Islandia: viaje sobrenatural a la isla volcánica más grande

Después de nuestra graduación de bachillerato, dos amigos y yo decidimos que trabajar en un campamento de verano nos aportaría experiencia para nuestros futuros estudios en el extranjero.

Debatimos por algún tiempo a donde ir y qué hacer, pero mientras debatíamos en dónde nos divertiríamos más, si caminando por la selva tropical del Amazonas o cruzando el Tíbet en 3 semanas, se nos vencieron todos los plazos.

Nuestra salvación fue una maratón de fotos en Islandia, propuesta por un consejero académico de la American College en Sofía. Lo cierto es que terminó siendo el mejor verano que hubiésemos podido imaginar.

Por la módica suma de 240 dólares, la maratón de fotos de 3 semanas en el Tíbet estaba organizada por una ONG (un viaje al Tíbet cuesta 7 mil, sin contar los tiquetes aéreos). Ese precio era raro entre los altos precios que tenían los paquetes turísticos para Islandia. Compramos los tiquetes inmediatamente.

Una experiencia cultural

Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Islandia, me sentí como si estuviera en otro planeta. El aeropuerto estaba casi desierto y las pocas personas que estaban allí tenían características típicas de vikingos –altos, monos y altos mentones– y hablaban en un idioma absolutamente incomprensible para mí.

Pensé acerca de la interesante información que había leído de un folleto en el avión. Cerca del 20% de los islandeses profesan alguna forma de fe cristiana, mientras el 60% creen en elfos y enanos. Además, cualquier islandés puede, supuestamente, rastrear su árbol genealógico hasta los primeros colonizadores 300 años atrás.

La verdadera sorpresa vino cuando salí al exterior. El aire olía a una mezcla de sándwich y una rara especie de liquen. El cielo era infinito, gris, frío y sobrenatural, y no había montañas o barreras para divisar el horizonte.

Advertir que estaba más al norte que el 99,9 % de la población mundial, me hizo pensar sobre lo que verdaderamente significa estar en la cima del mundo.

Una vista sobrenatural

Islandia es como una tierra de otro mundo, sin árboles o animales y con escasos rastros de gente, a excepción del inmenso aeropuerto que parece una estación espacial de la guerra de las galaxias. Y la tierra firme…no era tierra sino lava congelada cubierta con líquenes.

Campos de lava, volcanes, géiseres y otras exhalaciones naturales se elevaban desde las entrañas de la tierra; sentí que esta era Islandia en su verdadero esplendor, pero todavía había más.

Cuando llegamos a Reykjavik, estaba plácidamente sorprendido por la limpieza, el verdor y belleza de la ciudad. Aproximadamente 280 mil de los 300 mil islandeses viven en la ciudad de la isla, que aún sigue siendo la vista de la ciudad más solitaria que haya visitado.

El estilo de las casas apenas ha cambiado en los últimos 150 años, excepto por los colores. Resulta que para los islandeses es un hobby pintar, cada dos o tres años, sus casas de toda clase de colores silvestres.

En completo contraste me encontré con el edificio más grande y gris de la ciudad, la catedral de Reykjavik.

El cementerio era el único “parque” con árboles, entre ellos pinos, que fueron traídos y plantados por los primeros habitantes de Reykjavik.

En las dos calles principales del pueblo, hay almacenes que proveen prendas de vestir para el frío y comida, como carne de frailecillo (un ave) y filete de ballena. (No pudimos ver frailecillos vivos en Islandia).

La gran cantidad de manantiales minerales sirven como un sistema central de calefacción para el pueblo.

La tarea a realizar

El taller comenzó el día después de nuestra llegada. Tuvimos una reunión en el hostal y conocimos a los otros participantes que eran de Italia, Francia, España, Corea, Croacia, República Checa, Rusia, Alemania; también conocimos a Meir, el  experto en fotografía de Israel. La gama cultural era realmente impresionante.

Nuestra tarea era tomar fotos cada día con un tema diferente: color, sombra, reflejos, personas, movimiento y naturaleza. Al final del taller, se presentó una exhibición con nuestras fotos en la galería de la ciudad.

Cada día teníamos muchos eventos, recorridos y encuentros, y todas las noches esperamos la aurora boreal o luces del norte. Desafortunadamente no las vimos, porque no era la temporada correcta.

Un cielo despejado, viento muy fuerte, temperaturas muy bajas y una tormenta magnética era lo que esperábamos ver. Pero no tuvimos suficiente suerte para verlas en este viaje, esa es una de las muchas razones para volver a visitar Islandia.

Visitamos algunas islas volcánicas al sur, donde exploramos la cima de un cráter. Cuando íbamos hacia el volcán, nos detuvimos en varias hermosas e increíbles cascadas, géiseres y otros lugares interesantes donde el vapor vomitaba con un fuerte olor a azufre.

Afortunadamente, durante el verano, no hay mucha nieve y pudimos ver todo muy claramente, aunque nunca antes había sido golpeado por vientos tan fuertes.

Fenómenos poco comunes con el sol

Reykjavik es la capital situada más al norte de todo el mundo. Esto permite los fenómenos más inusuales allí, después de la aurora. Hay una semana en el verano que el sol no se pone, solo permanece en el horizonte. A la inversa, en el invierno, por varios días el sol no sale.

Estos ritmos atípicos del día influyen mucho la vida humana, y si alguien no está acostumbrado a esto, pensaría que se habría enloquecido.

Durante nuestra estadía allí, el sol se puso a las 11:30 p.m. Sin embargo no se desvaneció, solo se movió ligeramente y después se transformó en la más maravillosa salida de sol que jamás haya visto.

Un balneario en la cima del mundo

Al terminar el taller, visitamos la laguna azul, el balneario y centro turístico más lujoso del mundo y, sin lugar a dudas, el más exótico.

Está ubicado no muy lejos del aeropuerto en un terreno bajo (formado por un riachuelo o inundación). Es interesante que su área principal sea un lago con un agua opaca de tono azul cielo, que se formó tras un accidente de una estación de energía eléctrica situada cerca.

Parecen haber más de 200 especies de bacterias en el agua, lo que la hace única en propiedades sanadoras. Sumergirse en el agua caliente y la niebla, mientras que la temperatura está bajo cero, y una ligera lluvia debajo de las espesas nubes grises, produce una de las experiencias más interesantes que yo haya tenido alguna vez. Fue realmente algo sobrenatural.

Islandia es, definitivamente, un lugar maravilloso para visitar. Es único en muchos aspectos, e imposible de comparar con el mundo que conocemos. Es un lugar bastante costoso debido a que todos los productos de consumo son llevados por barco; sin embargo vale la pena explorar este lugar.

Es lo más cercano a una experiencia de otro mundo. Sin embargo, de una manera extraña te hace sentir en casa. ¡Qué maravilla!

 

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