La industria petrolera y la geoingeniería

Silvia Ribeiro*. LQS. Marzo 2019

Desde la década de 1940 las mayores petroleras han hecho investigación sobre el clima –tanto para proteger sus inversiones, como para entender sus impactos. Cuando el debate sobre cambio climático empezó a generalizarse, tenían amplia información para construir formas de negar el fenómeno y evadir su responsabilidad

La industria de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), ha estado siempre en la vanguardia de la negación del cambio climático: son sus principales culpables e intentan así desviar la atención sobre su responsabilidad. Un notable reporte de investigación «Combustible al fuego» (Fuel to Fire) publicado recientemente por el Centro Internacional de Derecho Ambiental (CIEL por sus siglas en inglés) muestra que además, desde hace décadas impulsan la manipulación tecnológica del clima, o sea la geoingeniería. Ésta no es, como plantean sus promotores científicos, una medida de emergencia frente a la crisis climática, sino una forma de asegurar la permanencia de los combustibles fósiles y con ello, de empeorar el cambio climático (https://tinyurl.com/y4gjzbys)

Es conocido que las petroleras impulsan y controlan las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CCS por sus siglas en inglés). Además, también han estudiado muchas otras formas de geoingeniería, incluyendo la modificación de la radiación solar, en pos de proteger sus ganancias y seguir sus actividades con altas emisiones de dióxido de carbono, argumentando que se puede contrarrestar el calentamiento global bajando la temperatura y retirando el exceso de carbono de la atmósfera, lo cual también son negocios adicionales para la misma industria, que creó el problema.

El informe de CIEL revela que ExxonMobil, Shell, BP, Total, Chevron y otras, tienen intereses, patentes e investigación en todas las formas de geoingeniería, e incluso algunas han sido pioneras en investigarlas. Exxon, por ejemplo, investigaba desde la década de 1940 formas de modificación del clima, como por ej. cubrir áreas con asfalto para aumentar la absorción de calor con la idea de provocar lluvia en otras zonas. James F. Black, uno de los investigadores de Exxon que participó en ese proyecto, tuvo también un papel clave en la investigación de la empresa sobre cambio climático y dióxido de carbono en las décadas siguientes.

Desde la década de 1940 las mayores petroleras han hecho investigación sobre el clima –tanto para proteger sus inversiones, como para entender sus impactos. Cuando el debate sobre cambio climático empezó a generalizarse, tenían amplia información para construir formas de negar el fenómeno y evadir su responsabilidad.

Complementariamente, han investigado, promovido y cabildeado el desarrollo de una amplia gama de técnicas de manipulación del clima, tanto técnicas de remoción de dióxido de carbono, por ejemplo plantaciones para bioenergía, captura directa de aire, (ambas combinadas con CCS), alcalinización del mar y fertilización oceánica, como técnicas de geoingeniería para alterar la radiación solar que llega a la Tierra. Entre estas últimas, crear y blanquear nubes marinas para reflejar el sol o inyectar sulfatos en la estratósfera para bloquear los rayos del sol, imitando el efecto de las nubes volcánicas, todas con la intención de bajar la temperatura.

El informe aporta numerosos datos y nombre de científicos y cabilderos de la industria petrolera que han tenido enorme influencia en las políticas de Estados Unidos sobre energía y cambio climático, para impedir el desarrollo de políticas de energías renovables y para promover la geoingeniería, tanto bajo la administración de Obama como la actual. El propio director ejecutivo de Exxon, Rex Tillerson, pasó de este cargo a ser Secretario de Estado con Trump hasta 2017. La existencia de opciones de geoingeniería justifica según éstos, que no es necesario hacer recortes en las emisiones.

Uno de los más activos proponentes «científicos» de la geoingeniería es David Keith, de la Universidad de Harvard. Argumenta que son medidas que deben prepararse frente a la inacción climática. En 2017 presentó el proyecto ScoPex, un experimento para diseminar partículas reflejantes del sol, a realizarse en Arizona o Nuevo México, probablemente en territorio indígena. Sería el primer experimento a cielo abierto de manejo de la radiación solar. Más que un experimento científico, ScoPex es una punta de lanza para comenzar con experimentos de geoingeniería solar y posteriormente su desarrollo a gran escala.

Keith se presenta como científico, pero es simultáneamente fundador y accionista de Carbon Engineering, una empresa comercial de remoción de dióxido de carbono con la técnica captura directa de aire, el carbono es usado para hacer combustibles sintéticos. El reporte de CIEL muestra que esto no remueve carbono de la atmósfera, sino que incluso, por su alta demanda energética, podría emitir más. En enero 2019, las petroleras Chevron y Occidental Petroleum se sumaron como inversores a esta empresa que fue financiada inicialmente por Bill Gates, entre otros.

Es una muestra de lo que plantea el informe: hay una línea de continuidad entre la industria de combustibles fósiles, sus excusas para seguir extrayendo petróleo, gas y carbón y todas las formas de geoingeniería.

La creciente consideración de geoingeniería en informes y negociaciones internacionales sobre cambio climático debe cuestionarse radicalmente, a la luz de que en lugar de paliar los síntomas, la geoingeniería es un argumento para posponer la necesaria reducción de emisiones.

Sobre geoingeniería y sus impactos, ver también el libro «Geoingeniería: El gran fraude climático», de Grupo ETC y Fundación Heinrich Boell,

* Investigadora del Grupo ETC. Publicado en “La Jornada”

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