La insurrección de un pueblo oprimido y el etnocidio encubierto

El_Salvador_ B_H_LQSomos-El salvador 22 de enero de 1932

En El Salvador desde la llegada de los españoles, los pipiles y demás etnias mayas que vivían en ese pequeño territorio de sólo 20.000 Km. cuadrados fueron arrasados, masacrados, y esquilmados por enfermedades que llevaron los españoles al continente. Los indios que vivían en el valle de Cuscatlán, los que quedaron, no se rindieron fácilmente, levantamientos y emboscaban a los recién llegados. Desde entonces se han venido produciendo levantamientos contra los que llegaron a su territorio a imponerles una cultura y religión.

Desde la llegada de los invasores, su cultura e identidad había – y ha – sido pisoteada primero por los españoles, después por los criollos (hijos de españoles nacidos en el nuevo continente) para que le siguieran las burguesías criollas, privándoles de su libertad y su identidad. Los criollos, como los españoles, por muchos años y desde su llegada hicieron todo lo posible para que quienes allí vivían, fuesen vistos como animales. Era necesario primero desposeerles de su identidad, de su cultura para luego someterles y explotarlos. Para ello se valieron de una teología racista que justificaba el maltrato y el etnocidio.

La teología de quienes llegaban justificaba entre otras cosas, que los indios del nuevo mundo no tenían alma, eran, en otras palabras, animales que debían ser tratados como tal. Llegaron a decir – en su teología – que su dios era: misericordioso, magnánimo y amoroso con sus hij@s, que había dado riquezas, oro y otros minerales preciosos al nuevo mundo para que el hombre blanco fuera a por ellos, y de esa manera, llevarles la palabra de dios a los indios sin alma de aquél continente. Ese es por tanto el pozo ideológico que subyace en el pensamiento de las burguesías de América Latina.

La insurrección popular.

En 1932 miles de indios, campesinos, obreros, amas de casa, abuelos… lanzaron una insurrección armada para liberarse de la explotación a la que los estaban sometiendo la burguesía criolla. Éstos al verse superados por lo «indios» pidieron ayuda y los gringos, acudieron al ¡socorro! pusilánime de la burguesía cafetalera del país. Los gringos acuden a ayudarles porque, cinco años atrás, habían sido derrotados por el pequeño ejército loco de Sandino en Nicaragua y querían enseñarle a los «indios» de que en su «patio trasero» no permitirían otra derrota e insurrección.

En los años 30 las clases sociales en el país estaban ya definidas. En El Salvador existía una oligarquía cafetalera y una pequeña burguesía compuesta minoritariamente por las familias económicamente poderosas. Una capa media social exigua que en su mayoría estaba formada por profesionales y militares. Y por último, una clase social mas pobre y amplia, en la cual se encontraban los que tenían menos recursos económicos, obreros, campesinos, indios, etc. Para evitar que otros sectores de la sociedad ingresaran al círculo reducido de la burguesía tendían – tienden – a casarse entre ellos o con personas provenientes del extranjero, lo hacían – lo hacen – porque querían y quieren convertirse en una raza diferente a la mayoría del pueblo salvadoreño. No sólo por sus «costumbres sociales», si no también por el color de su piel.

A final de los años veinte en un lugar la capital de San Salvador, Ilopango, se reunían clandestinamente un grupo de intelectuales, indígenas, campesinos y obreros salvadoreños para ir formándose con lecturas de Marx, la revolución bolchevique, escritos de Lenin etc. Este pequeño grupo de personas serán las que van a fundar el Partido Comunista. El trabajo de organización no fue tan fácil, pero si fue prolifero ya que en menos de seis años el trabajo de congregar a las clases desfavorecidas entorno a una idea común dio sus frutos. Se incrementaron las luchas estudiantiles, sindicales, y sociales. Así, fue creciendo el descontento en la población y la agudización de las contradicciones sociales se ponía en evidencia, entre los pobres, la inmensa mayoría, y, los ricos, unos pocos.

El pueblo va tomando paulatinamente conciencia de lo bueno que debe ser vivir y sentirse indígena a pesar del desprecio al que son sometidos por su cultura, su identidad y su lengua. Querían seguir con los valores de sus antepasados, no compartían con la burguesía criolla, nada, los primeros se habían –se han – encargado de que esto se convierta en una relación antagónica ya no sólo de clase también de raza. Los indios eran y – son – comunitarios a diferencia de los ricos, así vivían antes de la llegada de los españoles y así querían seguir viviendo. Encontraron en ese modo de producción, el socialismo, algo parecido a lo que sus antepasados habían vivido y llevado a la práctica, una sociedad comunitaria. Habían desvelado por fin, lo que les habían impuesto por medio de la espada y la cruz, obligándoles a someterse en nombre de dios a los designios del hombre blanco.

La revolución mexicana había ejercido una influencia positiva en Farabundo Martí, y era suficiente para que los dirigentes salvadoreños en su análisis del país optaran por el socialismo, como única vía posible para el desarrollo integral de las personas. La mayoría de miembros del movimiento insurreccional eran indios mayas que habían tomado consciencia de su realidad, de su identidad y de su lucha. Pueblos como Izalco, Nahuizalco, Juayúa, Zalcoatitlán, Ahuachapán etc… La insurrección en El Salvador fue una de las primeras en promulgar una lucha revolucionaria y construir un sistema nuevo, diferente al capitalismo dependiente y feudal de la época.

Eran indios, campesinos, obreros, jornaleros del campo, estudiantes universitarios, profesores, eso la burguesía no lo iba a tolerar. Indios hablando en nombre de todo un pueblo. Indios organizados entorno al partido comunista de entonces, por ello la burguesía no iba a consentir que esos «ignorantes y analfabetos» pudieran pensar, hablar y organizarse al margen de ellos. Esta fue una de las primeras insurrecciones armadas en el continente latinoamericano. Quienes ahí lucharon lo hicieron porque querían construir un sistema nuevo, en el país, el socialismo.

Sin embargo las armas con las que contaba el movimiento insurreccional no eran lo suficientemente modernas de la época como para enfrentarse y derrotar a la oligarquía que contaba con el armamento proveniente de los Estados Unidos. La insurrección fue un intento de liberar a un pueblo que por primera vez hacía realidad su sueño de sentirse sujetos de su propia historia. Pero no tenían el armamento necesario para conseguirlo.

En un lapso de tres días, el ejército gubernamental, apoyado por algunas cuántas milicias civiles, sofocó la rebelión. Durante las semanas posteriores las tropas dieron muerte a sangre fría a miles de supuestos «comunistas». En ciertos pueblos como en Izalco y Nahuizalco la represión fue indiscriminada, siendo fusilados casi todos los varones mayores de doce años que no lograron huir. La persecución duró más de un mes y al menos, se contabilizaron mas veinte mil fusilados según cifras oficiales del ejército y del gobierno. Como siempre ellos bajan la cantidad de muertes porque para ellos decirles que han sido mas de treinta mil es mucho, pero veinte mil, no.

En estudios basados en periódicos y revistas de la época se leen los verdaderos objetivos de la represión y la posterior matanza de los sublevados. El objetivo verdadero de la burguesía salvadoreña era acabar con los indios. La lectura de estas fuentes olvidadas sugiere reivindicar al indígena Izalco —sinónimo de comunista— como actor de su propia historia. Más allá de la consagrada dicotomía —»comunistas» contra «capitalistas», «liberales de izquierda» contra «conservadores de derecha»— se apunta una tercera vía: una perspectiva étnica, solo así se entiende meses después de la masacre que el gobierno promulgue leyes prohibiendo que los indios hablen en su lengua, el náhuatl, su vestimentas, ritos y costumbres con penas de cárcel o fusilamiento. Así se descubre una paradoja. Al salvar el abismo de toda bipartición, los posmodernos aún no reconocen una posible división que no sea doble. Tampoco el pensamiento poscolonial sobre 1932 a descubierto América. Los escritos que se han hecho hasta hoy no revela una dimensión indígena de los sucesos. El «(Anti)comunismo» es excusa para expresar y ocultar la etnicidad indio-ladino, en un país con un cuarenta por ciento de población indígena. Al analizar fuentes olvidadas con respecto a uno de los sucesos más trágicos que vivió el país durante el siglo XX supone hacer una reflexión en el presente. Supone entre otras cosas desenmascarar a los verdaderos responsables. Por el etnocidio, el imperialismo da paso a la ley del Imperio, como única esfera internacional en su política de «entendimiento humano».

La burguesía criolla financió y recibió apoyo desde el norte… el día 22 de enero y en los días posteriores al levantamiento armado, el ejército masacró a mas de treintamil personas en menos de un mes. Murieron entre otros, Farabundo Martí Y Feliciano Ama, dirigente indígena. También un largo número de personas anónimas que recordamos en esta fecha que se acerca. El 22 de Enero de este año que recién empieza, celebraremos en EL Salvador otro año mas de impunidad. La insurrección de los indios de occidente del país fue la excusa perfecta para que la oligarquía criolla y con el apoyo de Estados Unidos cometiese uno de los primeros y más desgarradores etnocidios del sigo XX en El Salvador.

Bibliografía:

– En busca de los pobres de Jesucristo. Gustavo Gutiérrez.

– La patria del criollo. Antonio Peláez.

– Rafael Lara Martínez Balsamera bajo la guerra fría. El Salvador – 1932. Historia intelectual de un etnocidio

  Txamba Payés en LQSomos

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