La dieta atlántica

Aunque desde hace mucho tiempo identificamos dieta mediterránea con dieta saludable, desde hace años se ha empezado a hablar de dieta atlántica para referirse a la dieta tradicional habitual de las regiones bañadas por el Atlántico. Los expertos en nutrición consideran que la dieta atlántica tradicional es una alimentación saludable.

Ambas dietas tienen elementos diferentes: mayor consumo de proteínas en la forma de carnes rojas, huevos, lácteos, legumbres, coles y patatas, en las regiones atlánticas frente a mayor consumo de carnes magras (conejo y pollo), frutas y hortalizas en las regiones mediterráneas. Un mayor consumo de aceite de oliva en las regiones atlánticas podía compensar el mayor consumo de carnes rojas. La principal diferencia es un alto consumo de pescado en el caso de la dieta atlántica, superior a la dieta mediterránea. Sin embargo tienen en común un perfil dietético saludable.

La dieta atlántica de los años 60 no es la misma que en el 2000. Hace 40 años, en Portugal, España y el Reino Unido se consumían menos calorías y carne que ahora. También ha variado el origen del pescado. El pescado salvaje del Atlántico ha sido sustituido por mariscos, pescados fluviales y de piscifactoría. Los niveles de azúcares y proteínas están en el límite máximo de los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el aporte de grasas es elevado y el de sodio está por encima de los límites saludables. En conjunto, un aporte energético demasiado alto y patrones cardiosaludables en retroceso. (Josef Schmidhuber y Bruce Traill “Estructura de consumo en alimentación en las dietas atlántica y mediterránea”, 2003). Al igual que en el caso de la dieta mediterránea, una cosa es lo que se considera dieta tradicional y otra cosa los hábitos alimentarios actuales de la población.

Para potenciar la recuperación de la verdadera dieta atlántica, el II Congreso Internacional de la Dieta Atlántica (noviembre 2006, Baiona) promovido por la la Universidad de Santiago de Compostela, la Fundación Española de la Nutrición (FEN) y la Asociación Galega de Estudios de Dieta Atlántica (ASGAEDA), elaboró el siguiente decálogo:

1. Consumo muy elevado de pescados (de mar y de río) y mariscos (moluscos y crustáceos) que constituyen la gran reserva actual natural del Atlántico. Se recomienda el consumo de pescado y marisco de tres a cuatro veces a la semana en las diferentes etapas de la vida.

2. Alimentos vegetales en abundancia: cereales, patatas y legumbres. Las dietas ricas en estos alimentos constituyen la mejor manera de conseguir un perfil calórico recomendado en el que un 50% de la energía total consumida lo sea en forma de hidratos de carbono complejos, así como para favorecer un mayor aporte de fibra.

3. Consumo elevado de frutas y hortalizas. Se recomienda el consumo de una amplia variedad de frutas, sobre todo manzanas y cítricos. De las hortalizas, conviene mantener el consumo de las del género Brassica (repollo, berzas, grelos y nabizas), además de judías, pimientos, cebollas, zanahorias, guisantes y ajos.

4. Utilización de aceite de oliva como principal grasa culinaria, especialmente como aderezo en crudo.

5. Consumir diariamente productos lácteos. Son excelentes fuentes de proteínas de alto valor biológico, minerales (calcio o fósforo) y vitaminas. De forma adicional, el consumo de leches fermentadas está asociado a una serie de beneficios para la salud al aportar microorganismos capaces de mejorar el equilibrio de la microflora intestinal.

6. El consumo de carnes es importante y debe hacerse con moderación. Es recomendable que se consuman las carnes magras que formen parte de platos a base de verduras, legumbres o patatas.

7. Se recomienda la ingesta abundante de líquidos, sobre todo de agua como bebida de excelencia. El vino se ha de tomar a través de un consumo moderado, responsable e inteligente, y con las comidas.

8. Gusto por la sencillez en la preparación de los alimentos para mantener la calidad de las materias primas y, por tanto, el valor nutritivo. El empleo de la cocción, la plancha, la fritura en aceite de oliva o las técnicas de empanado no desvirtúan las características organolépticas y nutritivas de las materias primas de la dieta atlántica.

9. Mantenimiento de los hábitos alimentarios tradicionales atlánticos. Se sabe comer y se disfruta de ello. 

10. Realizar actividad física todos los días es tan importante como comer adecuadamente.

 Una dieta saludable tiene que contemplar también las consecuencias ecológicas y sociales de nuestra forma de comer. Este decálogo hace énfasis en un alto consumo de pescado y marisco que no es sostenible en los tiempos actuales al depender de políticas pesqueras “neocoloniales”. Las flotas europeas o las piscifactorías que se apropian las aguas internacionales contaminan los fondos marinos, imponen una pesca indiscriminada y destructiva, alimentan las granjas de acuicultura con piensos industriales y nos proporcionan un pescado producido industrialmente que ha perdido sus principales cualidades saludables.

* Fuente: La Garbancita ecológica

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