Pedro Casas*. LQS. Marzo 2019

El juicio que se desarrolla en el Tribunal Supremo no afecta sólo a las personas encausadas, sino al conjunto de la sociedad, pues los recortes empiezan por unos para terminar aplicándose a todos

Comenzó el juicio a los dirigentes políticos y sociales que cumplieron el mandato popular de organizar un referéndum en el que la ciudadanía catalana pudiera decidir cómo relacionarse con el resto del estado.

En Madrid somos muchas las personas y colectivos que queremos decidir sobre los aspectos importantes que afectan a nuestra vida y organización social, como así se demostró en las recientes consultas sobre la forma del estado. Y por ello apoyamos también que los pueblos puedan ejercer ese derecho a decidir, ya que se trata de uno de los derechos democráticos básicos. En Madrid este apoyo se hizo patente en el acto organizado en defensa del referéndum catalán, y que, pese a la prohibición judicial, pudo celebrarse con una participación multitudinaria. Y también ocurrió en la manifestación para reclamar la libertad de los presos políticos catalanes, que congregó a miles de personas frente al Ministerio de Justicia el 7 de abril de 2018.

El juicio que se desarrolla en el Tribunal Supremo no afecta sólo a las personas encausadas, sino al conjunto de la sociedad, pues los recortes empiezan por unos para terminar aplicándose a todos. Y eso lo sabemos también por aquí: Basta moverte un poco, o decir algo que no le gusta al sistema, para sentir el peso de la porra y la toga (que se lo digan a Alfon, los raperos, los del 15M, activistas antidesahucios, y un largo etcétera). Todo está relacionado, y eso lo sabe mucha gente, pese a que nos tengan secuestrada la información veraz, a la que todos tenemos derecho, y ello dificulte la comunicación y movilización.

El desprestigio de la justicia en este país es claro y manifiesto. Empezando por la acusación de rebelión que requiere ejercicio de violencia, que sólo se dio por parte del Estado. El Tribunal Supremo que juzga los hechos no tuvo reparo en enmendar una sentencia de una de sus salas, para no perjudicar los intereses de los bancos. La fiscalía duda de la imparcialidad de los tribunales catalanes, por la posible influencia del ambiente, obviando de manera burda la presión mediática madrileña que clama por un castigo ejemplar.

Estamos frente a un conflicto político, que sólo tendrá solución de carácter político en un marco democrático. Lo demás es represión, e instrumentalización de la justicia al servicio del poder. Sólo los del “¡a por ellos!”, que por cierto no son tantos (como pudimos ver en la plaza de Colón), rechazan cualquier salida política, incluida un referéndum, que sin embargo sería apoyado por la mitad, al menos, del conjunto del estado, según sondeos que raramente se publican.

Los diferentes pueblos y clases populares que conformamos el actual estado español tenemos que unir nuestras fuerzas para abrir el candado de este régimen cada vez más autoritario, que considera las urnas el elemento más subversivo y peligroso, y quizás no le falte razón. Recompongamos puentes destruidos, y caminemos de la mano hacia la o las repúblicas que permitan avanzar en el desarrollo de los derechos políticos y sociales que hoy nos niegan.

* Activista vecinal y miembro de la Asamblea de Redacción de LoQueSomos. Esta nota fue publicada en el diario Berria: Zapaldutako demokrazia
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