La dimisión como profilaxis elemental

Sabíamos que España no es un país donde se de bien el raciocinio, pero ahora que Maríano Rajoy desgobierna la nave a la deriva esto está degenerando en evidente delirio. La España de Rajoy es un cotolengo instalado al borde del abismo y sin marcha atrás ¿Alguien se puede imaginar otros tres años y medio en este plan? Dan escalofríos.

Ahora resulta que el famoso préstamo de los 100.000 millones de euros son la bicha que nos puede consumir del todo, en vez de suministrar oxígeno. En el escaso lapso de una semana, los 100.000 millones de euros del rescate que la troika concedió a España han pasado de ser un éxito total del gobierno PP, con un presidente (?) eufórico atreviéndose a decir que “no había recibido ninguna presión sino que él era quien había presionado” a suplicar mendicante ante la plana mayor del G-20 pidiendo árnica y afirmando que “el crédito es dañino para España”.

Y este ejemplar de garbancero pusilánime y mentiroso es el que está dinamitando la mejor y más barata sanidad pública de la Unión Europea, dejando la Educación en manos de la secta ultracatólica Opus Dei, reduciendo los salarios a niveles de infrasuelo, fomentando contratos basura, machacando las pensiones, dando plena impunidad al dinero negro de los ricos y los bancos, ignorando el patrimonio de la Iglesia para ahorrarles el pago del IBI… amén de la prima de riesgo que se dispara imparable y los más de cinco millones de parados a los que sólo les queda emigrar o suicidarse en masa… etc.

La desmoralización de la ciudadanía es considerable. Cada día se desayunan (los que pueden) con un nuevo caso de corrupción de una “clase política” que sólo se cuida de sí misma, unos ejecutivos blindando retiros de ensueño o alguna trama filomafiosa o bancaria que se lo monta con los anteriores para hacer un parchís con millones de euros que van y vienen. Un totum revolutum en el que los listos bien situados tienen bula.

 

Los Rajoy y sus cuates gastaron mucha saliva prometiendo que, cuando se privatizara todo lo público, la empresa privada generaría empleo. Pues lo cierto es que, como manda la física y la química, las aguas estancadas se deterioran y van degenerando hasta su putrefacción definitiva.

Las cosas que tiene la ignorancia y la prepotencia derivada de la misma. Hasta hace muy poco tiempo el común de los españoles y muchos líderes apenas sabían dónde quedaba Grecia. Los griegos eran unos pringaos y España era demasiado grande para que la dejaran caer así como así. España podía amenazar con la ruptura del euro, y otras escupitinas insinuadas por los frailones acaudillados por fray Rajoy de Lacongrelos.

Este hombre es un incapaz. Hay que relevarlo porque es evidente que la cera del cráneo se les está derritiendo por momentos. Sólo puede ir a peor. Su cara pinta desolación y perplejidad. Al fin y al cabo, la mentira no es más que una demostración de impotencia.

Desde este modestísimo aeropuerto de la palabra venimos insistiendo en que la más básica profilaxis para España pasa por el abandono de Rajoy y sus rajados del gobierno. Y luego abordar la situación del país con la realidad en las manos. Sin embustes ni triquiñuelas. En crudo. Es el mínimo de respeto que se les debe a los millones de ciudadanos que lo están pasando mal. Hay que ajustar las cuentas políticas. Es un imperativo categórico. 

 

* Director del desaparecido semanario "La Realidad"

 

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