La Iglesia española se cree víctima de delitos sexuales a los niños

Bonifacio de la Cuadra. LQS. Mayo 2019

La primera edición de mi novela Secretos de confesión (1), sobre la pederastia sacerdotal en España, la publicó El Garaje Ediciones -dentro de la colección Garaje Negro- en septiembre de 2012, y la segunda edición en abril de 2013. Eran tiempos en que todavía no habían aparecido muchos casos de abusos sexuales a menores por parte de los ministros de la Iglesia católica. La novedad del libro -a la que los años siguientes han ido proporcionando actualidad- es la revelación de que la estrategia de las autoridades eclesiásticas, a veces con la complicidad de los poderes públicos, consistía en tratar de ocultar tales delitos, atendiendo más a evitar el perjuicio para la Iglesia católica que la reparación del daño producido a las víctimas.

La noticia que le comunican sus subordinados sobre la existencia de abusos sexuales con ocasión de la enseñanza del catecismo, provoca en el obispo de la novela, monseñor Tordesillas, esta reacción: “Eso perjudicaría mucho a la Iglesia. Hay que pararlo”. Piensa en que la católica España tiene que ser especial: “Desde que el Papa ha mostrado comprensión hacia las supuestas víctimas, la respuesta no ha sido de agradecimiento, sino de mayor crueldad contra la Iglesia, incluso desde sociedades católicas, como la irlandesa. ¡España tiene que echar el freno!”

Ante los indicios de delito, la preocupación eclesiástica se centra en la fiscalía. Desde la cúpula eclesial se conecta con el ministro de Justicia, para que a su vez se dirija a los fiscales. El ministro se lo explica muy bien: “La Iglesia española quiere parar a los padres, pero necesita que la fiscalía se esté quietecita y se oponga incluso a los jueces, para muchos de los cuales la posición de los fiscales es determinante. [La Iglesia] Llama a nuestra puerta para que la fiscalía se oponga a esos casos y, desde luego, no los impulse. La Iglesia tiene mucho que perder, pero nosotros también, porque tenemos muchos votantes católicos y las elecciones se ganan o se pierden a veces en los púlpitos. La Iglesia se encuentra alarmada… y más con la visita del Papa a la vista. Tenemos que convencerles de que, desde el Gobierno, estamos ayudando a tapar esa basura…”

La novela configura una reunión extraordinaria y secreta de la Conferencia Episcopal Española, para abordar el problema. El presidente declaró urgente “poner coto a las denuncias contra nuestros sacerdotes, por todos los medios a nuestro alcance, como prioridad absoluta”, enfatizó. Y propuso pedir al Gobierno que se implique “contra la oleada de acusaciones que empiezan a surgir contra los ministros de la Iglesia”.
La proximidad de la visita del Papa impulsa al presidente de la Conferencia Episcopal Española a concluir la sesión con estas palabras:

“…la católica España no puede recibir al Sumo Pontífice en un ambiente de persecución judicial a nuestros sacerdotes por unos pretendidos delitos que, en el peor de los casos, los sabemos livianos y más fruto de errores o torpezas que de verdadera maldad. Pero tienen el riesgo de prender en la ciudadanía, atizada por periódicos ateos, que pueden emponzoñar el deseado ambiente de paz y alegría cristiana que debe rodear la presencia del Papa entre nosotros”

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Estas pinceladas de la novela impulsan la lectura de un texto que se inicia con el “¡Ave María Purísima!” de un aparente penitente, arrodillado en el confesionario, minutos antes de que sacara del bolsillo de su gabán una pistola con silenciador, que disparó contra el confesor, quien resultó muerto. No en vano la jurista -hoy alcaldesa de Madrid- Manuela Carmena, tras la lectura de este libro, afirmó que no se trataba de ficción, sino de realidad.

Nota:
1.- Secretos de confesión

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