La importancia del mundo digital para la revolución del siglo XXI

Diego Farpón. LQS. Mayo 2020

El siglo XXI era esto: el fin de las ideologías, los partidos atrapalotodo y los eslóganes de una izquierda responsable y comprometida con las instituciones hasta el tuétano. Porque, ya lo saben, la lucha de clases murió. ¿Cómo murió? Murió

No poco se ha escrito y teorizado sobre la importancia de las redes sociales para poder llevar a cabo el proceso emancipatorio del género humano. En la vertiente práctica, miles y miles de euros son gastados por distintas organizaciones para llevar a internet su mercancía, porque la política, vestida de esta manera, se alza como mercancía suprema y abandona todo resquicio ideológico para llegar a unas masas que ya no son el ejército destinado a sepultar al capital sino personas conectadas. O mejor, interconectadas.

Sin embargo, en el más allá de la praxis material las masas son amorfas y se componen de ceros y unos, no son una realidad tangible, un sujeto que pueda destruir los cimientos de la sociedad burguesa. Por ello, la dirección política se diluye hasta carecer de relevancia. La dirección política, como herramienta del proletariado consciente para concienciar al resto de la clase desaparece, pues se trata de conectar, que no dirigir. En la sociedad burguesa, hegemonizada por la ideología de la burguesía, aquello que conecta, aquello que llega, es la ideología de la burguesía, aunque sea remozada para que suene a izquierdismo.

La política a través de las redes sociales al fin y al cabo no es más que el catch-all party (así, con términos en inglés, parece que se venden mejor los artículos), llevado hasta las últimas consecuencias: el partido atrapalotodo (castellanizado el término, para entendernos) que no es más que el representante de tal o cual tendencia burguesa y que por lo tanto aspira a llevarse los votos de las masas amorfas, frente al viejo y anticuado partido de clase que está condenado a no sacar más que un puñadito insignificante de votos en una sociedad en la que la dominación de clase de la burguesía es aplastante. Claro está, todo es un truco, una cuestión mística y mágica que no todas/os pueden entender: el abandono de la lucha de clases no se produce –dicen-, en realidad se trata de una adaptación a los nuevos tiempos, a un lenguaje moderno para una realidad que las viejas ideologías no pueden captar. Es algo técnico y hay que confiar en las/os técnicas/os.

El siglo XXI era esto: el fin de las ideologías, los partidos atrapalotodo y los eslóganes de una izquierda responsable y comprometida con las instituciones hasta el tuétano. Porque, ya lo saben, la lucha de clases murió. ¿Cómo murió? Murió. No sabemos muy bien cómo ni es algo que importe, porque sólo es algo viejo. La lucha de clases, las clases sociales, no pueden ser el eje de un programa político transformador. Se trata de votos, no de programas. Claro que hay que hacer un programa: algún disfraz debe llevar el esperpento. A ser posible, además, con muchas páginas –con lo cortito y hasta fácil que sería hacer un programa con lo esencial, ¿verdad? Pero para eso habría que saber qué es lo esencial-. Y que parezca socialmente comprometido. En el papel, todavía, se pueden poner algunas frases que suenan muy bien ante las bases más ideologizadas. Se puede, se puede. Sólo hay que esperar al siguiente congreso. Se puede, se puede, es que no tenemos ministras/os suficientes, sólo hay que esperar las siguientes elecciones. Se puede, se puede.

El pasado 7 de febrero Philip Alston, Relator Especial sobre la pobreza extrema y derechos humanos por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, daba una rueda de prensa en la que hablaba de las conclusiones preliminares de un informe (1) que, dentro de unos meses, será publicado. La presentación de aquellas conclusiones (2) reveló que la realidad del Reino de España, en el siglo XXI, no es muy distinta a aquella otra británica que se describía en los libros azules que sirvieron a Karl Marx para contrastar la teoría del socialismo científico y documentar el Capital.

En la web de la ONU podemos leer una redacción sobre esas conclusiones preliminares. Se entrecomillan, entre otras, las siguientes afirmaciones: hay “un porcentaje inusual de población que vive al límite y tiene dificultades para sobrevivir”; “los formuladores de políticas les han fallado en gran medida a las personas que viven en la pobreza, y los derechos sociales rara vez se toman en serio”; barrios “con condiciones mucho peores que un campamento de refugiados, sin agua corriente, electricidad ni saneamiento, donde los trabajadores inmigrantes llevan años viviendo sin ninguna mejora en su situación”. El titular de la noticia no deja lugar a muchas dudas sobre la situación en la que nos encontrábamos antes de vernos inmersas/os en la pandemia mundial: “siendo un país rico, España vive en la pobreza generalizada, asegura experto de la ONU”.

Estos días se ha constatado esa realidad que asola a quienes aparentemente son como nosotras/os, porque compartimos con ellas y con ellos el día a día. Decretado el fin de la educación presencial, el 27 de marzo El País publica una noticia (3) con distintas fuentes de información, entre las cuales encontramos que según el director general de Save the Children “entre las familias que ingresan menos de 900 euros al mes, un 42% no tiene ordenador en casa y un 22% no tiene acceso a la red”. En la misma noticia se recoge, sobre los ordenadores, que “en España (…) el 44% de las [familias] desaventajadas tienen solo uno y el 14% ninguno, según los datos del último informe PISA de la OCDE”.

¿Qué organizaciones políticas y qué militantes han pisado esos barrios sin agua corriente, electricidad ni saneamiento? ¿Qué actividad política se hace para llegar a ese 22% de familias que ingresan menos de 900 euros y que carecen de acceso a la red?

¿Cuántas familias ingresan menos de 900 euros? Si entramos a la web del Instituto Nacional de Estadística, en 2015 –son los datos más recientes, el 23,8% de hogares tiene unos ingresos netos inferiores a 1000 euros, lo cual significa el 18,4% de la población.

Pero hoy –se atreven a decir algunas/os-, los polígonos industriales ya no existen como antes, hoy no podemos –no es que no queramos: la sutileza de la traición es una obra de arte e ingenio sin igual- dirigirnos a la clase trabajadora.

Hace unos días, el 13 de abril, aparecía en ABC el siguiente titular: “tres distritos de Madrid concentran el 50% de las familias que reciben comida del Ayuntamiento”. En la noticia podemos leer: “(…) pero la pandemia no azota igual en todos los barrios. Solo tres –Ciudad Lineal, Puente de Vallecas y Usera– de los veintiún distritos de Madrid concentran el 50% de los hogares vulnerables que reciben cada día los menús del Ayuntamiento a domicilio” (4). Son más de 4000.

¿Cuántas de esas personas están, pongamos el mínimo, informadas por organizaciones de clase? No nos importa –entiéndase esto-, cuántas leen información obrera de una u otra forma si es que algunas la leen. No nos importa lo individual –no tenemos nada que reprochar a quienes constituyen las clases trabajadoras-, sino lo colectivo –donde está la responsabilidad de las organizaciones y donde hay que exigir compromisos-: lo que nos preguntamos es, ¿cuántas organizaciones están preocupadas porque las/os parias de la tierra tengan acceso a información por parte de esas mismas organizaciones de clase?

Entre el capitalismo y la barbarie el combate adopta formas cada vez más agudas y las batallas no se librarán en la red. Por suerte, conocemos polígonos industriales y, en cualquier caso, la estratificación de los barrios nos señala dónde están quienes no tienen más que perder que sus cadenas.

Notas:
1.- https://news.un.org/es/story/2020/02/1469232
2.- https://www.ohchr.org/sp/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=25524&LangID=s
3.- https://elpais.com/sociedad/2020-03-26/la-epidemia-agrava-la-brecha-educativa-las-familias-con-menos-recursos-gestionan-peor-el-estres.html
4.- https://www.abc.es/espana/madrid/abci-coronavirus-tres-distritos-concentran-50-por-ciento-familias-reciben-comida-ayuntamiento-202004130129_noticia.html

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