Kaos en la Red: una colaboración intensa

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez. LQSomos.

Habituada a padecer toda clase de agresiones, Kaosenlared.net se encuentra en estos días en una coyuntura de puesta al día obligada, de la que estamos seguro acabará resurgiendo

Se trata de una batalla primordial para una apuesta de izquierda “gobierne quien gobierne”, que apuesta por aceptar todos los colores del rojo y del negro.

Para algunos, Kaos es parte de nuestra historia como socialista combativo y divulgador. Personalmente, recuerdo que allá por octubre del 2005, por la misma época en que los de la Fundació Andreu Nin celebrábamos el 70 aniversario de la fundación del POUM, comencé a escribir diariamente artículos en Kaos, a veces hasta dos al menos hasta que me dijeron que no era aconsejable por el desgaste. La invitación me había venido desde la misma plataforma sobre la que me advirtieron que andaban jóvenes militantes del PCPE, en un tiempo en el que sectores sociales emergentes habían asimilado la idea de que la caída de la URSS había sido una puñalada por el espalda perpetrada por el imperialismo con la complicidad de trotskistas y orwellianos, y yo compartía ambos pelajes; entre ellos nos faltaban los que exaltaban el periodo de los “procesos” y del “hitlerotrotskismo”, de admiración abierta a Ramón Mercader, por supuesto siempre a mi manera. Esta olea se había hecho presente por lo visto en Madrid, algunos como Miguel Romero me hablaron con preocupación de ella, y Miguel Urban contaban que habían hecho una pintada en su puerta con el punto de mira de un fúsil a la manera de ETA. Pero lo cierto era que la invitación era seria, que me conocían por El Viejo Topo y por otras revistas y que trataban de hacer de la página un lugar abierto para todas las izquierdas sin distinción. Un lugar de debate abierto, algo que entonces comenzó a darse con la incorporación de otras muchas firmas que elevaron considerablemente el nivel del proyecto.

La abundancia de mi contribución se explica, en primer lugar por la considerable cantidad de artículos y libros publicados, buena parte de los cuales fueron escaneados y adaptados para cada ocasión. Tenía además “todo el tiempo del mundo” ya que trabajaba de guardia en el servicio de urgencia de la Sanidad, y la noche era muy larga. Mis contribuciones eran dispares, abarcaban temas de política, historia, literatura y cine, aunque el grueso de los textos apuntaban contra la historia negra del estalinismo, algo que sacaba de quicio a un buen número de lectores que, salvo contadas excepciones, trataban de morderme en la yugular.

Fueron abundantes los casos en los que se emplearon epítetos contra mi madre. Es lo que ocurrió por ejemplo en un artículo sobre Julián Grimau anotando que en el 37 intervino en la operación contra Andreu Nin, una página que, es verdad, utilizó el mismísimo Fraga Iribarne, pero que no por ello era menos cierta. Excepcionalmente aparecieron réplicas directas o indirectas, pero ninguna de ellas de manera estable.

Antes el contrario, aquellos que trataban de “razonar”, por ejemplo, arguyendo que el “Che” admiraba a Stalin apoyándose en unas citas de juventud, pronto tuvieron que reconocer que el líder guerrillero se convirtió en el peor enemigo de los sectarios y burócrata en Cuba, y que descubrió a Trotsky con el tiempo, sobre todo en sus lecturas bolivianas.

Desde mi punto de vista se trataba de aportar toda la formación cultural de la que era capaz, la que había acumulado desde mis años de formación cuando, siguiendo mi propia inclinación y los consejos de mi padre adoptivo libertario, comencé a leer todas las escuelas incluyendo las adversas.

Con el tiempo, la tensión fue aminorando hasta desaparecer prácticamente. Hace mucho tiempo que no me he tropezado con ningún artículo de justificación y no digamos ya de glorificación, de la escuela estaliniana. Por lo tanto, mi trabajo era algo que se insertaba en un proceso de extinción de los métodos que han dado el traste con el mismo proyecto de socialismo.

Sigo publicando sobre temas muy diversos en la misma revista, aunque ahora ya desde otro horizonte. El de comienzo de una nueva fase histórica de emancipación social y ecológica en la que estamos obligados y obligadas a evitar lo peor de los desastres del siglo XX, renaciendo sobre nuevas bases.

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