La oportunidad perdida de la justicia marroquí

Cristina Martínez Benítez de Lugo*. LQS. Noviembre 2020

La justicia marroquí tenía una oportunidad de demostrar su imparcialidad. La ha perdido. El Tribunal de Casación marroquí ha confirmado las penas impuestas contra el grupo de Gdeim Izik

El campamento de Gdeim Izik, levantado a 15 kilómetros de El Aaiún, fue un movimiento reivindicativo surgido espontáneamente en los territorios ocupados del Sahara Occidental contra el ocupante. Congregó durante un mes a decenas de miles de saharauis y fue violentamente desmantelado por las fuerzas de ocupación. Hubo detenciones y torturas de muchos saharauis, y al final implicaron a 25. De ellos, uno, Hassana Aalía, ahora asilado en España, escapó. Mohamed El Ayoubi murió en libertad condicional víctima de torturas y negligencia médica. Otros cuatro reos Dich Dafi, Larabi El Bakay, Takki Machdoufi y Abderraman Zeyou ya cumplieron sus condenas. Quedan 19 prisioneros en la cárcel con 8 perpetuas, más 30, 25 y 20 años. Están repartidos por varias cárceles marroquíes, lejos de su tierra, el Sahara Occidental, ignorando Marruecos, una vez más, la justicia internacional.

Estas son sus penas:
• Cadena perpetua: Mohamed Bani, Abdellahi Abhah, Boutangiza Mohamed El Bachir, Brahim Ismaili, Abdalahi Lakhfaouni, Sidi Ahmed Lamjayed, Abdeljalil Laaroussi, Ahmed Sbai.
• 30 años: Naama Asfari, Banga Cheikh, Mohamed Bourial.
• 25 años: Mohamed Khouna Bobit, Hassan Dah, Houssein Zaoui, Hadi Mohamed Lamin, Embarek Lakfir Mohamed.
• 20 años: El Bachir Khada, Mohamed Tahlil, Abdellah Toubali.

El 17 de febrero de 2013 se pronunció un primer tribunal, el Tribunal Militar.
El 27 de julio de 2016 el Tribunal de Casación anuló esta sentencia, remitiendo a un nuevo juicio, esta vez en un tribunal civil.

En aquel momento, el Tribunal de Casación declaró que no se habían demostrado los actos criminales perpetrados, que no había nexo de causalidad entre los actos materiales imputados al demandante y la muerte de agentes de las fuerzas públicas. Que la sentencia no había dado los nombres de las víctimas. Que no se había procedido a ninguna autopsia que sigue siendo el único medio científico susceptible de diagnosticar las causas del fallecimiento. Que por ello la sentencia atacada quedaba sin fundamento y por tanto era nula. Y remitía a nuevo juicio, que se celebró en 2017.

Continuas irregularidades

Ahora, el tribunal de casación no ha debido de ver ninguna irregularidad en el juicio cuya sentencia se pronunció el 18 de julio de 2017. Sin embargo estaba plagado de ellas. Se mantienen las que citó hace cuatro años, pero ahora ya no son tenidas en cuenta. ¿De dónde salen esos muertos marroquíes? Que ni siquiera se pusieron de acuerdo en si eran 9, 10 u 11. Sin embargo, el niño de 14 años Najib el Ghari, asesinado a bocajarro por la policía marroquí delante del campamento de Gdeim Izik fue una realidad. Como el ciudadano español Baby Handay Buyema, asesinado en El Aaiún el día del desmantelamiento por las fuerzas de ocupación. Brahim Daoudi se asfixió con el gas lacrimógeno que lanzaron los ocupantes.

Tampoco ha debido de comprobar el Tribunal de Casación que en ningún momento de los seis meses que duraron las sesiones del juicio, el tribunal consintiera en aclarar si estábamos ante una primera instancia o una apelación, lo cual tenía muchas repercusiones, evidentemente. Por ello admitió indebidamente la participación de la llamada “parte civil” marroquí en el juicio. Y por ello se admitieron pruebas y testigos nuevos propuestos por el fiscal. La renuncia de los reos a contestar a la parte civil les valió que el juez impidiera a la defensa las preguntas sin contestación ya formuladas por la parte civil.

Los nuevos testigos del fiscal, torturadores incluidos, hacían el ridículo con sus contradicciones, ayudados por el tribunal que tuvo que echarles algún capote.

Michèle Decaster, comisionada como observadora de dos organizaciones internacionales de derechos humanos, realizó una descodificación de un vídeo, prueba estelar del fiscal. (https://www.youtube.com/watch?v=9x-nEXtjS1Y). 68 planos cortados, manipulados y comentados de los que no se podía sacar ninguna conclusión.

El derecho internacional dice que el lugar del juicio debía haber sido el Sahara Occidental ocupado por juzgarse hechos supuestamente producidos allí, nunca Marruecos. Este aspecto fue difícil de alegar por el riesgo que comportaba para los abogados. La llamada “integridad territorial” de Marruecos es un tabú insalvable y nadie puede ni mencionar que el Sahara Occidental y Marruecos son territorios distintos. Fue Olfa Ouled, abogada francesa, quien tuvo que pronunciar semejante alegación.

Y hablando de derecho internacional, cuando los abogados quisieron alegar el dictamen del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas en el que se acusa a Marruecos de haber torturado a Naama Asfari, el juez estalló en un nacionalismo digno de mejor causa diciendo que a ellos el derecho internacional no les sujetaba. Aunque hayan firmado tratados, no importa.

Los exámenes forenses, que no se atienen al Protocolo de Estambul, se practicaron seis años y medio después de producirse las torturas. Y no pudieron llegar a ninguna conclusión. Que se lo digan a Laroussi, que está con una bolsa intestinal a causa de las violaciones que sufrió.

El Presidente actuó como parte con sus preguntas inquisitivas, permitiendo que fiscal y parte civil acallasen con gritos y abucheos a los abogados de la defensa. Sólo caben aquí pinceladas de lo que fue aquel juicio estrambótico, inaceptable para el sentido común, ya no digamos para la justicia. Varios informes reflejan lo que pasó. Pero todo esto no lo ha visto el Tribunal de Casación.

En 2016 el Tribunal de Casación salvó la dignidad de la justicia marroquí, pero esta vez no ha estado a la altura. Quizá hayan pesado demasiado las presiones y el estado de guerra con el Polisario. El tiempo dirá como ha resuelto las múltiples alegaciones entregadas por los abogados de la defensa el 5 de noviembre y que fueron todas aceptadas.

Gdeim Izik es un emblema para los saharauis. Durante un mes, los saharauis vivieron en libertad por primera vez en su vida. Eran dueños de su democracia, se reunían, se sabían seguros sin colonos, sin la vigilancia permanente de la policía ni las detenciones, palizas, torturas, a pesar de estar rodeados por un ejército. Todo era alegría en la normalidad de los quehaceres. Era maravillosa la sensación de participar en una aglomeración, ya fuera para acudir a un festival o para plantear en asambleas multitudinarias las negociaciones de los delegados saharauis con Marruecos. Aquellas vivencias confirieron a los saharauis una plenitud irrenunciable. A pesar de la derrota, los saharauis llevan a Gdeim Izik en su alma, con el sabor de la recién descubierta libertad.

#SaharaLibre #FreedomSahara

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Sáhara – loqueSOMOS

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