierta inquietud… Hay que cambiar, claro, se dicen muchas personas, y yo quiero cambiar, se repite cada uno para sí, pero ¿no habrá algún tipo de riesgo?, ¿no ocurrirá alguna desgracia, tras tanta desgracia acumulada por los gobiernos, la crisis y la corrupción?, ¿no nos meteremos por un camino problemático?

Es como bajar la basura cada noche.

Uno está tranquilo en casa, descansando apenas de sus no escasos problemas. Quizás ya hemos cenado, quizás estamos sentados frente a la tele o leyendo o charlando con la familia o mandandoa la cama a los pequeños… Entonces surge la frase, inoportuna quizás, pero inevitable, hasta imprescindible: “Hay que tirar la basura”

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