La carta de Fernández

Patxi Ibarrondo*. LQSomos. Mayo 2017

Fernández no era la persona más indicada para sermonear a Pablo Iglesias, a propósito de la moción de censura contra la corrupción instalada en el país de manera adhesiva y permanente. La dura carta de respuesta al requerimiento de apoyo, por parte del líder de Podemos, lo dice claramente: “es inútil, no te enteras de que la ciénaga es nuestro elemento favorito”, viene a decir el presidente de la Comisión Gestora del PSOE, en proceso de demolición incontrolada.

Lo que no se puede negar es la coherencia y la contumacia en el pringue nacional por parte de los mal llamados “socialistas obreros” (no saben lo que es), a la hora de poner el aparato en marcha para espantar cualquier atisbo de salida del marasmo corrupto y sin remedio aparente. Es como cuando el lama Felipe González (con perdón) le espetaba a Julio Anguita aquello de que “estaba en otra galaxia”. Como se ha podido comprobar, en efecto, en aquel entonces FP estaba y utilizando cal viva como blanqueador de huesos y orbitando en el universo financiero Slim, lejano años luz de los “klingon” pobretones de la historia.

Quizá no tendría que haber escrito el asturiano Fernández esa fea carta repleta de faltas de ortografía y mala baba gratuita. Podía haberse callado y así estar más guapo y siendo menos bocazas. Sobre todo si nos atenemos a su trayectoria política en el Principado de Asturias.

Pero la sultana viene pidiendo guerra contra Sánchez por todos los medios habidos y por haber. Y Javier Fernández obedece al estímulo; no en vano siempre aparece en las fotos adosado y haciendo risas y muecas con la candidata Susana Díaz. En el norte soso siempre nos fascina el gracejo sureño, por más folklórico que pueda ser que un traje de faralaes. La sultana es la jefa aspirante y había que lanzar la carda de profundidad contra los izquierdosos que están tocando los huevos y poniendo en solfa los planes trazados. Iglesias y Sánchez, tanto monta monta tanto no saben por dónde van los tiros de la realidad. Con sus apariencias están estorbando la vuelta al redil de los militantes descarriados del PSOE.

Pero es que Fernández no era el más indicado para la diatriba de leche agriada. Fernández le debe su trayectoria política a otro Fernández (Villa) el “carismático” líder del sindicato minero Soma-UGT. Un revolucionario que durante décadas quitó y ponía gobernantes autonómicos con solo levantar una ceja. Hasta que se descubrió el pastel de las subvenciones al carbón. Fernández Villa levantó más de millón y medio de euros de dinero público y lo depositó tranquilamente a su nombre en una cuenta de Suiza. No solo iban a acudir a la banca Suiza los de derechas. También conocen el camino los viejos “revolucionarios” del subterráneo carbón subvencionado. Javier Fernández fue cómplice necesario de este desfalco de dinero público y nada hizo por evitarlo o denunciarlo. Ahora da lecciones de saber estar en la estrategia política nacional y de las JONS. Fernández como fiel escudero de Díaz.

Fernández es un trepa en grado superlativo y con la carta a Iglesias se habrá ganado el aplauso de sus conmilitones del «Susanato». A este tipo le llaman en Mieres, su pueblo natal, “jamándulo” (vividor). Lo dice el maestro con ácida coña Gregorio Morán, también asturiano, en una de sus crónicas de realidad mefítica que nos rodea. Quizá, dados sus méritos políticos y culturales, Fernández debió quedarse en su Asturias, donde vale más ser cabeza de ratón que cola de león. Fatigando “chigres” con culines de sidra bien escanciada y persiguiendo por el verde mozas de buen ver. Pero se dejó tentar por la escalada del baile por sevillanas. Es su oportunidad. Ascender de lo provinciano y ser alguien de nivel nacional. Y así está Fernández, escribiendo cartas justificantes de absoluta lenidad de su partido. Perpetuando la España del fandango y el luto por la honradez.

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Un comentario en “La carta de Fernández

  • el 12 mayo, 2017 a las 08:41
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    Como yo estoy alineado con la III Internacional siempre he considerado que el PsoE es el cortafuego del capitalismo, y para evitarlo hay que ayudarles a que se asienten en el museo de la historia. Este artículo es una carta de presentación para que se les tenga en cuenta a la hora de ocupar ese espacio

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