La furia de jueces y políticos ante la sentencia…

Tomás F. Ruiz. LQS. Diciembre 2019

Con esta sentencia bajo el brazo, todos y cada uno de los presos políticos que mantiene encarcelados el régimen español irán recuperando su libertad
La sentencia del Tribunal de Justicia de la EU ha dejado con el culo al aire a muchos magistrados corruptos, especialmente a los de la Audiencia Nacional (antiguo TOP)
El último de esos lazos amarillos ha venido en forma de sentencia supranacional, avalada por la autoridad del Tribunal de Justicia europeo

La furia de jueces y políticos ante la sentencia que deja en libertad a oriol

La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, declarando que Oriol Junqueras debería estar libre desde el pasado mes de mayo por su condición de parlamentario europeo, ha sido el detonante de muchas cosas en España.
En primer lugar la sentencia, aun viniendo de un organismo judicial completamente objetivo -incluso me atrevería a declarar al TJUE como un tribunal conservador-, ha disparado los niveles de furia antieuropea en España hasta hacer que los españolistas de la “España Una, Grande y Libre”, fervientes patriotas de la unidad que, a sangre y fuego, creó el sanguinario dictador, estén ahora echando pestes, rabiosos y furibundos, poseídos por un incontrolable ataque de ira y desesperación.

Un paso más hacia la libertad

Y no es para menos, ya que esta sentencia es un paso más, quizá el más importante, hacia el reconocimiento europeo del derecho a decidir su futuro que tiene el pueblo catalán; un derecho que hizo valer en la urnas el día que votó por la independencia y un derecho que, paso a paso, Europa va reconociendo a medida que las denuncias contra la abyecta justicia española van dando sus frutos.

A partir de ahora sólo es cuestión de tiempo. Con esta sentencia bajo el brazo, todos y cada uno de los presos políticos que mantiene encarcelados el régimen español irán recuperando su libertad. Y lo harán ante la encolerizada y furibunda mirada de los sátrapas y corruptos jueces que tan prevaricadoramente los encarcelaron, obligados por la inevitable sumisión que deben a la justicia supranacional que la autoridad del TJEU representa. El incontenible tsunami democrático que la puesta en marcha del procés generó los ha sobrepasado. Sus corruptísimas excelencias, señorías, jueces, magistrados y presidentes de altos tribunales españoles, han sido barridos sin ninguna piedad por esta sentencia. Su furia y su rencor hacia Europa son más que comprensibles.

Otro tanto ocurre con los políticos españoles, tanto con los que pidieron a gritos la cabeza de los líderes catalanes independentistas (PSOE, PP, Cs y Vox) como de aquellos otros que, con su silencio y su mirar hacia otro lado, dieron su beneplácito a que se encarcelara a ciudadanos inocentes y se consumara la violación de derechos humanos. Ellos, esos políticos que se denominan “de izquierdas” (Unidas Podemos), se convirtieron en cómplices de la aberrante injusticia que se cometió truncando los derechos democráticos de todo un pueblo y metiendo en prisión a hombres y mujeres inocentes.

Las alimañas goebbelianas de TVE

No me gusta regodearme con el mal ajeno, pero reconozco que siento un malicioso placer cuando veo a los “contertulios” de La noche en 24 horas (por poner sólo uno de los espacios goebbelianos del ente TVE), esputando su bilis contra el texto de la sentencia de TJEU, argumentando las más disparatadas y pestilentes razones contra esa irrefutable sentencia supranacional que condena tácitamente a los pervertidos jueces que encarcelaron a una docena de hombres y mujeres inocentes y que persiguen como mastines babeantes a otra docena de exiliados catalanes refugiados más allá de las fronteras de la España eterna, de la España que aún tiene su “destino en lo universal”.
Reconozco que no debería gozar con el mal ajeno, pero no me queda más remedio que confesar que me agrada ver a esos depravados periodistas, a esos “contertulios”, furiosos y coléricos contra la Europa que ha enmendado la plana a los sátrapas jueces españoles y ha dictaminado la libertad del parlamentario europeo. Algo dentro de mí -quizá a causa de mi condición de periodista-, me produce irrisión cuando veo a esos “colegas” argumentar tremendos disparates, babear como inmundas hienas, retorcerse por el suelo como rastreras serpientes, víctimas de un ataque de españolismo que los enajena hasta hacerles perder la razón. Convertidos en despojos de periodistas, en alguaciles de un régimen en decadencia, sin saber ya qué razones argumentar para apuntalar ante el mundo la podrida imagen de un país donde persiste la dictadura 44 años después de morir el dictador, estos babeantes servidores del Reichstag vomitan con tremendas arcadas cada vez que un lazo amarillo hace su aparición… El ultimo de esos lazos amarillos ha venido en forma de sentencia supranacional, avalada por la autoridad del Tribunal de Justicia europeo

Una sentencia que confirma el derecho democrático

Reconozco que no está bien disfrutar con el mal ajeno, pero confieso que me produce placer ver a toda esa escoria humana, la misma que celebró con champán la condena a los independentistas catalanes, rabiando ahora de rencor cuando desde Europa le dicen que esa condena fue injusta, vengativa y fuera de lugar.

Intento ser comprensivo con toda esa escoria que lamenta el varapalo de la justicia europea. Intento entender que su odio visceral hacia ese tribunal que ha dictaminado la libertad -ahora de Oriol Junqueras, mañana de todos los demás presos políticos del Estado español-, es un odio legítimo, un rencor justificado, porque confirma ante el mundo entero que la justicia española es una prostituta vendida al mejor postor.
Evidentemente, en su reducido entendimiento de patriotas cantando el caralsol, todos los partidarios de la Una, Grande y Libre llegaron a creerse que Cataluña lo que necesitaba era mano dura; pensaron, como en su momento hizo el despiadado General Íssimo, que enviando allí a sus fuerzas de orden público, aplicando una represión brutal contra la población, con detenciones en las calles, asaltos a viviendas familiares y torturas en las comisarías, aplastarían el deseo de libertad del pueblo catalán. Ahora, con la convulsiva sentencia del TJEU, han comprobado que no solamente no lo han aplastado, sino que está más fuerte que nunca. Desde Europa han dicho al Estado español que ese camino de brutal y desproporcionada represión tiene que acabar.

La aberrante inmoralidad que jueces depravados y políticos corruptos cometieron encarcelando a hombres justos la vamos a pagar todos los españoles. Nuestra imagen internacional de país tercermundista se ha reforzado: África vuelve a empezar en los Pirineos otra vez.
Ahora, sólo falta esperar que, una tras otra, los tribunales europeos inhabiliten todas las sentencias españolas que han servido para encarcelar a ciudadanos independentistas y mantener en el exilio al govern democrático de la república catalana.

La sentencia del TJEU ha dejado con el culo al aire a muchos magistrados corruptos, especialmente a los de la Audiencia Nacional (antiguo TOP). Es comprensible que se hayan convertido en una partida de hienas rabiosas, ávidas de venganza y podridas por el rencor. Es tiempo de volver a despertar el antiespañolismo europeo, el contubernio judeo-masónico que creó el carnicero dictador, cuando llenaba la plaza de Oriente de fanáticos que insultaban a Europa y gritaban su nombre hasta ensordecer: era su forma de negar la realidad.

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