La conciencia detrás de la conciencia

Juan Gabalaui*. LQS. Abril 2019

No es difícil escuchar a un político decir una cosa y la contraria, aún siendo conocedor de que ambas o alguna son mentira y aún entrando en contradicción con su propio pensamiento

Si hay una condición que define a nuestra sociedad occidental es la deshonestidad. Decía Nietzsche que la honestidad intelectual es la conciencia detrás de la conciencia y Kant decía que la deshonestidad intelectual es una forma de mentira interior. Estamos dispuestos a creernos cualquier cosa aunque eso signifique engañarnos a nosotros mismos. La búsqueda de la verdad o creer solo en aquellas cosas sobre las que se tenga evidencia fueron despachados sin miramientos por el posmodernismo. Ahora todo vale. Los argumentos más ridículos compiten en igualdad de condiciones con los argumentos sostenidos en la reflexión, el conocimiento o la evidencia. No importa que nuestros valores no tengan que ver con nuestras acciones ni que nuestras acciones no tengan que ver con nuestros valores. Siempre encontraremos una argumentación que nos sirva de autoengaño.

Nos hemos convertido en unos grandes ingenuos. Nos creemos todo aquello que tenga relación con nuestra forma de mirar el mundo. No importa que sea mentira. Lo que importa es que no me haga dudar, que no cuestione el entramado que he construido a lo largo de los años, y de esta manera acogemos las mentiras, las invenciones y los falseamientos de los hechos, que se convierten en la estructura de nuestro pensamiento. Así funcionamos en general, a no ser que uno no esté dispuesto a engañarse a sí mismo y cultive el espíritu crítico, incluso y, sobre todo, ante aquello que pensamos. No hay nada que sea seguro por lo que el cuestionamiento, la crítica y el pensamiento nos permiten crecer y evolucionar, siempre que lo basemos en la integridad y la sinceridad. Aceptar todo lo que nos llega, sin criba, nos empobrece intelectualmente y empobrece a la sociedad.

No es difícil escuchar a un político decir una cosa y la contraria, aún siendo conocedor de que ambas o alguna son mentira y aún entrando en contradicción con su propio pensamiento. Este desbarajuste interior pasa factura. Construye individuos poco empáticos, hipócritas y emocionalmente fríos. Son capaces de autoengañarse de tal manera que les permita creer que lo que hacen provoca un bien mayor para ellos o su partido. Normalmente mantener el poder. Los argumentarios de los partidos políticos son una de las herramientas que sirven para torcer voluntades y evitar la disensión. Marcan lo que se tiene que decir y defender aunque no se esté de acuerdo con ello y salirse fuera del marco establecido conlleva una reprimenda. Normalmente perder espacios de poder. Esta es una de las maneras en las que la mentira se premia. Si eres un buen mentiroso, tienes opciones de llegar a lo más alto.

La honestidad intelectual está mal vista. Uno de los elementos que indican que esto es así es el ataque a la verdad y al conocimiento. En las tertulias televisivas no interesa invitar a personas que conozcan el tema sobre el que se habla, íntegras y sinceras, sino aquellas que tienen más capacidad de atraer la atención, inmorales y embusteras. Es decir, las que mienten, agreden verbalmente e interrumpen las reflexiones. Vale mas una mentira, aunque sea ridícula y grotesca, que una evidencia. Para ocultar este hecho, los medios de comunicación hablan de pluralismo. Las televisiones están llenas de personajes que destacan por una capacidad argumentativa muy pobre, la falta de conocimientos y el uso de la mentira. A pesar de ello se les invita para opinar sobre asuntos de interés general. En Madrid, por ejemplo, esta corrupción de los espacios de debate se consiguió a partir de las concesiones de las licencias de TDT.

Se concedieron 30 canales de televisión digital a la Iglesia Católica y a grupos de comunicación afines al Partido Popular. La Comunidad de Madrid, presidida por Esperanza Aguirre, consideró que la candidatura más plural era Libertad Digital de Jiménez Losantos, que en relación al asunto catalán dijo el año pasado que “por supuesto que los podemos bombardear. Otra cosa es que la basura de Gobierno que tengamos no sea capaz de demostrar que claro que hay aviones para bombardear”. De esta manera, ideas grotescas y falsas, propias de círculos reaccionarios, endogámicos y minoritarios, pudieron ser compartidas y difundidas a un mayor número de personas. Con los años pasamos de César Vidal a Eduardo Inda. De espacios de discreta audiencia a espacios vistos por millones de personas. Empobrecer el debate público es una de las maneras de empobrecer intelectualmente a una sociedad, desarmarla ante las manipulaciones y las mentiras. Frente a este ataque nos queda el compromiso firme con la integridad y la sinceridad. Estar dispuestos a no engañarnos a nosotros mismos y a que no nos engañen los maestros del disfraz y de las mentiras.

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