Joe Cocker, caballeros ingleses y perros rabiosos

Mariano Muniesa*. LQS. Marzo 2020

Pura magia. La música en el escenario invadía sus almas, sus corazones y sus cerebros, y eran capaces de ser una banda de rock potente, sólida y compenetrada…

Para desconectar un poco de toda esta situación, por el brote de coronavirus y la declaración de Estado de alarma, les voy proponer algo que seguro les va a gustar: recordar una fiesta, una fantástica fiesta que tenía lugar hace ahora 50 años, entre marzo y abril de 1970 en Estados Unidos. Una fiesta que adquirió proporciones de leyenda y que quedó plasmada en uno de los más sensacionales discos en directo que se hayan editado jamás en la historia del rock: «Mad Dogs & Englishmen» de Joe Cocker. Como hago muchas veces, mientras escribo este artículo y en la intimidad de una noche inquietantemente tranquila y silenciosa, vuelvo a pinchar ese maravilloso vinilo –sí, un vinilo de fabricación americana edición original de 1970 que compré por tan solo 1.95 dólares en una tienda de Los Ángeles que estaba liquidando todas sus existencias de vinilos en 1999 ante la implantación masiva del CD- de «Mad Dogs & Englishmen» y en unos días tan difíciles como estos, me reconforta percibir ese espíritu de auténtica fiesta de rock´n´roll que esos microsurcos transmiten.

Si el famoso tour de los Rolling Stones por los USA en el verano de 1972 presentando «Exile On Main Street» ha pasado a la historia –en gran parte, gracias a la mítica película de Robert Frank «Cocksucker Blues»- como una de las fiestas más salvajes de la historia del rock’n’roll, igual que el mítico «American Tour 75» de Led Zeppelin, cuyo avión privado se convirtió en esa gira en la versión años 70 de las orgías y fastos del emperador romano Calígula, el tour de «Mad Dogs & Englishmen» está por derecho propio en ese club de giras en las que el lema de «sexo, drogas y rock’n’roll» adquiere una dimensión histórica. Y lo más chocante del asunto resultó que fue una gira que Joe Cocker en un primer momento no quería hacer, y que en gran medida, tuvo que improvisarse y a organizarse a contrarreloj.

Relato de los hechos: el 11 de marzo de 1970, Joe Cocker llega a Los Ángeles después de haberse consagrado como una estrella mundial en su apoteósica actuación en el Festival de Woodstock de 1969, haber recorrido los USA en gira ese otoño y haber hecho una gira británica entre enero y febrero. La idea del viejo Joe era la de tomarse tres semanas de vacaciones en la cálida y soleada California tras muchos meses de incesante actividad, pero… al día siguiente, su manager estadounidense, Dee Anthony -que se especializó en introducir artistas británicos en el mercado estadounidense y del que se rumoreaba que tenía vínculos con la mafia- localizó a Cocker y le informó que había firmado un contrato para hacer una gira de siete semanas, 48 conciertos en 52 noches, para ser exactos, gira que debía comenzar la semana siguiente en Detroit. Le dio al cantante ocho días para encontrar una banda o enfrentar la ira colectiva del sindicato estadounidense de músicos, las autoridades de inmigración, los promotores de conciertos y los fanáticos de la música en todas partes, así como tal vez la de sus «amigos» italo-estadounidenses en Nueva York.

Joe Cocker, indignado y frustrado pero entendiendo que no tenía alternativa recurrió a los productores de su último álbum, Denny Cordell y Leon Russell, para ver si podían ayudarle a salir del apuro. Y en una frenética lucha contra el calendario, empezaron a organizar la gira Mad Dogs and Englishmen. Gracias a que Leon Russell tenía una estrecha relación con Delaney y Bonnie Bramlett, así como con los músicos de su banda y gracias a que acababan de terminar una gira y la mayoría no tenían trabajo a corto plazo, Rita Coolidge, Carl Radle, Jim Price, Jim Horn, Jim Keltner y Jim Gordon, es decir, el grueso de los Delaney & Bonnie And Friends que grabaron en gira con Eric Clapton el mítico disco en directo «On Tour With Eric Clapton» editado en junio de 1970, se unieron a la troupe de Joe Cocker para aquella gira. El teclista de la Grease Band que había girado anteriormente con el cantante, Chris Stainton, fue rescatado para completar la formación y los febriles ensayos en la propia casa de Leon Russell para poder poner a punto un espectáculo en condiciones dieron el pistoletazo de salida al comienzo de la fiesta. Al objeto de ganar tiempo, se preparó un repertorio en el que básicamente, al margen de tan solo cuatro ó cinco canciones del propio Joe Cocker, había una selección de covers de temas que casi todos sabían tocar y que iban del «Let It Be» de los Beatles al «Honky Tonk Woman» de los Rolling Stones pasando por «Feeling Allright» de Traffic y varios standards soul de Ray Charles, Sam and Dave u Otis Redding. Acompañando a Cocker se incluyen un coro, una sección de vientos de tres miembros – entre ellos, Bobby Keys, acompañante habitual de los Stones- y varios baterías.

Con una banda que llevaba 48 horas sin dormir, la gira comenzó como estaba previsto, el 20 de marzo de 1970 en Detroit. Y contra todo pronóstico, el éxito fue total y absoluto. Una maravillosa amalgama de rock, soul y blues, ejecutada con fuerza, energía y sentimiento, que puso en pie un espectáculo sensacional, que ante la repercusión que tuvo, se decidió que a lo largo de la gira se grabase y filmase. Los conciertos del 27 y 28 de marzo en el Fillmore East de Nueva York conforman ese mítico doble álbum en directo que se puso a la venta en la primera semana de agosto de aquel mismo año y en marzo de 1971, exactamente un año después, la película, dirigida por Pierre Adidge y distribuida por la Metro Goldwyn Mayer. 117 minutos que se inician, justamente, con la gran fiesta montada en el avión que se alquiló para poder moverse por todo el país.

La célebre fotógrafa Linda Wolf, que viajó con el grupo toda la gira, recordaba recientemente a una emisora de radio de Los Angeles: «La gira era como estar todos los días en nochevieja: cocaína, marihuana, ácidos, champagne, bourbon, whisky.. y el caso es que nunca supe quien pagaba todo eso ni de dónde salía. Nunca vi a los pilotos, ni había cinturones de seguridad. Todo el mundo estaba colocadísimo todos los días. Joe llegaba a veces al backstage prácticamente inconsciente, y sin embargo… cada noche hacían magia. Pura magia. La música en el escenario invadía sus almas, sus corazones y sus cerebros, y eran capaces de ser una banda de rock potente, sólida y compenetrada como muy pocas he vuelto a ver».

Entiendo que poco más cabe añadir a este testimonio. Excepto lo que ustedes mismos sientan al volver a escuchar esa maravilla sonora llamada «Mad Dogs & Englishmen» de Joe Cocker, que cumple 50 años de leyenda.

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* Nota original del diario “La Región”

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