Arturo del Villar*. LQS. Noviembre 2018

La deuda pública española en agosto pasado ascendía a 1.162.483 millones de euros, el 97,92 por ciento del producto interior bruto, una cifra astronómica que nunca acabarán de pagar las próximas generaciones

Como sea cierto que a los mentirosos les crece la nariz su majestad el rey católico nuestro señor, que Dios guarde, no va a poder regresar en avión de Perú, en donde se halla estos dias, porque la real napia no cabrá en todo el aparato. La verdad histórica demuestra que los borbones gozan de unos apéndices nasales muy considerables, tanto que al inmundo Fernando VII sus resignadas víctimas le apodaban Narizotas.

El presidente de la República de Perú elegido por los ciudadanos para desempeñar ese cargo, Martín Alberto Vizcarra, ofreció un almuerzo oficial a los reyes católicos de España, que es lo protocolario. Y al rey no elegido más que por su padre para ocupar el trono vitalicio y hereditario de España se le ocurrió decir esta inmensa mentira, por si su anfitrión no está enterado de lo que pasa en el reino, cosa probable, porque tiene sus propios problemas internos que resolver:

Conmemoramos este año el 40 aniversario de nuestra Constitución. Una Constitución que ha permitido a nuestro país [el suyo, el que es propiedad de los borbones] vivir la etapa de mayor prosperidad de su historia.

Como él no ve la calle, porque lo llevan en automóviles de alta gama con los cristales tintados a toda velocidad entre motoristas protectores, no conoce la realidad del reino. Seguramente tampoco le interesa conocerla. El escriba de ese discurso debe de ser el mismo que redactaba los leídos por el dictadorísimo, porque dice aquellos mismos infundios con los que entonces se disfrazaba verbalmente el horror cotidiano, asegurando que la pobre España era una, grande y libre, nada menos.

Las estadísticas cantan

Según datos estadísticos oficiales proporcionados por el Ministerio de Hacienda, la deuda pública española en agosto pasado ascendía a 1.162.483 millones de euros, el 97,92 por ciento del producto interior bruto, una cifra astronómica que nunca acabarán de pagar las próximas generaciones. Al españolito que viene ahora al mundo no es que una de las dos españas le helará el corazón, como anunció acertadamente Machado, sino que en lugar de traer, como se decía hace siglos, un pan bajo el brazo, trae una deuda heredada. Eso quiere decir que el reino se halla en quiebra, y sin que se adivine ningún posible remedio.

Por su parte, el Ministerio de Trabajo informa a todos los españoles, excepto al rey católico, sobre el paro registrado en el mes de setiembre pasado. El desempleo masculino ascendía a 1.313.151 varones, y el femenino a 1.989.3598 féminas, lo que arroja un total de 3.202.509 vasallos de su majestad en paro forzoso. Son los registrados en las oficinas del paro, a los que hay que sumar las personas que no están inscritas, por saber que es inútil pretender encontrar trabajo en este reino.

Si su majestad el rey católico anduviera por las calles de su reino vería en cualquier ciudad a gentes pidiendo limosna en las esquinas durante el día, y por la noche durmiendo en bancos públicos al sereno. Contemplaría las colas diarias ante los conventos que ofrecen comida a los pobres, y una vez al mes las que se forman antes las oficinas de empleo. Debido a ello se ha incrementado la delincuencia en los últimos años en un 35 por ciento, porque los padres roban para dar pan a sus hijos.

Si viera la televisión, aunque ahora su mujer ha ascendido en la escala social y ya no presenta telediarios, sabría que casi todos los días se organizan en su reino manifestaciones de personas que reclaman trabajo para todos, pensiones dignas para los jubilados, y salarios justos para los ocupados, petición en la que destacan los policías entregados a proteger su real persona y la de toda la familia irreal, y a apalearnos a los vasallos que protestamos por la situación catastrófica del reino.

Alguien dirá que nada de eso es culpa de Felipe, puesto que su papel constitucional no le permite injerirse en cuestiones de gobierno De acuerdo, pero ya que carece de función pública, debiera abdicar para ahorrarnos los 7.887.150 euros que tiene asignados la Casa de Su Majestad en 2018, de los que 679.918 corresponden a la familia irreal. Puesto que no tiene nada que hacer, fuera de letiziar, que nos permita economizar esa millonada, a la que deben añadirse los gastos en desplazamientos, escoltas y otros varios. Y nada de ello le exime de la obligación de enterarse de la realidad social en su reino, mientras siga reinando, para no intentar engañar a mandatarios extranjeros con unos cuentos fantásticos que a los vasallos nos indignan. Y que a él acabarán por hacerle crecer la real napia, porque una trola tan descomunal como la que le ha contado al presidente elegido de la República de Perú merece un castigo ejemplar.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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