La lectura de El Capital de Karl Marx

La generalización del paro, la precariedad extrema, las elecciones controladas -ya sea por las entidades financieras que condonan créditos, ya sea por las grandes empresas que entregan donaciones a los partidos llamados mayoritarios- la destrucción continuada del medio natural y un alto número de injusticias diarias, ponen al descubierto que hay algo que funciona muy mal (o que no funciona) en el actual sistema capitalista.

Precisamente, para entender las deficiencias, maldades, injusticias y contradicciones de este sistema, Karl Marx, publicó en 1867, una gran obra que aún no ha sido superada y que él decidió titular: El Capital.

Hay una lamentable tradición de los mass media – intencionada o no – de presentar esta obra como una losa, cuando en realidad no lo es. Otros se empeñan en insistir en que es anticuada. Sin embargo, El Capital es un libro con una alta calidad literaria, lleno de ingenio y sátira y que cada vez tiene más actualidad. Pero esto no nos puede hacer olvidar que se trata de una obra científica con la que Marx desentraña las dinámicas centrales del sistema capitalista y muestra cómo la clase obrera, por un lado sufre la explotación, y por la otra, tiene la posibilidad de acabar con ella.

Una obra de esta envergadura, necesariamente debe tener algunas páginas de difícil comprensión, lo que sin duda puede desanimar al lector. No en vano Marx le dedicó prácticamente la mitad de su vida, y aún así no pudo concluir todo el material que en un principio se proponía abordar.

Esto es, ciertamente, una desventaja por culpa de la cual muchos de los lectores potenciales han abandonado la obra antes de terminarla y otros ni siquiera se han atrevido a iniciarla. Mi opinión es que el alejamiento, tanto del mundo académico como de los activistas sociales e incluso (o sobre todo) de los dirigentes de los partidos de izquierdas y de los grandes (y pequeños) sindicatos, se encuentra detrás de una parte de los déficits que sufrimos al encaminar la lucha de las clases trabajadoras en nuestro país. Ha sido, además, una de las condiciones necesarias para que el virus neoliberal lo infectara casi todo.

Últimamente, por suerte, han prosperado varios impulsos que pueden ayudar a superar este déficit endémico, algunos un poco alejados, otros más cercanos a nosotros.

Por lo que yo conozco, uno de los intento más notorios de incentivar la lectura de El Capital, provino de Harry Cleaver, un intelectual norteamericano que últimamente coopera con el movimiento zapatista. Este autor tiene un excelente libro (Reading capital politicall) del que también existe traducción al castellano , pero que desgraciadamente ahora está descatalogada.

El geógrafo marxista y activista David Harvey, por su parte, hace casi cuatro décadas que organiza círculos de lectura de El Capital y tiene colgada una interesantísima colección de videos de sus clases. David Harvey ha escrito un muy buena guía para facilitar la lectura de El Capital, que próximamente publicará en Español y estoy convencido de que tendrá un notable éxito.

En Argentina, un teórico marxista de mucha valía: Nestor Kohan, organiza su particular forma de lectura de El Capital. Lo ha hecho desde la "Cátedra Che Guevara" y desde "la Universidad de las Madres de la Plaza Mayo".

En cuanto a Cataluña, el seminario de Economía Crítica Taifa, ha impulsado algunos grupos de lectura y debate. Me consta que su labor ha sido fructífera y que el mes de septiembre una parte de los lectores ya emprenderán (emprenderemos) la lectura del libro tercero.

Y en Tarragona, en lo que va de año, también se reúne un grupo de lectura, que tengo la suerte de coordinar personalmente, y que de momento ya ha conseguido agrupar activistas de diferentes movimientos y organizaciones políticas.

Todas estas propuestas, y otras que podríamos añadir,  pueden sentar las bases para que la actual generación de nuevos luchadores que se está forjando en torno a los diferentes combates y que cada vez se reivindica con más insistencia el anticapitalismo, disponga de una sólida base de conocimientos. Si es así, tendrán la posibilidad de asumir la lucha en mejores condiciones que las de las generaciones que les precedieron, lo que no significa, de ninguna manera, que tengan que despreciar estas generaciones, sino que hay que aprender tanto de sus aciertos, que los hubo, como de sus errores, que los hubo también.

En cuanto a los que ya estamos un poco (o bastante) "maduritos", la lectura de El Capital, nos puede ser igualmente de gran utilidad si en realidad queremos contribuir, hasta el final de nuestros días, a terminar, lo antes posible, con la explotación capitalista de la que hemos sido y seguimos siendo víctimas.

* apuigsole.blogspot.com

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