LQSomos. Reflexión

Octavio Paz dijo: “las revoluciones suceden cuando los poetas hablan de economía”. Son los versos el último reducto de los sentimientos. Cuando éstos quedan fuera de la realidad la poesía se convierte en agitadora de viento, llama al mundo para que sea capaz de ver horizontes, los dibuja para que sean realidad, liberarlos y hacer visible su encuentro, lo que alguien llama “un cachito de esperanza”.

La apatía social, el inmovilismo, el atasco en que se encuentra cualquier atisbo de revolución tiene mucho qué ver con los sentimientos, porque son la gasolina de todo cambio social. La ruta de las transformaciones sociales es el pensamiento con el cual se forma una mentalidad. Los objetivos forman el mapa y el vehículo son los movimientos sociales en todas sus formas, pero sin combustible nada sirve. Por esta razón al comienzo de la sociedad tecnológica actual muchos pensadores plantearon lo que se conoce como “freudomarxismo”, con el fin de entender la tecnificación del ser humano, de su conciencia, de sus sentimientos, en un proceso que pasa inadvertido porque se normaliza y al estar inmersos en él no somos capaces de verlo.

Una sociedad que tenga en cuenta lo más profundo del ser humano, porque sin sus capacidades afectivas las revoluciones han hecho siempre que volvamos a empezar, porque siempre niegan al individuo. Una observación que se recoge desde la obra “El origen de la tragedia” de Nietzsche, en la que cuenta la pugna entre lo dionisiaco y lo apolíneo. También en la obra “Eros y civilización” de Marcuse. Ambos autores interrogan sobre por qué construimos una sociedad contraria al ser humano. Responden que sucede porque relegamos los sentimientos, los enmascaramos y somos incapaces de reconocer múltiples formas de los mismos y se estancan, lo cual atrofia la capacidad sentir los problemas de los demás y ver sólo los uno mismo, pero se perciben aislados del mundo, cada cual va a lo suyo y cada colectivo también. Es un problema sentimental, porque la sociedad se estructura sobre la base de encerrar los sentimientos, no deja que fluyan y se crean sucedáneos, falsos sentimientos.

La historia de la afición del conde italiano Piero Gondolo della Riva por las novelas de Jules Verne es un viaje extraordinario que dura varias décadas. Gondolo es uno de los mayores expertos mundiales de Verne y el mayor coleccionista de manuscritos y objetos del escritor francés. Éste políglota, habla cuatro idiomas -entre ellos un perfecto castellano- y tiene nociones de tres más -entre ellos del catalán-, es el autor de prólogos y prefacios de muchas de las ediciones de las noventa y cinco lenguas a las que está traducida la obra verniana. Hablamos con él durante las pasadas jornadas del Primer Congreso Internacional Jules Verne de Barcelona, donde dio una conferencia magistral sobre los escritos apócrifos del novelista galo.

Usted lleva –no le gusta que le trate de usted, hace años que nos conocemos, pero el protocolo me obliga- unos cincuenta años estudiando la vida y la obra de Verne. ¿Cuándo comenzó esta pasión verniana?

Con trece años y medio. Como a todos los niños me regalaban novelas, en traducciones italianas, de Verne. En aquella época, como en España, se traducía el nombre del autor. Para nosotros era Giulio Verne, incluso había quien pensaba que era un novelista italiano. No todas las novelas me gustaban, claro que unas me gustaron mucho, por ejemplo “Los hijos del capitán Grant”, “La isla misteriosa”… el misterio y los enigmas que hay en las novelas de Verne me encantaban. Ya hablaba francés muy bien, y prefería leer las novelas en el idioma original. Un librero anticuario de Turín tenía muchas ediciones antiguas de Verne, de la editorial de Jules Hetzel. En Turín, y en todo el norte de Italia, hay una cultura francesa muy grande.

“… pero te has olvidado de la colonia, nos hemos olvidado de la colonia y de los crímenes de la colonia.”
Yván Silén, Edipo Rey o: La Caperucita Roja (1974)

Introducción

A partir de Insensatez (2004), la novela de Horacio Castellanos Moya se acopla de una manera dramática al ensayo del poeta-filósofo Yván Silén, La Rebelión (1995). La propuesta del novelista salvadoreño —sobre la insensatez de la novela política que se deja llevar por la pulsión gozosa de lo literario en el contexto del genocidio —se engancha perfectamente al ensayo del poeta-filósofo puertorriqueño, sobre lo siniestro: “lo siniestro encanta… El hombre, entonces, vive encantado por su parte metafísica. Por esa parte que no sólo lo aterra, ese deseo de huir de ella, sino que lo obliga a volver a ella oscuramente para embellecerla” (La rebelión 70).

En Insensatez, de hecho, lo siniestro encanta. Por eso, la novela vuelve muchas veces sobre el terror del genocidio, el cual busca “embellecer” mediante infusiones literarias de estilo, lenguaje, estructura, especularidad, ya que la novela vive encantada por esa metafísica siniestra, que la lleva a literaturizar autorreflexiva y metanovelísticamente el terror del genocidio. Y ello porque de eso precisamente se encarga la literatura (según el ensayo de Silén): es decir, de alumbrar las zonas oscuras del ser (y su tragicomedia).

La realidad literaria es independiente de la realidad misma, no precisa de ella para ser creíble, no precisa de ella para ser real, la realidad literaria es real en sí misma.

La compenetración de todos los elementos de una historia es el ingrediente principal del esqueleto de la realidad literaria de esa historia. La realidad literaria es precisamente esa cohesión de todos los componentes de una historia, aquello que la convierte no en plausible, ni siquiera en probable, sino aquello que le insufla un espíritu de realidad autónoma.

La realidad literaria no precisa de conocimientos concretos,ni mucho menos exactos de una realidad tangible determinada, de un mundo concreto, de una sociedad concreta; para alcanzar una realidad literaria consistente, basta con que el mundo creado resulte convincente, esto es especialmente fácil de entender si hablamos de novela histórica, dice Milan Kundera: “La fidelidad a la realidad histórica es algo secundario en relación al valor de la novela. El novelista no es ni un historiador ni un profeta, es un explorador de la existencia“ y como tal, el escritor no debe verse obligado, como se vería un historiador a ceñirse a una realidad concreta, a una sucesión concreta de hechos históricos, ni tan siquiera de personajes históricos, la materia prima del escritor es el ser humano, el ser humano atemporal y autónomo de circunstancias externas concretas.

Sí, el escritor español que más caras ha cruzado ha sido acusado de plagio. Pérez Reverte entra en la historia de esta práctica milenaria.

Pérez-Reverte ha sido condenado a pagar más de doscientos mil euros por plagio. No puedo decir la cifra exacta porque yo a partir de cincuenta euros me mareo. En todo caso, no se trata de la primera vez que un escritor copia. He aquí unos cuantos ejemplos:

Jorge Luis Borges decía que, en cierto sentido, siempre estamos escribiendo la misma página. Pero no explicaba que esa página era de un amigo suyo del bachillerato, que mostraba a quien quisiera escucharle los trozos de papel que había dejado Borges en su cuaderno, al arrancarla torpemente.

Umberto Eco montó en cólera cuando vio que Jean-Jacques Annaud había copiado tramas y personajes de El nombre de la rosa en su película El nombre de la rosa. Todo se arregló después de una serie de embarazosas explicaciones que Eco acabaría desarrollando en su famosa conferencia El difuso concepto de autoría en la literatura medieval.

Cada dos por tres, se pone de moda, entre escritores, críticos, profesores, académicos y otras personas relacionadas, al menos aparentemente, con la literatura, pronosticar la desaparición de la novela. Ya en los años setenta, cuando bullía la famosa "tesis de la muerte del arte", igualmente se habló, ¡cómo no!, de la desaparición del que se dice es el género literario más joven. Y, casi veinte años antes, en su precioso libro Les abéilles d' Aristée (Ensayo sobre el destino actual de las letras y las artes, Gallimard), Vladimir Weidlé planteó el mismo problema. Entre nosotros, Vicente Verdú parece haber tomado la cuestión como cruzada personal y anualmente la plantea en una universidad de verano de las que tan asiduos son los empleados de Prisa.. Pero no es el único. En los últimos meses, he leído, en artículos o contestaciones a entrevistas, los mismos fúnebres vaticinios a Juan Manuel de Prada, Javier Marías, Miguel García Posada, Eduardo Mendoza, Darío Villanueva, Elvira Lindo y Francisco Ayala, quien aseguró hace un año con contundencia, en la universidad Menéndez Pelayo de Santander, que la novela pertenece al pasado, porque ha perdido su función orientativa, sin la cual, según él, para nada sirve.

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Fanfarria Taquikardia

 

Jueves, 14h30. Habla el Presidente del BCE, Mario Draghi. El Consejo ha dejado igual los tipos de interés. Dice Draghi que la perspectiva de una baja inflación está basada en una economía débil y que si hace falta, el BCE estaría de acuerdo en aplicar medidas no convencionales, la famosa compra de activos (estímulos monetarios) de los que veníamos hablando aquí..

 

LA VIÑETA

INFOGRAFÍA

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