Mikel Itulain*. LQS. Abril 2018

El odio es cegador, daña a uno y a los demás, nubla la razón. Es por esto que se hace odiar a tal o cual dirigente, a tal o cual grupo humano, en un proceso terrible de demonización. El odio inculcado en las mentes de los hombres y mujeres constituirá el más peligroso y letal de los venenos

Utilización fraudulenta de una fotografía de un campo de refugiados en Trnopolje (Bosnia) por Médicos del Mundo, añadiéndole otra de una torre de campos de concentración para que impactase más y lanzar un claro mensaje acusatorio de crímenes contra la humanidad y los nuevos nazis contra los serbios en la guerra de Yugoslavia.

Allí donde se desencadenan procesos en los que se produce una una gran actividad en forma de masa o energía, se suele requerir una activación, un desencadenante que posibilite que tal potencialmente poderoso suceso suceda. Ocurre en las reacciones químicas que necesitan una energía inicial que las active, ocurre en el arranque de un motor que mediante un pequeño pero oportuno aporte al comienzo desarrollará posteriormente una fabulosa potencia.
Y así ocurre también en la vida humana, donde sucesos que por su alteración tan brusca de la vida cotidiana, por su enorme requerimiento en tantos sentidos en fines no constructivos, como es el caso de las guerras; necesitan de forma ineludible, si se quiere que acontezcan, de esa estimulación tan poderosa como oportuna si han de llevarse a cabo.

Ya conocerán que en una contienda bélica la primera víctima es la verdad, pese a que luego prácticamente todo el mundo, ustedes en su mayoría también, caerá en la falsificación, bien por ignorancia, temor o conveniencia social.
¿Qué hace un hombre o una mujer abandonando su hogar y yendo a lugares más o menos lejanos a matar a seres de características parecidas a él o ella a los que no conoce, con los que nada personal ha tenido? ¿Qué hace, de similar manera, dando apoyo para que otros lo hagan en vez de él o ella? Solo la extensión del odio, la ira y euforia colectiva puede producir tal trastorno social.
El odio es cegador, daña a uno y a los demás, nubla la razón. Es por esto que se hace odiar a tal o cual dirigente, a tal o cual grupo humano, en un proceso terrible de demonización. El odio inculcado en las mentes de los hombres y mujeres constituirá el más peligroso y letal de los venenos.

Se ha dicho correctamente que la inyección del veneno del odio en las mentes de los hombres por medio de la falsedad es un mal mucho mayor en los tiempos de guerra que las reales pérdidas de vidas. La corrupción del alma humana es peor que la destrucción de su cuerpo. (1)

De esta forma es fácil, al prevalecer la emoción y la ira sobre el buen sentido, extender el engaño, que trae la tragedia.
La guerra se libra en la niebla de la falsedad y en la turbación de la razón. La locura social una vez desatada será muy difícil de contener.

La mayor dificultad fue la puramente psicológica para resistir a la sugestión de las masas, cuya fuerza se convierte en terrible cuando la nación completa está en un estado de violento excitamiento colectivo. (2)

De ahí la fundamental importancia de actuar preventivamente, siempre el mejor procedimiento, de evitar que esto ocurra, de desactivar la campaña de demonización, de odio, de exponer a la luz del día los hechos como realmente son y promover el entendimiento y el diálogo como método de actuación. Haciéndolo así servirá de vacuna eficaz contra los interese egoístas de los que se lucran y prosperan con el dolor ajeno.

No es cierto que no se pueda hacer nada, que no se pueda evitar lo “inevitable”, testigo de lo que digo lo tienen en Siria, que pese a tanta mentira no han podido lograr su fin, y no solo porque potencias hayan salido en defensa de su Gobierno legítimo, sino debido de la misma forma a un hartazgo de la gente de occidente a provocar nuevas guerras con los ya muy conocidos embustes humanitarios y mediáticos.

Fíjense lo que ya se decía allá por 1914, la guerra para acabar con todas las guerras, una verdadera guerra justa; vamos lo que ya estaba presente en la Edad Media y en los años de los siglos pasados, y en los que vendrán si sobrevivimos a nuestra propia necedad.

Aprendan de lo malo de nosotros, prevengan y eviten que nuevamente de forma inútil e innecesaria personas mueran y maten por cosas tan inútiles e innecesarias. Generen construcción, no destrucción; concordia, no enfrentamiento. Carl Sagan con sabiduría hacía una llamada a nuestra cordura:

La historia está llena de gente que por temor, ignorancia o ambición de poder ha destrozado tesoros de valor inconmesurable que ciertamente nos pertenecían a todos. No debemos dejar que vuelva a ocurrir. (3)

Que no vuelva a ocurrir.

Referencias-Notas:
1.-  Arthur Augustus William Harry Ponsonby. Falsehood in Wartime: Propaganda Lies of the First World War. George Allen and Unwin, 1928.
2.´ Jean Bricmont. Humanitarian imperialism. Monthly Review Press, 2006.
3.- Carl Sagan. Cosmos. 1980.

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