La “modélica transición” acabó en desastre

La “modélica transición” acabó en desastre

España, humillada y arruinada

Pues sí, amigos, la realidad, la dramática realidad terminó imponiéndose a los cantos de sirena del “España puede” y “España es un gran país que saldrá adelante solo” de la derecha recortadora y autoritaria de Mariano Rajoy y sus mariachis y una pesada losa financiera, una descomunal euroespada de Damocles de ¡ojo al dato currito español mileurista que no sabes de cuentas! 100.000.000.000 de euros (16.600.000.000.000 de las antiguas pesetas… sí, sí, no sobran ceros, dieciséis billones seiscientos mil millones de pesetas en números redondos), se ha geoestacionado, con gran estruendo mundial y un estúpido y bien simulado jolgorio patrio por parte del Ejecutivo español, sobre las castigadas cabezas de millones de ciudadanos españoles y las de sus hijos, nietos y bisnietos.

España, ya no cabe la menor duda y dejémonos de especulaciones, eufemismos y voluntarismos, se hunde en el pantano financiero de la especulación y el neoliberalismo europeo y mundial con la humillación, el desprestigio, la pobreza, la miseria, el derroche, la corrupción y la depresión social y política como apocalípticos compañeros de viaje. La mal llamada desde hace años “modélica transición” del franquismo a la democracia o, si ustedes lo prefieren, el Régimen que alumbró la “providencial” Constitución del 78 o el Estado post franquista y pseudodemocrático a cuyo frente se situó (sin pasar por las urnas, obviamente) el heredero del dictador, no ha podido resistir con el paso de los años tanto latrocinio, tanta mentira, tanta desvergüenza, tanta corrupción, tanta ineptitud… y ha acabado (lo poco que le queda de vida discurrirá desgraciadamente sobre la sangre, el sudor y las lágrimas de los españoles) como el rosario de la aurora: humillado hasta el insulto por sus propios socios continentales y atlantistas; arruinado hasta la pobreza extrema de millones de sus ciudadanos; entrampado hasta los ojos y por los siglos de los siglos; envilecido por la ambición, el derroche, la falta de ética y de moral de miles y miles de sus dirigentes políticos y económicos que no han dudado en trepar hasta el pináculo glorioso de la revista Forbes sobre la pobreza sobrevenida de aquellos a quienes debieron representar y dirigir; desprestigiado ante una Europa y un mundo globalizado que no pueden comprender como un país como España, de arquitectura media, de riqueza limitada y potencialidad económica harto moderada, ha podido caer de tal manera (creyéndose sin duda y durante décadas el “rey del mambo” europeo y mundial, el rey Midas de Occidente y el mago de la lámpara de la eurotorre de Babel que en la actualidad dirige la canciller Merkel) en el pozo sin fondo de un desatino económico, político, social y financiero que en menos de treinta años de “feliz transición democrática” le ha llevado a la ruina más absoluta y a la depresión colectiva más preocupante. Convirtiéndose de facto, junto a otros desgraciados países de su entorno comunitario, en un Estado vasallo de sus propios compañeros de aventura continental y poniendo en peligro real su propio futuro como nación soberana e independiente.

Este monumental fiasco colectivo no deja de ser triste, angustioso, deprimente… pero se veía venir desde hace mucho tiempo pues la ciudadanía española, que llegó a creerse su propio e interesado mito de una transición modélica y exportable a todo el mundo que en realidad solo fue un bien planificado trágala político puesto en marcha a la muerte del dictador para que todo siguiera igual (los mismos políticos, los mismos militares, los mismos policías, los mismos banqueros, los mismos jueces, los mismos poderes fácticos en una palabra), no ha sido capaz en todos estos años de dejarse de zarandajas y componendas interesadas de los dos partidos mayoritarios que han detentado al alimón el poder y acometer de verdad los profundos cambios que este país necesitaba de cara a olvidar su pasado franquista y situarse a la cabeza de los países verdaderamente democráticos y de derecho europeos. Asumiendo, por el contrario, de manera totalmente acrítica y pasiva, la idea visionaria de unos cuantos líderes de la elite económica y política europea de ir a una utópica unión en la que sin duda (aunque nunca se dijera explícitamente) iban a mandar los de siempre (prácticamente uno) y obedecer el resto. Un proyecto (ahora se ve con absoluta certeza) abocado al fracaso más absoluto.

Pues visto lo visto, desconsolados y desgraciados compatriotas ¿Cómo no va a haber, incluso en este país de pasotas y tragasables, euroescépticos, eurodetractores, eurodesengañados y eurodivorciados de esta Europa Unida (y de su derivada monetaria la Eurozona) en la que nos metieron de hoz y coz una serie de políticos ineptos, pacatos, papanatas, chupópteros y ambiciosos que, cegados por los intereses particulares y de partido, no supieron ver que a día de hoy y todavía por bastantes años, semejante engendro unionista continental, con el que no pudieron a lo largo de la historia individuos de cierto renombre internacional como Carlomagno, Napoleón o Hitler sin contar con el montón de emperadores y líderes romanos que convirtieron al Mediterráneo en su mare nostrum pero que serían finalmente masacrados (como nosotros ahora) por los alemanes/bárbaros de le época, no puede ser otra cosa que eso, un intento bienintencionado condenado al fracaso, una utopía política, económica y social que es muy difícil pueda llegar a ser una auténtica y completa realidad histórica incluso en el largo plazo necesitando, sin duda, algunos siglos para que el maremagno europeo actual, de cerca de treinta países de distinto poder económico, demográfico, financiero, industrial, militar… y con idiosincrasias, historias y sociedades totalmente diferentes y hasta beligerantes en el pasado, pueda transformarse en una verdadera unión continental con visos de permanencia en el tiempo y en el espacio.

Por lo que respecta a nuestro arruinado y vilipendiado europaís (España) todo lo que nos está sucediendo de un tiempo a esta parte (después de unos pocos años de regocijarnos con las dádivas millonarias que para comprar sus productos nos otorgaban las naciones directoras del utópico evento y entramparnos hasta el cuello) demuestra hasta la saciedad que, además de pasotas, corruptos y futboleros, somos unos insensatos, unos vividores por cuenta ajena, unos pedigüeños, unos descerebrados y unos masocas sin dignidad alguna. Porque hay que joderse como nos dejamos humillar, un día sí y otro también, por nuestros nuevos amos germanos y sus adláteres del norte capitaneados a día de hoy por la inefable señora (o señorita) Merkel.

Por cierto, a esta señora (o señorita) sin duda muy respetable, de físico desmayado, look manifiestamente mejorable, carisma oculto, parlamento indescriptible, espíritu autoritario, inteligencia secreta y nacionalismo militante: ¿Quién le ha dado el único velón del entierro al que estamos asistiendo los llamados países de la eurozona? ¿Quién la ha adornado con la “euroautoritas” con la que se desempeña? ¿Quién la ha nombrado capitana general de los euroejércitos continentales? ¿Quién la ha ungido con el supremo y acojonante título de fürher del IV Reich económico europeo con capital en Bruselas? ¿Y por qué se pasa por el Arco del Triunfo (o de la Derrota) todas las euroinstituciones que durante los últimos años nos hemos dado (bueno, o nos han dado como inacabables platos de lentejas) los veintisiete ilusos países de la UE y, dentro de ellos, los diecisiete tontorrones que creíamos haber entrado en el cielo cuando nos cambiaron las pesetas, los francos, las liras, los dracmas … por los marcos alemanes disfrazados de euros, entre las que se encuentran la Comisión Europea, el Consejo Europeo, el Parlamento Europeo, la Presidencia Rotatoria de la idem, la Presidencia no Rotatoria (o sea, Permanente), el Eurogrupo, la Eurozona, el Banco Central Europeo (BCE), el Banco Europeo de Inversiones, el Fondo Europeo de Estabilidad, el nonato Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE)…?

Bueno, amigos y compatriotas españoles unidos por el rescate (ACEUR) dejemos a nuestra inefable “dama de hierro” germana (¿qué tendrán los alemanes que casi siempre a sus dirigentes, democráticos o no, acaban por llamarles “de hierro”?) y reflexionemos con urgencia sobre nuestras desgracias, que pintan bastos en este país. Yo creo sinceramente, por eso lo digo, que o nos escapamos cuanto antes de este contubernio europeo de banqueros sin escrúpulos, políticos ineptos, imperialistas vergonzantes y neoliberales de toda laya, o nos hundimos sin remedio en el pantano financiero en el que nos encontramos por la estúpida asunción de una moneda foránea (concretamente alemana) en detrimento de la nuestra (la peseta) con la que, con toda modestia, vivíamos mejor. España lleva siglos y siglos funcionando sin el euro, con el que llevamos apenas una década, y ha sufrido fuertes crisis de todo tipo, incluidas guerras y catástrofes naturales de las que siempre ha sabido salir airosa con el esfuerzo y el trabajo de todos sus ciudadanos. Nunca ha afrontado una situación de penuria y humillación como la presente, debiendo acudir prácticamente todas las semanas a la plaza pública a pedir dinero a los “mercados” a intereses especulativos cuando no de de pura y dura usura. Claro está que siempre dispuso (ha sido propio de estúpidos y descerebrados el abandonarlo) de su banco emisor de moneda y de unos economistas que, lejos de intereses espurios partidarios, sabían hacer su trabajo con absoluta lealtad a la comunidad a la que pertenecían y sin ningún animo de lucro personal. La nación, hay que decirlo, en la segunda mitad del siglo pasado pasó por años de pobreza extrema y horizontes negros y lejanos. Pero sus políticos, incluidos algunos de naturaleza no democrática, supieron abstenerse de robar (cuando era muy fácil hacerlo) y trabajar, con las excepciones de siempre, por el bien común.

Al final, a punto de terminarse el siglo XX, metimos la pata. Los advenedizos de la política que dirigían nuestros destinos no supieron resistirse a los cantos de sirena que venían del norte y que buscaban, ahora lo vemos con más nitidez, convertirnos a los españoles en ciudadanos europeos de segunda fila, en consumidores de primera y en trabajadores a tiempo completo en hoteles y chiringuitos de playa.

Salgamos de esta trampa, engañados hinchas de la eurocopa (que encima vamos a perder), de esta eurotorre de Babel en la que en la actualidad militamos como pobres de solemnidad, vagos sureños y pedigüeños de cientos de miles de millones de euros/marcos. No es cierto, como pregona nuestro atontolinado jefe del Gobierno y “presionador europeo”, señor Rajoy, al que, con absoluta estupidez institucional, ha felicitado nuestro “cadera de oro” de los cazadores reales de elefantes, señor Borbón (¡tiene tela la cosa, darle la enhorabuena por conseguir, poniendo el culo en la eurozona, un eurocrédito para poder sobrevivir unas semanas más!) que España, tal como estamos, pueda remontar esta tragedia colectiva patria siguiendo en el euro. Si seguimos en esta casa de locos, seguro que nos tocará ser uno de los mayores perdedores pues ya se sabe que cuando un barco se hunde los botes salvavidas nunca son suficientes para alojar en su seno a los pobres de tercera clase.

¡Por favor que alguien con cabeza llame con toda urgencia al director de la antigua Fábrica Nacional de Moneda y Timbre para que se ponga a trabajar cuanto antes y haga renacer nuestra pobre pero digna peseta! ¡Solo él puede salvarnos!

* Amadeo Martínez Inglés, Coronel, escritor, historiador.

 

 

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