Irán: Las revueltas de la gasolina marcarán un antes y un después

Hamid Hosseini* / Javier Sáenz Munilla*. LQS. Noviembre 2019

La República Islámica de Irán, por muy enemiga que sea de la dictadura saudí y por ende de los Estados Unidos, es lo que es, desde que en 1979, el Ayatolá Jomeini impuso su execrable dictadura. El régimen de los ayatolás sigue siendo una satrapía, un sistema retrógrado, una dictadura férrea, un régimen policiaco opresor, cuya población es víctima de violaciones constantes de sus derechos humanos; detenciones arbitrarias, torturas, asesinatos en forma de ejecuciones dictadas por los tribunales islámicos…Y esto, desde 1979. Por eso, cada vez que, a pesar de tales circunstancias, se producen protestas populares, parece vislumbrarse, al fin, la caída de ese régimen. Hasta ahora, no ha sido así. Pero todo apunta que las protestas generalizadas de mediados de Noviembre, van a marcar un hito. Quizás, ahora sí, estamos en el principio del fin.

Un repaso a lo ocurrido

El 12 de noviembre, el Presidente Hassan Rohani, anunció en la ciudad de Yazd que el estado de la economía era tan crítico, que el gobierno se había quedado sin recursos para hacer frente a sus gastos. Al día siguiente, el Vicepresidente y portavoz del gobierno reconoció que 60 millones de personas carecían de recursos para sobrevivir; es decir, que el 80 por ciento de la población iraní es pobre de solemnidad. En la madrugada del 15 de noviembre se decretó la subida en un 300% del precio de la gasolina. Al día siguiente, el 16, comenzó el levantamiento popular.

Rápidamente, las protestas se expandieron y llegaron a las 100 principales ciudades de Irán. Al principio, las demandas se limitaron a exigir la reducción de los precios, especialmente la gasolina, cuya subida tan espectacular repercutió en el resto de los productos básicos. Pero enseguida comenzaron a aparecer en las manifestaciones y pintadas los eslóganes políticos. «Muerte a la dictadura», «Muerte a Jamenei» (Líder Supremo) o «Muerte a Rohani».

Datos de interés

El Estado iraní tiene en nómina a 20 millones de personas. El 68 % del presupuesto, se dedica a pagar los denominados gastos corrientes. Según las organizaciones internacionales, el déficit del Estado iraní llega al 70%. Como las propias autoridades reconocen, tienen verdaderas dificultades para pagar a sus asalariados, los funcionarios.

La causa primera de esta bancarrota es la caída precipitada de la venta de crudo en los mercados internacionales, que ha pasado de 2.500.000 barriles al día, a tan solo 300.000, fundamentalmente por el embargo impuesto por el gobierno norteamericano de Donald Trump. Así es que, la subida espectacular del precio de la gasolina decretada por el gobierno, sólo fue un respiro que se convirtió enseguida en una chispa sobre un barril de pólvora.

Porque la República Islámica lleva 40 años humillando y pisoteando al pueblo iraní. Un régimen que asegura ser el representante de Dios en la Tierra y que nunca, en este tiempo, ha permitido unas elecciones libres, pese al juego de teatro que se desarrolla en su parlamento de títeres, a los que la población ha dado siempre la espalda; que no pinta nada en su vida cotidiana.

En el levantamiento de 2011, la gente gritaba: «¿Dónde está mi voto?». En este, gritaba: «¿Dónde está mi pan?».

Represión sanguinaria

El 16 de noviembre estalló la ira de millones y millones de iraníes que se sienten ninguneados por las autoridades. Y el régimen, para hacer frente a las protestas, como primera medida decidió cortar el acceso a internet en todo el país. Envió a miles de paramilitares disfrazados de civiles a reprimirlas y a realizar actos vandálicos de provocación. El Líder Supremo, Jamenei, ordenó actuar sin miramientos. Los Guardianes de la Revolución y los paramilitares tenían la orden de disparar para poner fin a las marchas callejeras. Incluso en hospitales, como el Shahriar de Karaj, agentes de las fuerzas de seguridad penetraron para disparar en la nuca a varios heridos ingresados.

La falta de internet, impidió, al principio, que se conocieran estos hechos. Pero muchos de los heridos de bala no acudían a los hospitales, porque sabían que desde allí los llevarían a los cuarteles de los Guardianes de la Revolución.

El Líder Supremo, Ali Jamenei, atribuyó las protestas a los enemigos extranjeros y a sus agentes internos. Rohani, el Presidente, advirtió a los manifestantes que serían identificados por las cámaras de vigilancia y severamente castigados.
En el octavo día del levantamiento popular, uno de los comandantes de los Guardianes de la Revolución, anunció que los enemigos habían sido vencidos y que el Estado controlaba ya las 100 ciudades rebeldes.

Amnistía Internacional cifró en 106 las víctimas mortales. Pero sabemos que son muchos más los asesinados directamente en las calles por las fuerzas antidisturbios y los francotiradores. Hay miles de heridos. Miles de detenidos.

Las fuerzas de seguridad no entregaban los cuerpos de las víctimas a sus familiares. Y si lo hacían, era tras exigir un pago de 4.000 dólares y bajo orden de que los enterraran a la medianoche y en silencio. Más de 150 sucursales bancarias destruidas en cuatro ciudades. Cerca de 200 gasolineras quemadas. Decenas de centros comerciales y oficinas de la administración pública, atacadas. Aunque se sabe que muchas de estas destrucciones fueras actos vandálicos de provocación de las mismas fuerzas del régimen.

El poder judicial amenaza con duros castigos a quienes saquen al exterior imágenes de los disturbios. Y hay un control férreo sobre los medios de comunicación. Durante las protestas, ningún periodista obtuvo el permiso para visitar hospitales o informar de lo que sucedía en las calles. La gente, con mucha dificultad, pudo ir enterándose por comunicaciones directas o mediante el teléfono, también controlado.

Jamenei anunció su respaldo a la subida del precio de la gasolina, decretada por el gobierno, añadió, porque estaba respaldada por el poder judicial y el legislativo.
Aunque el parlamento no fue consultado, al escuchar esto, aceptó la decisión del Líder Supremo. En un rasgo de dignidad, cuatro diputados dimitieron al menos, en protesta por este ninguneo.

Ya en el noveno día de las protestas, el Presidente Hassan Rohani, anunció que la República Islámica había vencido a sus enemigos y un comandante de los Guardianes de la Revolución aseguró que había sido «una guerra mundial contra el Estado Celestial».

Los Guardianes de la Revolución están desplegados con ostentación por todo el territorio nacional. Su actitud es muy despectiva. Tratan muy mal a la gente. La población los percibe ya como fuerzas de ocupación.

Seguramente habrá un antes y un después del levantamiento de noviembre de 2019 en la República Islámica de Irán.

*Hamid Hosseini, portavoz de la Asociación iraní Pro Derechos Humanos.

*Javier Sáenz Munilla, periodista y analista internacional @pepitorias

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