La industrialización del arte

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Dentro de siete meses, el 28.IX.2022, la ciudad china de Dafen-Shenzhen inaugurará su 3ª Bienal Internacional de Pintura al Óleo. Tiene sus motivos para convocar tan magnoevento puesto que fabrica la mayor parte de los óleos que consume el planeta (según fuentes tan imprecisas como cualesquiera otras, entre el 60% y el 80%) Asimismo, Dafen quiere pregonar que su intención es derivar de su actual condición como capital mundial de la copistería a erigirse en un polo de arte original impulsado por el núcleo de los 300 o 500 pintores locales que dejaron las réplicas en serie para pintar siguiendo sus propias musas.

El megafraude de Rosales-Bergantiños-Knoedler

De antemano, subrayamos que los obreros artísticos de Dafen no engañan a nadie. Venden millones de réplicas muy bien hechas que, por su ridículo precio, es obvio que no son originales. No son falsificadores. Pero no puede decirse lo mismo de las altas esferas del gran mercado internacional del arte pues la nómina de ilustres falsarios es inacabable. Entre esta plétora de pillos destacamos el reciente documental Made You Look: A True Story About Fake Art (Barry Avrich, 2021), ambientado al principio en la Nueva York de inicios de los años noventa. Avrich nos describe cómo una “mexicana seria y bien vestida”, Glafira Rosales (Guanajuato, 1956), compinchada con los hermanos José Carlos (Parga, Lugo, 1955) y Jesús Ángel Bergantiños Díaz, entran a saco en la galería Knoedler vendiéndola docenas de obras maestras hasta entonces ‘escondidas’ de los pintores más cotizados de entonces -Pollock, Rothko, Motherwell. Rosales/Bergantiños jamás desvelan la procedencia de esos cuadros y Knoedler se hace de oro sin inquirir sobre esa anomalía.

[El antecedente más conocido de esta clase de documentales es el Fraude (F for Fake, 1973) de Orson Welles. La petite histoire de Fraude reza que el documentalista francés François Reichenbach le mostró a Welles el documental Elmyr: The True Picture? que había rodado en Ibiza 1968 a raíz de una de las salidas de la cárcel del falsificador de origen húngaro Elmyr de Hory. Welles amplía ese material de archivo. De refilón, aparecen dos cómplices y némesis de Hory: Fernand Legros (ex alumno de los jesuitas en El Cairo, bailarín profesional, agente secreto de la CIA, casado y padre de dos hijos, homosexual confeso) y Réal Lessard (m. en 2013 a los 76 años, dejando dos hijos y dos nietos) Para concluir esta digresión, añadamos que Hory se suicidó en Ibiza 1976 tras haber sido condenado por homosexualidad y por ‘convivencia con delincuentes’]

Las obras que ofrecía Rosales eran falsificaciones impecables pintadas por el chino Pei Shen Qian, vecino del neoyorkino distrito de Queens. La pareja Rosales/Bergantiños le compra regularmente sus copias cuidando con esmero que su confección cumpla con las estrictas normas espectrográficas y de materiales que exige el alto mercado –no así con las de archivo documental. Por ello, consigue al ‘chinito’ pinturas y soportes de la época para que los utilice con seguridad, envejece las obras por el heterodoxo método de envejecerlas frotándolas con bolsas de té o cuarteando la pintura con un secador de pelo. Pero comete un error: en unos de sus Pollock de 1950 aparece un tono de amarillo que no se fabricaba en aquel momento.

Un ‘autónomo’ trabajando en la penumbra. Foto engañosa porque fueron y son más abundantes los copistas alienados (y alineados) en las cadenas de montaje

El escándalo ocupa grandes titulares. Quiebra y muere la (ex) prestigiosísima galería Knoedler. En 2017, Bergantiños escapa a España y Rosales es condenada en Nueva York a infinidad de años de cárceles y de multas -hasta le piden 81 millones de US$ en concepto de indemnizaciones. Pero, so pretexto de que ha colaborado con la Justicia y, sobre todo, porque la mayoría de los ricachones estafados no denuncia la estafa –porque, cuando pase la tormenta mediática, aspiran a revender sus tesoros como si fueran auténticos. Por su parte, a la postre, la sra. Grafira sólo cumplirá 90 días de arresto domiciliario y 3 años de libertad vigilada –y no pagará casi nada.

En cuanto al copyright, es urgente combatir el innoble prejuicio de que los chinos sólo saben copiar los avances técnicos de ese Occidente que se regodea en la mentira más obvia: ayer era “el peligro amarillo” pero ahora su manifiesta sinofobia –una psicopatía geopolítica-, utiliza un amplio abanico de bulos a cual más inconsistente. Por ello, antes de entrar en más análisis, señalemos con toda rotundidad que, si China exigiera cobrar derechos de propiedad artística, intelectual e industrial por las aportaciones a la cultura universal (pólvora, papel, papel moneda, imprenta, timón de codaste, brújula, etc.) que le debe el planeta, no habría dinero en el mundo para afrontar tan tremenda indemnización. En parecido sentido, si el Occidente imperialista prescindiera de las obras de arte robadas, saqueadas, estafadas, falsificadas y/o copiadas que exhibe en sus museos y palacios, estos lugares de culto quedarían vacíos

[El arte moderno de China arranca cuando ni siquiera se hablaba de ‘el peligro amarillo; ver Wang, Yiyan. 2021. Modern art for a modern China: the Chinese intellectual debate, 1900–1930. Routledge, New York. ISBN: 978- 0- 367- 31271-8. Para el espinoso tema de las falsificaciones, ver Lin, Yi-Chieh Jessica. 2011. Fake stuff: China and the rise of counterfeit goods. New York, ISBN 0-203-82975-1. Y, para el caso concreto de Dafen-Shenzhen, ver Chow, Yiu Fai & Kloet, Jeroen. 2016. Shanzai Culture, Dafen Art, and Copyrights; eBook ISBN9781315643106. Y sobre la cultura shanzhai, ver Jeroen de Kloet, Chow Yiu Fai, and Lena Scheen (eds) 2019. Boredom, Shanzhai, and Digitisation in the Time of Creative China. Amsterdam. Doi 10.5117/9789462984745. Sobre la importancia de las migraciones interna chinas, ver E Wang, J., & Li, S. 2016. “State territorialization, neoliberal governmentality: the remaking of Dafen oil painting village, Shenzhen, China.”, en Urban Geography, 38(5), 708–728. Doi:10.1080/02723638.2016.1139409. Este paper y esos cuatro libros pueden consultarse online]

El artista copista

Catálogo de la exposición Pei de 2006

El documental de Avrich está en las plataformas cinéfilas pero ¿qué se dice del excelso copista que pintaba las falsificaciones? Casi nada. Por ello, olvidamos el megafraude para centrarnos en el personaje que lo hizo posible, quién sabe si involuntariamente.

Dícese que, a finales de los 1970’s, Pei Shen Qian (n. 1940) era un conocido pintor cuyo arte abstracto fue considerado burgués y decadente por la Revolución Cultural china. Emigró –o se exilió, es difícil conocer la diferencia-, a Nueva York donde trabajó de albañil y pintor de brocha gorda hasta que encontró un precario acomodo pintando al óleo en las calles céntricas. En 1981, le encontró Bergantiños quien, para comprobar su idoneidad como copista de obras famosas, de entrada le pagó 200 US$ por una réplica. Pei dio la talla como artesano y el inquieto gallego le encargó muchísimas más obras. Al principio, le pagaba unas miserias pero, al ver que el fraude prosperaba, Pei presionó al inmigrante pillín y llegó a sacarle hasta 7.000 US$ por cuadro.

Viejo arte en Dafen

El mega-fraude que acabó con 160 años de la neoyorkina galería Knoedler, le salpicó gravemente. En 2014, a sus 75 años, Pei fue acusado de fraude electrónico, de conspiración y de mentir al FBI. Se enfrentaba a 45 años de prisión por lo que regresó a China. Tras su huida, la fiscalía gringa pasó a exigirle una condena de 114 años -pero la extradición es imposible. En 2006, la BB Gallery de Shangai le organizó una exposición retrospectiva de sus últimos 25 años. Según los críticos de The Art Newspaper –advirtiendo que solo han ojeado sus obras online-, Pei pinta originales con cierta facilidad -¿quieren decir arte o profesionalidad?-, sus paisajes rebosan de colores y sus cuadros urbanos evocan el post-impresionismo o el expresionismo mientras que alguno de los que recurren a las técnicas mixtas conjuga el cubismo con las pinturas chinas clásicas. Todo ello presidido por su expreso convencimiento de que el fraude siempre puede ser detectado… y por la nostalgia (¿) Hace diez años, se rumoreaba que trabajaba humildemente en “las afueras de Shangai” (en Dafen-Shenzhen) pero no hemos logrado averiguar si todavía vive el hoy octogenario.

Dafen-Shenzhen

Viejo y nueva ciudad de Dafen

Dafen es un suburbio de la explosiva Special Economic Zone (SEZ) de Shenzhen, 30 kms. al norte de la megalópolis Hong Kong. Shenzhen es conocida por producir una millonada de falsificaciones de todo tipo de mercancías –desde teléfonos hasta joyas-, pero aquí sólo nos interesa su arte industrializado. En 1990, Dafen contaba con 30 nativos y con 10.000 inmigrantes, cuando fue ‘descubierto’ por Huang Jiang, un empresario de Hong Kong que vislumbró el porvenir de la entonces destartalada aldea como epicentro mundial de la pintura al óleo. Alquiló varias casas y reclutó a 50 aprendices. Dos años después, ya disponía de 2.000 obreros del arte, inmigrantes en su gran mayoría. El quid de su crecimiento estribó en articular la mercancía ‘artística’ en cadenas de montaje. Aquella treintena de campesinos forzados a urbanizarse, creció, los pioneros se independizaron como empresarios autónomos y comenzaron a inundar el planeta con literalmente millones de copias pictóricas fieles al original pero de dudoso gusto y cuestionable calidad –croûtes, costras, en argot francés; cuadros horribles para ser vendidos por buhoneros en las calles.

Nuevo arte en el patio del museo de Dafen

En 2012, Dafen solo tenía registrados 102 ‘artistas originales’ (yuancang huajia) entre sus 5.000 obreros del arte. Sin embargo, se calculaba que las copias y las croûtes suponían el 70 u 90% de la producción dafeniana mientras que las pinturas originales ascendían asimétricamente al 20 o 30% del valor de esas mismas mercancía. Antes, la mayoría de los aprendices e incluso los copistas no tenían tarifa salarial ni sueldo fijo; sólo ganaban entre 100 y 300 euros mensuales. Pero la SEZ cambió (un poco) ese panorama.

Por otra parte, la SEZ era y es sinónima de industrialización pues se sitúa muy cerca de la autopista de exportación hacia el resto del mundo. En Dafen, escogieron industrializar el arte. En 2010, en la World Expo de Shanghai, el pabellón de Shenzhen’s Urban Best Practice, exhibió la apodada Dafen Lisa, una Mona Lisa construida en un mosaico of 999 paneles pintados por más de 500 obreros artistas. Significó la consagración mundial de la nueva capital del Óleo -ya entonces se distinguía entre los yì shù jiā (copistas) y los huà jiā (pintores propiamente dichos)

Entrada a Dafen: mano gigante sosteniendo un pincel. Ahora, símbolo de la ciudad

Una cuestión final: en Dafen, las pinturas originales que están relevando a las copias, ¿serán obras de un individuo o terminarán existiendo talleres de los maestros más reconocidos? Si aparecen talleres, será inevitable pero profundamente injusto que regrese la cantinela de que los chinos son falsificadores congénitos –y gregarios añadirán de propina, lo cual es cierto pues la Humanidad es ontológicamente gregaria. En tal caso, será inútil recordar que los más famosos artistas occidentales trabajaban en sus talleres –de ahí la abundancia de cuadros con las etiquetas del estudio de o incluso atribuido a.

Imagen de cabecera: Una cadena de montaje de croûtes. Cada copista se encarga de una parte del cuadro
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