La desbandá

Daniel Fernández Abella*. LQS. Febrero 2020

A los 5.000 muertos de aquella huida habría que sumar muchos más en Málaga una vez que cayó el 8 de febrero a manos de los sublevados

La Masacre de la carretera Málaga-Almería, más conocida como ‘la desbandá’, fue un episodio trágico de la Guerra Civil Española en el que murieron miles de civiles.

Sucedió en febrero de 1937, unos días después de que las tropas franquistas comenzaran su ataque definitivo contra la ciudad de Málaga, una zona caracterizada por tener un fuerte movimiento obrero durante la II República.

En vistas de lo que se les venía encima y temiendo por la segura represión tras la toma de Málaga, más de 100.000 milicianos y civiles malagueños abandonaron su ciudad en dirección a Almería, ciudad que en ese momento se hallaba bajo control republicano. El camino elegido fue la actual carretera N-340, que no había sido cortada, pero sí que estaba siendo duramente bombardeada desde mar y aire.

Si en Guernica las bombas fascistas cayeron sobre 5.000 vascos, en la Desbandá más de 150.000 malagueños, en su mayoría mujeres y niños, tuvieron que huir de la ciudad a pie, descalzos incluso, mientras eran bombardeados desde el aire por aviones alemanes e italianos y desde el mar por buques nacionales. Narran las crónicas de la época, según recuerda la historiadora Lourdes Peláez, “cómo los barcos franquistas acompañaban tranquilamente en paralelo y por el flanco derecho la huida de la población, que dejaba atrás Málaga por la única carretera posible, esculpida en la roca encima del mar, mientras los bombardeaba”.

A los 5.000 muertos de aquella huida habría que sumar muchos más en Málaga una vez que cayó el 8 de febrero a manos de los sublevados. “Las informaciones de diarios de la época como El Centinela describen como Málaga ya no era una ciudad, era una carnicería, con mujeres saltando por la ventana, olor a carne quemada o los fascistas tiroteando por las calles indiscriminadamente a gente indefensa”, explica Peláez. Además, mucha gente de los pueblos que atravesaban les negó el socorro por miedo también a las represalias del ejército franquista.

Arias Navarro, el carnicerito de Málaga

En su condición de fiscal, durante la guerra civil Carlos Arias Navarro (1908-1989) ingresó en el Ejército franquista como capitán honorario adscrito al cuerpo jurídico militar y tuvo un destacado papel en la represión que se produjo en Málaga. Se le conoce como el «carnicero de Málaga», pero no porque fuera hijo de un empleado del Matadero Municipal de Madrid sino porque participó en la muerte de miles de republicanos.

Tras la Desbandá vino la represión en Málaga llevada a cabo por el asesino de Arias Navarro mediante juicios sumarísimos. Durante la primera semana de la toma de Málaga por las tropas franquistas, del 8 al 14 de febrero de 1937, los nacionales ejecutaron sin juicio previo a 3.500 personas y hasta 1944, otros 16.952 fueron condenados a muerte y fusiladas en Málaga, según un informe del cónsul británico documentado por el historiador Anthony Beevor.

La represión en Andalucía

Unos 54.000 andaluces asesinados por la represión franquista, cifra que aumentará cuando culminen estudios en algunas provincias. Y 8.743 víctimas de la represión en zona republicana. Como comparación, el Chile de Pinochet se llevó por delante la vida de 3.000 personas y en Argentina se calculan en torno a 30.000 desaparecidos. La represión franquista puede ser calificada, en Andalucía al menos, como genocidio. Uno de cada cinco diputados electos fue asesinado, hay decenas de miles de procesados y muertos en combate, en prisión o trabajos forzados, otros 40.000 condenados al exilio o afectados por la labor depuradora… y en todo este proceso las mujeres fueron un sector de la población especialmente castigado. Muchas fueron vejadas, violadas e incluso asesinadas.

Muchos de nuestros más insignes políticos e intelectuales andaluces fueron obligados al exilio (Antonio Machado, Alberti…) o pagaron con su vida (Federico García Lorca, Blas Infante…) su fidelidad a la República. Todavía hoy en día son muchos los hombres y mujeres cuyos cadáveres permanecen sepultados de forma anónima en las cunetas o fosas comunes donde fueron masacrados.

*.- Diario de un escritor revolucionario

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