“La izquierda tiene secuestrada a la República”

En memoria de Raquel, esa joven madre canaria que se arrojó al vacío el pasado martes porque no podía alimentar ni educar a sus dos hijos, y que se suma a la larga nómina de asesinados por esta feroz “democracia”.

No deja de ser paradójico oír estas cosas en la tele.

Para empezar, y por aquello de no permanecer callados, yo le diría a este señor que secuestrar es sinónimo de robar con violencia; que es exactamente lo que está practicando el partido en el gobierno de este país con los derechos de los trabajadores y con las libertades en general.

Lo que ocurre, señor pesebrero, es que ser de izquierdas, en este país, está íntimamente vinculado con reivindicar la República, precisamente aquella República que nos robaron cuatro generales infames ahora hace setentaisiete años. En tanto que ser de derechas se relaciona directamente con ser franquista, o ser monárquico, que no es lo mismo que decirse a favor de la corona en Holanda o en Suecia.

Creo haber condenado aquí, en nombre de determinado sector de la izquierda, determinadas actuaciones del Gobierno del Frente Popular, llevadas a cabo durante los atroces bombardeos franquistas sobre las ciudades leales, que también hay que decirlo. Pero aún estamos esperando que el Partido Popular, así como sus allegados, condenen la brutal venganza llevada a cabo por el régimen franquista durante la pasada guerra civil, así como la feroz persecución de cualquier forma de liberalismo que sufrió España durante los casi cuarenta años que duró aquel régimen.

En tanto la derecha aún mantiene en buena parte de nuestras calles los rótulos y monumentos dedicados a aquellos que violentaron mediante las armas la Constitución de 1931 (no nos falta más que nos priven del derecho a exhibir la bandera constitucional bajo la que algunos nacimos), así como monumentos religiosos que no exaltan precisamente los valores de la Libertad y del Progreso; la izquierda (determinada izquierda) reivindica una memoria y unos valores de los que no tiene que avergonzarse ante ninguna democracia que se precie de tal.

La diferencia con ustedes, señores reaccionarios de esos medios que se dedican a diario a descalificar a todo lo que no huela a rancio, es que, en tanto ustedes se aferran a los valores de esta monarquía, además de los que se derivan del edificio de la Bolsa, nosotros reivindicamos nuestra memoria (aún habrá que repetirlo millones de veces), la memoria de aquellos que salieron a las calles de las ciudades de este país y a sus campos para defender, entre otras muchas cosas, aquella Constitución que declaraba que España, por primera vez, tras los diez meses de la I República y su fracaso, era una República democrática de trabajadores de todas clases, que se organizaba en régimen de libertad y de justicia. Lo cual vincula por siempre a aquella República con el Progreso y con la Libertad.

No deja de ser cruel reconocer que todas las luchas del pasado más reciente para arrancar a España de las garras del fascismo no han servido si no para oír afirmar a determinados “periodistas” (vamos a dejarlo ahí) que aquella República representa “lo rancio”, como llegué a oír al señor Pedro J.

En tanto ustedes defienden y ensalzan una monarquía que en su día fue expulsada del País por indeseable, para, más tarde, pasar a donar diez millones de dólares al general Franco para financiar su cacería en 1936, que no cesaría hasta aquel 20 de noviembre de 1975. En tanto en la nómina de sus nombres “más emblemáticos” figuran el del mandatario que nos arrastrara a la guerra de Irak, los de ministros que han conseguido mandar un número mayor de españoles al paro, las mayores cuotas de desaliento y suicidios, las mayores cuotas de fracaso escolar, las mayores cuotas de pobreza y marginación; en la nómina de la izquierda, del republicanismo, cabe hoy recordar todavía a nombres que han dado algo más brillo y esplendor a nuestras páginas de historia, así como a las paginas de nuestras letras y de nuestra cultura en general.

Dudo mucho de que personajes como Rafael del Riego, Mariana Pineda, Nicolás Salmerón, Arturo Soria, Pablo Iglesias, Antonio Machado, Manuel Azaña, Fco. Giner de los Ríos, Sáenz del Río, García Lorca, Max Aub, la señora María Zambrano, Picasso, Tuñón de Lara o el mismísimo Luís Buñuel, por sólo citar a algunas figuras del republicanismo, aceptaran hoy sentarse en los confortables asientos de sus cuarteles para discutir con Millán Astray, con Queipo de Llano, con Pió Moa, con Francisco Marhuenda, con Ricardo de la Cierva, con el señor Pemán o con César Vidal sobre algo medianamente inteligente.

En tanto los valores de ustedes se mueven en un espacio tan breve como el que une el Valle de los Caídos con el edificio de la Bolsa, donde se venera secula seculorum a los dioses de la guerra y del dinero, a un dictador cuyos méritos mayores fueron la caza del cabileño y del obrero que trató de sacudirse el yugo de la ignorancia y de la explotación; esa  misma izquierda reivindica un día tras otro un régimen donde se le permita soñar, en lugar de sufrir la pesadilla del paro, el desahucio y la tiranía de los bancos y los mercados. Ustedes son los que tienen secuestrada a la democracia. Ustedes los que privan del techo a la vida digna al desgraciado que no ve otra forma de escapar de este cepo en que ustedes convirtieron de nuevo al País que arrojarse al vacío desde una ventana, cuando es requerido por el funcionario a abandonar la casa porque no dispone de esos miserables 900 euros, cuando no por carecer de los medios para alimentar y educar a los hijos. Ustedes los que tienen secuestrados los derechos, cuando, carentes de ideas y de soluciones, mandan a sus esbirros para que apaleen al joven antisistema o al anciano despojado. Son ustedes, y no la izquierda republicana, los que les niegan la decencia de una sepultura digna a aquellos que fueron exterminados en el pasado por los “defensores de la civilización occidental”.

No es esa izquierda la que les niega a tantos y tantos hijos de trabajadores el acceso a la Universidad. Ni es la que privatiza y desmonta la Sanidad y la Enseñanza públicas. No es esa izquierda precisamente la que niega recursos para energías renovables, en tanto imponen prospecciones petrolíferas en Canarias que ponen en riesgo el propio ecosistema; ni la que negocia una y otra vez con el infame dictador de Marruecos, que secuestra, encarcela, tortura, desaparece a las gentes saharauis y les niega sus propias tierras. No es precisamente esa izquierda la que les niega a los pueblos el derecho a la autodeterminación, fuera de un proyecto en el que ya no confían. No, no es esa izquierda la que inclina su cabeza ante un monarca veterano en las artes de la caza y en hacer dinero rápido, en tanto la mendicidad se recrea por el suelo patrio y los mineros exigen trabajo y dignidad, y en las calles, se vuelve a oír la voz de la mujer exigiendo que no se la criminalice por abortar. Ni la que convierte en algo así como un lujo ir a ver a un teatro una obra de Lope o de Darío Fo.

Lo más digno de este país está exigiendo en las calles, ni más ni menos, que se restablezca un régimen que, en sus más leales defensores, fue aplastado, desaparecido, mutilado, secuestrado, depurado, exterminado, perseguido…, precisamente por aquellos que encarnan los valores de aquel remoto 18 de julio: la intolerable religión, el capitalismo más brutal, que despoja a los más pobres y enaltece la guerra y la competitividad más crueles, que se burla y reduce a diario los cerebros de las gentes con sus cadenas de corrupción, sus celebraciones militares, más propias de procesos de pacificación que de un tiempo de miseria extrema en amplios sectores de nuestra población. Que le niega ya a una importante masa de la población la dignidad más elemental, lejos de los cubos de desechos de los supermercados y de las colas ante las instituciones de caridad.

Por mucho que se esfuercen ustedes en tratar de reducirnos el cerebro con sus mentiras, con una televisión pública al servicio del gobierno que gana las últimas elecciones; por mucho que su policía se cebe con el joven antisistema y retrocedamos cada día un poco más en nuestras conquistas de ayer,  amplios sectores de este país van a seguir enarbolando la bandera de aquel 14 de abril, como levantan sus copas al aire por esa gloriosa fecha, por la República, precisamente por aquella República de trabajadores de todas las clases que envió a muchos de sus hijos a morir en los frentes de Europa para aplastar al nazismo, en tanto el general, fiel aliado de Hitler, mandaba a sus más fieles guerreros a combatir junto a las tropas del III Reich.  

Y tú, ¿vas a seguir ahí jugando con el guasap, mi niño?

¿Por qué tiene uno la extraña impresión de que siempre estamos escribiendo el mismo comentario?

Nota: el titulo del artículo hace referencia a una cita textual de un comentario de un tertuliano en Teleeconomía.

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