Mikel Itulain*. LQS. Junio 2018

Tanto el régimen de Tudjman en Croacia, como el de Izetbegovic en Bosnia, contrataron a una empresa de relaciones públicas para mejorar su imagen de cara a occidente y para difamar también a los serbios, esta era Ruder Finn, similar a la Hill&Knowlton contratada por Kuwait en la Guerra del Golfo

La imagen del “horror”, (1) una portada de Time de agosto de 1992, corresponde a un supuesto campo de concentración serbio en Bosnia durante la guerra en Yugoslavia en los años 90. Hoy en día sigue siendo utilizada como arma arrojadiza y acusatoria del supuesto nuevo holocausto provocado por los serbios, sin pararse a pensar que forma parte del amplio historial de la propaganda de guerra y la utilización espúrea de la ignorancia y de los manipulables sentimientos de la gente.
Si el público tuviese más memoria y conocimiento sabría que este tipo de campañas siempre aparecen cuando se quiere desatar la guerra. Sin odio y tipos a los que odiar no hay contienda que valga y que tenga lugar. Ya desde la Primera Guerra Mundial, donde se perfeccionaron estas técnicas de engaño y de creación de histeria colectiva en los Estados Unidos, se decía lo mismo y no se aprende. Puede verse en el  póster de la derecha, es un cartel para el reclutamiento en EE.UU. en la Primera Guerra Mundial. (2)

Ambos, acompañados por el oportuno texto: ¿Puede continuar esto? en la primera y Quedándote en casa estás dando tu aprobación a este tipo de cosas, en el segundo, llevan implícito el mismo mensaje: ¿Podemos consentir que continúen estas atrocidades? Llaman a la intervención popular para el reclutamiento o para apoyar desde aquí la acción del ejército por una supuesta causa humanitaria, con el fin de parar así esos supuestos terribles crímenes que se están cometiendo. ¿Quién puede negarse a no ayudar, a no poner de su parte lo que sea necesario para dar fin a estos desmanes? Bien, creo que casi todo el mundo estaría por esta labor. Sin embargo, antes de tomar esta decisión, decisión para apoyar el uso de la violencia, que es lo que hará una intervención militar, deberíamos recapacitar y ver esta que puede causar mucho más daño que lo que supuestamente pretende defender, es más, debemos tener especialmente presente sobre qué evidencias tenemos de la veracidad, de la verdad de lo que presuntamente se nos dice. ¿Es cierto lo que cuentan?¿Qué pruebas independientes y claras hay? ¿Hemos escuchado a la otra parte del conflicto? Esto último muy importante. No olvidemos que como personas adultas debemos mantener a la razón siempre al menos a la misma altura que a las emociones, de otro modo podemos cometer verdaderos errores trágicos. En este caso si la razón hubiese imperado, si se hubiera al menos mantenido presente, esta hubiese visto y comprobado que lo que denunciaban estas campañas de incitación a la guerra no era cierto. De hecho de las dos imágenes mostradas ninguna de ellas dice la verdad, se basaban en hechos falsos y buscaban simplemente que el personal fuese a la guerra o que la aprobase. Y todo además con un fin nada honesto y bastante ruin, para que el sector social más rico de su país, y esto no se dice nunca sino que siempre permanece oculto, sin mancharse un dedo y sin arriesgar nada, hiciese y haga grandes negocios con esta tragedia, consiguiendo ser todavía más poderoso y rico de lo que ya lo era; a costa de la vida y sufrimiento de esas otras muchas personas que indignadas o atemorizadas fueron a matar y a morir en lejanos países, y a costa de otras muchas más que padecieron la barbarie y el odio de los primeros, a los que por cierto nada hicieron. Desde tiempos inmemoriales los que han estado en el poder han movido al conjunto de la población para luchar en guerras que finalmente solo beneficiaban a quienes las promovían. Esta masa poblacional era y sigue siendo utilizada hoy sin miramientos, sin ninguna conciencia, es manejada con desprecio como carne de cañón.

Así y volviendo a lo que al principio se comentaba, el 6 de agosto de 1992 los medios de comunicación estremecieron al mundo con una imagen terrible, nuevos campos de concentración en Europa, los serbios (serbobosnios en realidad, bosnios con cultura ortodoxa) habían creado esos campos de muerte y estaban exterminando a los bosnios. La foto era demoledora y el mensaje era muy claro, de nuevo llegaba el horror nazi, los serbios eran los nuevos nazis, un nuevo Auschwitz, un nuevo holocausto. ¿Quién no podría odiarlos y pedir que fuera el ejército o la OTAN a parar aquello? La opinión pública completamente conmocionada comenzó a odiar intensamente a los serbios y pidió a sus gobiernos que los castigará. Era lo que querían esos gobernantes, pero la foto que sirvió para tal campaña de propaganda era un montaje, no era un campo de concentración lo que había allí; y lo que expusieron quienes realizaron la fotografía el 5 de agosto: Penny Marshall de la ITN, acompañado por su cámara Jeremy Irvin, por Ian Williams de Channel (4) y por Ed Wulliamy de The Guardian era falso. No había un campo de concentración en Trnopolje, la localidad donde se tomó la fotografía, este lugar era en realidad un centro de refugiados y allí nadie estaba prisionero. (3) El equipo británico no jugó limpio para sacar esta instantánea que dio la vuelta al mundo, ya que el centro de refugiados no estaba rodeado por ninguna alambrada de espinos. Ellos se pusieron a propósito detrás de un cercado que había en un campo junto al centro y desde allí sacaron la foto. En realidad aprovecharon la enfermedad que tenía el hombre que aparece con mal aspecto, Fikret Alic, seguramente con tuberculosis, para crear un gran impacto. Las personas que le rodean presentan un aspecto normal, con buena salud, no habían sido sometidas a privaciones. Un hombre con ese aspecto detrás de una alambrada de espino creaba la asociación perfecta que estaban buscando. La inmoralidad periodística era total, pero el resultado propagandístico fue perfecto. Toda la opinión pública occidental se puso contra los serbios y la exclusiva lanzada por el “periodista” estadounidense Roy Gutman del New York Newsday le valdría el premio Pulitzer por esta mentira. (4)(5) Este premio, recordemos, lleva el nombre del supuesto periodista que falsificó los sucesos de la guerra entre Estados Unidos y España en 1898. Vemos pues que el galardón volvía hacer honor al mal periodismo.

Los titulares periodísticos fueron grandilocuentes en toda Europa occidental y en Estados Unidos. El Daily Mail sancionaba: “La prueba: detrás del alambre de espino, la brutal verdad sobre el sufrimiento en Bosnia”, y junto a la imagen: “Son el tipo de escenas que nos devuelven a las imágenes en blanco y negro de las películas de hace cincuenta años de los campos de concentración nazis”. El Independent en el aniversario del suceso: “Es la imagen de la hambruna, pero después vemos la alambrada de espino contra su pecho y es la imagen del holocausto y los campos de concentración”. (3) Kouchner con Médicos del Mundo elaboró un póster ampliamente publicitado en la que se veía la foto comentada a la que se había añadido una torre de un campo de concentración, la intención era perversa y además culpaba a los serbios de crímenes contra la humanidad. (4) Ninguno de los periodistas británicos que estuvo haciendo aquel montaje en la localidad bosnia afirmó que allí hubiese tal campo, entre otras cosas porque había otros testigos durante el reportaje, estaba allí también la televisión serbia RTS que filmó lo ocurrido. Quisieron, no obstante, algunos periodistas, como el propio Vulliamy en The Guardian, indicar que había un campo de concentración en Omarska, pero puso las fotos que habían sacado en Trnopolje. El reportaje de la RTS muestra que tampoco allí, en Omarska, había un campo de concentración. (5) (6)
El periodista alemán, Thomas Deichman, fue a Trnopolje a investigar lo ocurrido y corroboró que no existía lo que se había publicitado en los medios. El historiador del holocausto alemán, Simon Wiesenthal, denunció en el Herald Tribune el 12 de agosto de 1992 la banalización del uso del término “campos de concentración” y recordó que los primeros refugiados fueron cuatrocientos mil serbios que huyeron de Croacia al ser amenazados y discriminados por el régimen de Tudjman; que con la nueva constitución eran considerados como seres de segunda clase. Elie Wiesel diría que “comparar este campo (Manjaca) con los campos nazis que yo he conocido, no tiene ningún sentido”. En “Le Monde” del 27 de agosto, Mr.Point Delpech citó a Simone Veil que acompañaba al convoy humanitario de la Asociación Equilibrio en Bosnia:

Refugiado no es deportado, un campo de agrupación de refugiados no es un campo de concentración, mucho menos un campo de exterminio. El genocidio tiene un sentido diferente. (7)

Sin embargo, y pese a aparecer este tipo de comentarios en algún medio de comunicación, prácticamente todos ellos lo enfocaron hacia el lado que les interesaba, culpar a los serbios, como hizo Julio Fuentes en El Mundo en Croacia: “Esta no es una crónica fechada en Auschwitz o Treblinka en el año 1945; sucede en Yugoslavia, a las puertas de Italia, en las navidades de 1991. Ahora el holocausto lo padece el pueblo croata”. (8) Poco dijeron tampoco de la mayor limpieza étnica de la guerra, y la mayor en Europa desde la Segunda Guerra Mundial hasta el ataque a Donbass por la junta neonazi de Kiev con el apoyo occidental, realizada contra los serbios (serbocroatas) en la Krajina.

Sí es cierto que hubo campos de prisioneros, algo habitual por otra parte en una guerra, pero no campos de concentración, salvo que se quiera banalizar y tergiversar el término y no querer saber lo que fueron realmente, como los que hubo en la Segunda Guerra Mundial; donde los prisioneros trabajaban como mano de obra esclava precisamente para las transnacionales norteamericanas y alemanas, algo también bien silenciado. Los campos de prisioneros en Yugoslavia los tenían todos los sectores bosnios: tanto los serbobosnios, los croatas de Bosnia o los mismos bosniomusulmanes; los informes de la Cruz Roja y los de la ONU corroboraron esto. (4) ¿Por qué entonces esa diferencia de trato ante hechos similares? Bueno, la respuesta creo que es otra vez clara, no se trataba de informar, se trataba precisamente de desinformar y de acusar solo a los serbios de atrocidades con el fin de tener la excusa perfecta para poder llevar a cabo la agresión militar y destruir Yugoslavia. Aquí es cuando los periodistas y sus empresas entran de lleno no solo en la irresponsabilidad periodística, sino en la responsabilidad criminal con sus mentiras e información tendenciosa.

Tanto el régimen de Tudjman en Croacia, como el de Izetbegovic en Bosnia, contrataron a una empresa de relaciones públicas para mejorar su imagen de cara a occidente y para difamar también a los serbios, esta era Ruder Finn, similar a la Hill&Knowlton contratada por Kuwait en la Guerra del Golfo. Ruder Finn se puso en marcha para difundir la existencia de campos de concentración serbios y para ello contactó con tres organizaciones judías con el fin de que tuviese mayor credibilidad. Publicaron una abundante propaganda en el New York Times y realizaron una manifestación de protesta ante Naciones Unidas. Como comenta su director, James Harff: “Enseguida pudimos hacer que la opinión pública asociara serbios y nazis”, “de un plumazo nosotros conseguimos presentar el asunto de forma simple, con buenos y malos”. Ello produjo que ya se acusara a los serbios de ser los nuevos nazis, de tener campos de exterminio y de promover la limpieza étnica; de modo que ya nadie se atreviera a defender su causa o sus razones. Era un cuadro en blanco y negro que en nada se correspondía con la realidad, pero era el preciso y necesario para que triunfase la propaganda de guerra.
En la entrevista que tuvo el director de Ruder Finn con el periodista francés Jacques Merlino le dice lo siguiente:

Jacques Merlino: Pero entre el dos y el cinco de agosto, ustedes no tenían ninguna prueba de que lo que decían fuera verdad.
James Harff: Nuestro trabajo no es verificar la información. No afirmamos que hubiera campos de la muerte en Bosnia, nosotros hicimos público lo que Newsday lo afirmaba.
J.M: ¿Se da cuenta de su responsabilidad?
J.H: Somos profesionales. Teníamos que hacer un trabajo y lo hicimos. No nos pagan para hacer moral. (4)

Bien, la respuesta del director de Ruder Finn, James Harff, es muy elocuente de cómo funciona este mundo de la comunicación. No hay consideraciones de orden moral aunque sean responsables de causar verdaderas catástrofes humanas con miles de muertes. No hay tampoco una corte penal internacional que haga justicia ecuánime por temas de guerra, quizás debiera de empezar a existir ya, y en ella deberían estar estas empresas de relaciones públicas como Ruder Finn o Hill&Knowlton, y también los grandes medios de comunicación. Tienen tanta responsabilidad como los magnates de las transnacionales, los políticos que proyectan la guerra o los militares que ordenan el bombardeo.
También Izetbegovic, el dirigente bosnio al servicio de Washington, próximo a su muerte, en 2003, revelaría a Bernard Kouchner, el cofundador de Médicos sin fronteras y Médicos del mundo, que fue además ministro de asuntos exteriores francés y que falsificó la información sobre supuestos campos de exterminio, que la información dada era falsa y se hizo para ayudar a la acción militar de la OTAN. “Sí, la afirmación era falsa. No había campos de exterminación… Pensé que mis revelaciones podrían precipitar los bombardeos”, decía Izetbegovic. (9)

Referencias-Notas:
1.-   http://www.time.com/time/covers/0,16641,19920817,00.html
2.-  http://www.100megspop3.com/bark/Propaganda.html
3.-  Thomas Deichmann. The picture that fooled the world. International Action Center. 1997.
4.-  Michel Collon. El juego de la mentira. Las grandes potencias, Yugoslavia, la OTAN y las próximas guerras. Hiru. 1999, pp. 76-80.
5.-  Jared Israel. Lies the London Guardian told me… or, The Return of Villainy. Emperor´s new clothes. 16.4.2006.
6.-  Judgment!. The Bosnian “Death Camp”. Accusation: An expose
7.-  Gerard Baudson. The New World Order and Yugoslavia. Part three, 1996).
8.-  Pizarroso Quintero Alejandro. Nuevas guerras, vieja propaganda (de Vietnam a Irak). Madrid. Cátedra. 2005. pp. 180-190
9.-  Bernard Kouchner. Les guerriers de la paix. Grasset. 2004.

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