Juan Gabalaui*. LQS. Marzo 2019

Nadie quiere parecerse a los culpables. Nos han convencido de que nos merecemos lo que tenemos y que la aspiración a algo más es a costa de medrar por encima de los demás, sin importar los cadáveres que dejemos a nuestro paso

En una época en la que se habla de revoluciones [las redes sociales están plagadas de revolucionarios], la revolución neoliberal se impone, prácticamente, sin ningún impedimento. Las medidas socialdemócratas de los años 60 o 70 son tachadas hoy de comunistas o propias de radicales izquierdistas. Podemos, un partido de naturaleza socialdemócrata, es demonizado con gran eficacia por los partidarios del neoliberalismo mientras el PSOE se ha diluido, ya a finales de los años 70, en la corriente neoliberal que ha arrastrado a los grandes partidos socialdemócratas de todo el mundo, hasta el punto de que referentes del socialismo español, como Felipe González, o del laborismo británico, como Tony Blair, apenas se distinguen de sus correligionarios neoliberales de la derecha. El propio sistema impuso un camino y en los países occidentales nadie fue capaz de dibujar una alternativa. La izquierda ha sido incapaz de ofrecer una, lo que ha llevado a la frustración y la apuesta por planteamientos imposibles de llevar a cabo, que beben más del pasado que del ajuste a una realidad donde los revolucionarios llevan traje y corbata y especulan en bolsa.

Han conseguido que todos pensemos en clave capitalista y, fundamentalmente, que no seamos capaces de imaginar un modelo alternativo

Gustav Landauer cuando disertaba de la revolución hacía mención a la unidad de acción de hombres que quieren el socialismo. Esto es lo que ha conseguido el neoliberalismo, la unidad de acción de hombres y mujeres que han asimilado los principios capitalistas radicales y perciben la realidad desde esa mirada, sin importarles las cesiones de derechos y libertades que el sistema les exige para disfrutar de exiguos beneficios o aceptar, paradójicamente, dramáticas realidades donde un juego de prestidigitación espectacular convierte a las víctimas en culpables y a sus verdugos en líderes reconocidos y admirados. Nadie quiere parecerse a los culpables. Nos han convencido de que nos merecemos lo que tenemos y que la aspiración a algo más es a costa de medrar por encima de los demás, sin importar los cadáveres que dejemos a nuestro paso. Nos han convencido de que los enemigos son los que tenemos a nuestro lado, nuestros vecinos inmigrantes que intentan sobrevivir entre nosotros, las mujeres que luchan por remover las estructuras que las aprisionan o los que luchan por la igualdad de oportunidades, por la ampliación de derechos laborales y el ejercicio pleno de la democracia, en clave de participación directa.

No solo nos convence de que necesitamos un coche para vivir sino que además nos obliga a vivir en lugares donde necesitamos el coche para trasladarnos

El gran éxito del capitalismo no es solo haber impuesto un sistema económico depredador, que busca la continua y creciente acumulación de capital y desarrollo económico ad infinitum. Su gloria recae en la colonización de las mentes. Ha conseguido que todos pensemos en clave capitalista y, fundamentalmente, que no seamos capaces de imaginar un modelo alternativo. No somos capaces de imaginarlo ni, por supuesto, somos capaces de construirlo. Ni hay una fuerza política y social que actúe de contrapeso real frente al modelo neoliberal. Valores propios del capitalismo, como la competencia extrema, la supervivencia del más fuerte y el individualismo, forman parte de la construcción del yo contemporáneo. De esta manera, el capitalismo se ha transformado en un modelo que transciende lo económico y penetra en el plano psicológico y emocional. Esta colonización mental se produce con el apoyo de los grandes grupos empresariales de comunicación y la publicidad de las grandes corporaciones, que hacen atractiva la picadura del escorpión. De este modo podemos comprar dispositivos de Apple sin que nos remuerda la conciencia por las condiciones laborales de los trabajadores chinos que elaboran sus productos.

Miramos el mundo desde lo que necesitamos individualmente y despreciamos las necesidades colectivas

Aún así el modelo neoliberal es más complejo que las cuestiones morales que nos pueda provocar participar en el mismo. Es un sistema que convierte en imprescindible, lo que es prescindible, en necesario, lo que es innecesario. No solo nos convence de que necesitamos un coche para vivir sino que además nos obliga a vivir en lugares donde necesitamos el coche para trasladarnos. En muchas ciudades de EE.UU el sistema público de transporte es precario e inseguro lo cual provoca que muchas personas se muevan en coche, cuya compra tiene un peso en el producto interior bruto, en este país y en cualquier país occidental, mucho mayor que cualquier otro medio de transporte colectivo de carácter público. Para el sistema, lo público rima con gasto y la compra de un coche con beneficio para las empresas automovilísticas. Las repercusiones medioambientales del capitalismo depredador es traducido por el neoliberalismo en una oportunidad de hacer negocio. No es que tengamos que priorizar las políticas medioambientales frente a cualquier interés por acumular capital sino que la ecología es un nicho de mercado a explotar.

Esta capacidad para convertir cualquier cosa en una caja registradora pervierte la relación que tenemos con el mundo. Somos incapaces de diferenciar lo necesario de lo superfluo, lo importante de lo intranscendente. Miramos el mundo desde lo que necesitamos individualmente y despreciamos las necesidades colectivas. Para qué necesitamos lo comunitario si podemos conectarnos a nuestros dispositivos y hablar con quien queramos, cuando queramos. Nuestra comunidad es nuestro móvil. Esta perfecta sincronía entre sistema económico y colonización mental, convierte al neoliberalismo en la gran revolución de las últimas décadas del siglo 20 y principios del 21. Y frente a esta revolución, poca cosa. No hay una sola fuerza política y social capaz de plantear un plan para demoler este modelo y para construir un modelo económico, social y psicológico alternativo. La inexistencia de lo alternativo, abre la posibilidad de crearlo y esta posibilidad es lo más cerca del optimismo que podemos estar. Y la unidad de acción de hombres y mujeres que quieren algo diferente a lo que vivimos y sufrimos.

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