LQSomos. ¿Democracia?

No podemos aceptar la Paz obligados por las bayonetas.

Lo fácil es hablar de Paz si se quiere, como tanto se ha hecho, maquillar con lentejuelas filantrópicas la hipocresía de las maquinarias burguesas para la violencia y la muerte. Es fácil desgarrarse las vestiduras y sacar a pasear frases plañideras, con desplantes de ocasión mediática y “políticamente correctas”. Todos sabemos que el capitalismo es un sistema absolutamente antagónico a la Paz. Todos sabemos que bajo el capitalismo la Paz verdadera es imposible. No es lo mismo conquistar “treguas” que conquistar la Paz. Desde sus púlpitos mediáticos el capitalismo nos relata, a voz en cuello, su amor por la muerte, su pasión por la destrucción y su romance eterno con el belicismo serial. Y lo han convertido en un gran negocio.

Es el capitalismo quien financia millones de películas de guerra, millones de series televisivas empapadas en sangre y crueldad. Es el capitalismo quien “crea” avalanchas de asesinatos y canalladas televisadas con toda impudicia. La Paz no tiene lugar en la mentalidad burguesa porque el capitalismo es la violencia por definición. La andanada criminal que el capitalismo también pone en sus pantallas, disfrazada de películas de “ficción” o de “noticieros”, es tributaria del estereotipo ideológico que tiene su base concreta en una realidad ensangrentada y que supera a toda ficción. Nada tienen de “pacíficos”.

[I]

La crisis económica que afecta a nuestro país y las políticas de austeridad impuestas por la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) están provocando una fractura social cada vez más evidente. La ciudadanía observa atónita la degradación de la vida cotidiana y la tolerancia del poder con los abusos cometidos por los más privilegiados del país. Como no podía ser de otra forma, el creciente deterioro de las condiciones materiales de una cada vez más amplia mayoría social llega acompañado de gravísimos escándalos de corrupción que salpican al conjunto de las élites políticas y económicas, alumbrando una sociedad cada vez más instalada en la injusticia y la desigualdad.

En este contexto, el sueño de la integración europea ha devenido una pesadilla que impone un duro presente y nos condena a un porvenir sombrío. De una forma intencionada, se ha ofrecido a la ciudadanía una imagen falsa, ideológica e idílica de la hoy denominada Unión Europea, utilizando los medios de comunicación para proyectar una visión mítica y alejada de la realidad: una Unión Europea completamente ajena a los principios de cohesión y colaboración solidarios, que se ha convertido en una suerte de reserva de caza alemana en la que las economías fuertes explotan sus ventajas económicas y comerciales para aplastar a las débiles. Una Unión Europea gobernada por la ley de la selva.

En la desnuda claridad de las murallas del viento se pierde el sonido alado de las luciérnagas. La fuerza infinita de los pueblos murmulla en la oscuridad ante la impunidad de tantos crímenes, torturas, maltrato y asesinatos masivos.

El gobierno español acaba de anular la “justicia universal” en su territorio. La posibilidad de juzgar genocidios, violaciones sistemáticas de los derechos humanos, una asignatura que a este partido heredero directo del putrefacto franquismo le sigue quedando pendiente, cargándose esta brizna legal de forma intencionada, para evitar que en un futuro próximo ellos mismos puedan ser juzgados, por conducir a millones de ciudadanos/as a un abismo de hambre, miseria y violencia de estado.

Da la impresión de que la reciente masacre de Ceuta sobre este importante grupo de migrantes presuntamente asesinados, ha sido la antesala de esta premeditada y vergonzosa decisión, que cierra puertas a la esperanza de un mundo mejor, condenándonos a seguir sufriendo a los mismos criminales en cada fase de nuestra historia.

Estados Unidos es el principal enemigo de la libertad, la democracia y la paz mundial. Ahora mismo mantiene una ofensiva simultánea contra Venezuela, Ucrania y Siria, con el objetivo de derrocar a sus gobiernos, saquear sus riquezas naturales y apropiarse de sus rutas comerciales. Las reservas de petróleo de Venezuela, los gaseoductos rusos que atraviesan Ucrania y la posición geoestratégica de Siria explican una nueva agresión imperialista, que se disfraza de protestas populares, exigiendo un cambio de régimen. Los acontecimientos siempre reproducen la misma secuencia. Los manifestantes ocupan pacíficamente calles y plazas, pero no tardan en producirse actos de violencia y pérdidas de vidas humanas. Thierry Meyssan, fundador y presidente de la Red Voltaire, afirma que no se trata de incidentes incontrolados: “…fuerzas especiales o elementos a las órdenes de Estados Unidos o de la OTAN, convenientemente ubicados, disparan a la vez contra la multitud y contra la policía. Así sucedió en Deraa (Siria) en 2011, al igual que en Kiev (Ucrania) y en Caracas (Venezuela) en los últimos días. En el caso de Venezuela, las autopsias practicadas demuestran que 2 víctimas –un manifestante de la oposición y otro favorable al gobierno– fueron baleadas con la misma arma”. Estados Unidos no deja nada al azar. Cada acto de injerencia se realiza desde un país vecino, que permite dirigir la operación desde la retaguardia, creando una zona de escape y apoyo militar, financiero y sanitario. En los casos de Siria, Ucrania y Venezuela, desempeñan ese papel Turquía, Polonia y Colombia, respectivamente. Si Estados Unidos consigue sus objetivos, ningún país podrá estar tranquilo.

El nacional-catolicismo militante no ha muerto, forma parte inseparable del legado franquista asumido por la monarquía constitucional. Aquel “atado y bien atado” de la soga dictatorial no solo se refería a colocar en la jefatura del Estado a un Rey designado por “el Caudillo” que a su vez blandiera el bastón de mando del Ejército. Con idéntica contumacia perseguía entronizar en el nuevo marco político el sesgo teocrático que animó la Cruzada del 18 de Julio. Aunque a menudo, por obvio, esto se olvida.

Topar con la Iglesia ha sido una de las tradiciones culturales de nuestra política. Por eso a la hora de plantear una mayor democratización social no basta con atender a los frentes ideológicos clásicos. Es preciso, además, encarar esos agentes retrógrados que históricamente han escoltado a la rancia derecha nacional para preservar los intereses de los poderosos. Antaño los cómplices eran el llamado “partido militar” y el “bando de las sotanas”. Hoy el primero está en un discreto segundo plano, aunque la fiera aún colea. Mientras, por el contrario, la curía ha logrado un plus de representatividad insólito en una democracia europea. Seguramente porque el podio que disfruta formó parte del gran apaño de la Transición entre los poderes fácticos y las cúpulas de la izquierda franquiciada (PSOE y PCE).

“Esta reforma del Código Penal supera todo lo conocido hasta ahora y nos remonta al S.XIX, porque basa sus premisas en un código que se centra en el delincuente y no en la persona”. Así hablaba Concepción Sáez, una juez con 27 años de experiencia en la carrera judicial y miembro de la Plataforma Otro Derecho Penal es Posible. Resumía así el espíritu de una Reforma del Código Penal que con toda probabilidad será aprobada en España en los próximos meses.

España ocupa, según cifras del Ministerio del Interior, el 4º lugar por la cola de los países de la Unión Europea en tasa de delitos. Sin embargo es el 7º de los 27 estados miembros en tasa de encarcelamientos. En 2012 la criminalidad descendió un 2,7% en España por tercer año consecutivo y, según el Barómetro 2012 del CIS, la seguridad es una inquietud inexistente en la población, varios puestos por detrás de la corrupción política, el paro o la crisis económica. Y con todos esos datos, ¿para qué una reforma más del Código Penal? Parece innecesaria pero afectará, sobre todo al delincuente primario, a aquel que siempre “paga” y que deja ver una criminalización de la pobreza. La reforma convierte un sistema penal basado en la reinserción en uno basado en la retribución, “la haces, la pagas”.

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