LQSomos. ¿Democracia?

Estados Unidos es el principal enemigo de la libertad, la democracia y la paz mundial. Ahora mismo mantiene una ofensiva simultánea contra Venezuela, Ucrania y Siria, con el objetivo de derrocar a sus gobiernos, saquear sus riquezas naturales y apropiarse de sus rutas comerciales. Las reservas de petróleo de Venezuela, los gaseoductos rusos que atraviesan Ucrania y la posición geoestratégica de Siria explican una nueva agresión imperialista, que se disfraza de protestas populares, exigiendo un cambio de régimen. Los acontecimientos siempre reproducen la misma secuencia. Los manifestantes ocupan pacíficamente calles y plazas, pero no tardan en producirse actos de violencia y pérdidas de vidas humanas. Thierry Meyssan, fundador y presidente de la Red Voltaire, afirma que no se trata de incidentes incontrolados: “…fuerzas especiales o elementos a las órdenes de Estados Unidos o de la OTAN, convenientemente ubicados, disparan a la vez contra la multitud y contra la policía. Así sucedió en Deraa (Siria) en 2011, al igual que en Kiev (Ucrania) y en Caracas (Venezuela) en los últimos días. En el caso de Venezuela, las autopsias practicadas demuestran que 2 víctimas –un manifestante de la oposición y otro favorable al gobierno– fueron baleadas con la misma arma”. Estados Unidos no deja nada al azar. Cada acto de injerencia se realiza desde un país vecino, que permite dirigir la operación desde la retaguardia, creando una zona de escape y apoyo militar, financiero y sanitario. En los casos de Siria, Ucrania y Venezuela, desempeñan ese papel Turquía, Polonia y Colombia, respectivamente. Si Estados Unidos consigue sus objetivos, ningún país podrá estar tranquilo.

El nacional-catolicismo militante no ha muerto, forma parte inseparable del legado franquista asumido por la monarquía constitucional. Aquel “atado y bien atado” de la soga dictatorial no solo se refería a colocar en la jefatura del Estado a un Rey designado por “el Caudillo” que a su vez blandiera el bastón de mando del Ejército. Con idéntica contumacia perseguía entronizar en el nuevo marco político el sesgo teocrático que animó la Cruzada del 18 de Julio. Aunque a menudo, por obvio, esto se olvida.

Topar con la Iglesia ha sido una de las tradiciones culturales de nuestra política. Por eso a la hora de plantear una mayor democratización social no basta con atender a los frentes ideológicos clásicos. Es preciso, además, encarar esos agentes retrógrados que históricamente han escoltado a la rancia derecha nacional para preservar los intereses de los poderosos. Antaño los cómplices eran el llamado “partido militar” y el “bando de las sotanas”. Hoy el primero está en un discreto segundo plano, aunque la fiera aún colea. Mientras, por el contrario, la curía ha logrado un plus de representatividad insólito en una democracia europea. Seguramente porque el podio que disfruta formó parte del gran apaño de la Transición entre los poderes fácticos y las cúpulas de la izquierda franquiciada (PSOE y PCE).

“Esta reforma del Código Penal supera todo lo conocido hasta ahora y nos remonta al S.XIX, porque basa sus premisas en un código que se centra en el delincuente y no en la persona”. Así hablaba Concepción Sáez, una juez con 27 años de experiencia en la carrera judicial y miembro de la Plataforma Otro Derecho Penal es Posible. Resumía así el espíritu de una Reforma del Código Penal que con toda probabilidad será aprobada en España en los próximos meses.

España ocupa, según cifras del Ministerio del Interior, el 4º lugar por la cola de los países de la Unión Europea en tasa de delitos. Sin embargo es el 7º de los 27 estados miembros en tasa de encarcelamientos. En 2012 la criminalidad descendió un 2,7% en España por tercer año consecutivo y, según el Barómetro 2012 del CIS, la seguridad es una inquietud inexistente en la población, varios puestos por detrás de la corrupción política, el paro o la crisis económica. Y con todos esos datos, ¿para qué una reforma más del Código Penal? Parece innecesaria pero afectará, sobre todo al delincuente primario, a aquel que siempre “paga” y que deja ver una criminalización de la pobreza. La reforma convierte un sistema penal basado en la reinserción en uno basado en la retribución, “la haces, la pagas”.

[I]

La crisis económica que afecta a nuestro país y las políticas de austeridad impuestas por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) están provocando una fractura social cada vez más evidente. La ciudadanía observa atónita la degradación de la vida cotidiana y la tolerancia del poder con los abusos cometidos por los más privilegiados del país. Como no podía ser de otra forma, el creciente deterioro de las condiciones materiales de una cada vez más amplia mayoría social llega acompañado de gravísimos escándalos de corrupción que salpican al conjunto de las élites políticas y económicas, alumbrando una sociedad cada vez más instalada en la injusticia y la desigualdad.

En este contexto, el sueño de la integración europea ha devenido una pesadilla que impone un duro presente y nos condena a un porvenir sombrío. De una forma intencionada, se ha ofrecido a la ciudadanía una imagen falsa, ideológica e idílica de la hoy denominada Unión Europea, utilizando los medios de comunicación para proyectar una visión mítica y alejada de la realidad: una Unión Europea completamente ajena a los principios de cohesión y colaboración solidarios, que se ha convertido en una suerte de reserva de caza alemana en la que las economías fuertes explotan sus ventajas económicas y comerciales para aplastar a las débiles. Una Unión Europea gobernada por la ley de la selva.

En la desnuda claridad de las murallas del viento se pierde el sonido alado de las luciérnagas. La fuerza infinita de los pueblos murmulla en la oscuridad ante la impunidad de tantos crímenes, torturas, maltrato y asesinatos masivos.

El gobierno español acaba de anular la “justicia universal” en su territorio. La posibilidad de juzgar genocidios, violaciones sistemáticas de los derechos humanos, una asignatura que a este partido heredero directo del putrefacto franquismo le sigue quedando pendiente, cargándose esta brizna legal de forma intencionada, para evitar que en un futuro próximo ellos mismos puedan ser juzgados, por conducir a millones de ciudadanos/as a un abismo de hambre, miseria y violencia de estado.

Da la impresión de que la reciente masacre de Ceuta sobre este importante grupo de migrantes presuntamente asesinados, ha sido la antesala de esta premeditada y vergonzosa decisión, que cierra puertas a la esperanza de un mundo mejor, condenándonos a seguir sufriendo a los mismos criminales en cada fase de nuestra historia.

“Fuera de nosotros la funesta manía de pensar”
(La Universidad de Cervera a Fernando VII)

En el pasado siglo la teoría dominante consideraba al fascismo como la última y criminal ratio del capitalismo para defender el statu quo ante el empuje de los partidos de izquierda y el movimiento obrero. Pero cien años después, las cuentas son otras. Hoy repunta un fascismo de nuevo cuño (acepta el Estado de Israel, el matrimonio gay y el aborto, pero combate el islamismo) y al mismo tiempo apenas queda en Europa algo del combativo sindicalismo de clase, el poderoso movimiento comunista se ha extinguido y la activa socialdemocracia del Estado de Bienestar no está ni se la espera. Por tanto, la pregunta persiste: ¿por qué un fascismo del siglo XXI?

Hay respuestas obvias, causa-efecto, que le ligan al capitalismo depredador como su sombra. También cabe afirmar que el regreso del fascismo a la escena política en las hasta hace poco prósperas sociedades europeas es un reflejo de la voraz crisis económica. E incluso se puede atribuir su reaparición al vacío dejado por una izquierda institucional que, lejos de defender las conquistas sociales, se ha pasado al enemigo formando parte del problema. Pero convengamos que todas esas explicaciones siguen sin ser verdaderas razones, ya que en su lógica, inductiva o deductiva, aceptan una ciudadanía sin atributos ni valores, incapaz de resistir cualquier contingencia sobrevenida. Lo que el teorizador de la “dialéctica negativa”, Theodor W. Adorno, definía como “la destrucción de la verdadera experiencia por la sociedad burguesa avanzada y su reemplazo por conceptos inertes, administrados”, y Erich Fromm atribuía al “miedo a la libertad”.

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